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	<title>Marana - Thá</title>
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	<description>Ven Señor Jesús</description>
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		<title>Mañana inicia la Semana de Oración por la unidad de los cristianos</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 14:43:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vaticano]]></category>

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		<description><![CDATA[CIUDAD DEL VATICANO, 17 ENE 2012 (VIS).-Mañana, día 18, comenzará la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, bajo el lema &#8220;Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo&#8221;. La Semana está promovida por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), una comunidad mundial de 349 iglesias que buscan la unidad y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>CIUDAD DEL VATICANO, 17 ENE 2012 (VIS).-Mañana, día 18, comenzará la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, bajo el lema &#8220;Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo&#8221;. La Semana está promovida por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), una comunidad mundial de 349 iglesias que buscan la unidad y el testimonio común. Aunque la Iglesia Católica no es miembro del CMI, participa en esta iniciativa ecuménica.</p>
<p>Celebrada tradicionalmente del 18 al 25 de enero (en el hemisferio norte) o en torno a Pentecostés (en el hemisferio sur), la Semana de oración moviliza a innumerables congregaciones y parroquias de todo el mundo. Los cristianos de diferentes familias confesionales se reúnen y oran juntos en celebraciones ecuménicas especiales.</p>
<p>Cada año, se pide a los asociados de una región concreta que preparen un texto sobre un tema bíblico. Después, un grupo internacional de participantes -protestantes, ortodoxos y católicos romanos-, patrocinados por el Consejo Mundial de Iglesias, edita este texto, que es publicado conjuntamente por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el Consejo Mundial de Iglesias, a través de su Comisión de Fe y Constitución. El material final es enviado a las iglesias miembros y las diócesis católicas romanas, a quienes se invita a traducir el texto y contextualizarlo para su propio uso.</p>
<p>El tema de este año, &#8220;Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo&#8221;, se basa en la primera epístola del apóstol Pablo a los corintios, en la que se promete la transformación de la vida humana, con toda su dimensión aparente de &#8220;triunfo&#8221; y &#8220;derrota&#8221;, a través de la victoria de la resurrección de Cristo.</p>
<p>Cabe recordar que, después del Ángelus de este domingo, el Papa Benedicto XVI invitó a todos los fieles a participar en la Semana de oración, &#8220;tanto en ámbito personal como comunitario&#8221;, y a unirse &#8220;espiritualmente y, cuando sea posible, también prácticamente, para invocar de Dios el don de la unidad plena entre los discípulos de Cristo&#8221;.</p>
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		<title>Domingo  de la Semana  3ª del Tiempo Ordinario.  Ciclo B</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 14:04:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres» Lectura del libro del profeta Jonás 3,1-5.10 «Por segunda vez fue dirigida la palabra de Yahveh a Jonás en estos términos: “Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad y proclama el mensaje que yo te diga”. Jonás se levantó y fue a Nínive conforme [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em>«</em><em>Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres</em><em>»</em></p>
<p><strong>Lectura del libro del profeta Jonás 3,1-5.10</strong></p>
<p>«Por segunda vez fue dirigida la palabra de Yahveh a Jonás en estos términos: “Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad y proclama el mensaje que yo te diga”. Jonás se levantó y fue a Nínive conforme a la palabra de Yahveh. Nínive era una ciudad grandísima, de un recorrido  de tres días. Jonás comenzó a adentrarse en la ciudad, e hizo un día de camino proclamando: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida”. Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal desde el mayor al menor. Vio Dios lo que hacían, cómo se convirtieron de su mala conducta, y se arrepintió Dios del mal que había determinado hacerles, y no lo hizo.</p>
<p><strong>Lectura de la primera carta de San Pablo a los Corintios 7,29-31</strong></p>
<p>«Os digo, pues, hermanos: El tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 1,14-20</strong></p>
<p>«Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva”. Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran  pescadores. Jesús les dijo: “Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres”. Al instante, dejando las redes, le siguieron.  Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca  arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él».</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal</strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>La oportunidad de reconciliación y salvación que Dios ofrece al hombre, como se la ofreció a los habitantes de la ciudad de Nínive por la predicación del profeta Jonás (Primera Lectura), así como la eminente llegada del Reino de Dios (Evangelio) y la fugacidad del tiempo presente (Segunda Lectura) urge nuestra conversión a Dios: aceptando con fe la Buena Nueva proclamada por Jesús y cambiando todo aquello que nos aleja del camino de Dios.</p>
<p><strong>«Los ninivitas creyeron en Dios»</strong></p>
<p>Jonás, considerado el quinto de los profetas menores, es un hombre que se empeña por huir y no hacer lo que Dios quiere para él. Su relato constituye una excelsa narración en prosa y es considerado uno de los mejores exponentes de las clásicas narraciones hebreas. Jonás va a traer un mensaje de misericordia para el pueblo ninivita que es símbolo de una crueldad despiadada contra Israel. Nínive era la capital del imperio Asirio principalmente durante el reinado del rey Senaquerib y fue creciendo en importancia  a partir del año 1250 a.C. Y es en este contexto donde se lleva a cabo la difícil misión que Dios le ha encomendado a Jonás justamente en medio de un pueblo gentil y hostil. Este es el mensaje principal de todo el libro y hacia este mensaje se tensa todo el movimiento narrativo y dramático del mismo.</p>
<p>El pasaje de Jonás en el vientre de la ballena por tres días será utilizado reiteradamente por los evangelistas como prefiguración de la muerte y resurrección de Jesús. También será una figura muy utilizada en el arte de las catacumbas ya que los primeros cristianos veían en ella un símbolo de la resurrección y la salvación. Dios salvó al profeta del peligro mortal, para salvar por él a un pueblo gentil. Dios salvó a Cristo, no apartando el cáliz de la pasión, sino resucitándole de la muerte, para reconciliar y salvar con su muerte y resurrección a todos los pueblos de la tierra.</p>
<p><strong>Los primeros apóstoles </strong></p>
<p>Hemos visto el Domingo pasado que, según el Evangelio de San Juan, los primeros apóstoles llamados por Jesús eran discípulos de Juan Bautista y fueron llamados con estas palabras: <em>«Venid y veréis»</em>. Ellos eran Andrés y otro discípulo no identificado (que sabemos que era el apóstol Juan). Pedro fue llamado, en segundo lugar, por medio de su her­mano Andrés. ¿Cómo se explica, entonces, que en este Evangelio el primero en ser llamado sea Pedro? El Evangelio dice: <em>«Bor­deando el mar de Galilea, Jesús vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón».</em></p>
<p>En seguida los llama a ser «pescadores de hombres». Todo se explica si nos fijamos en la introducción del episodio de la vocación de los primeros apóstoles tal como es narrada por San Marcos, es decir, del punto de vista de Pedro: <em>«Des­pués que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea»</em>. Los tiempos entonces son distintos, el lugar es distinto, el punto de vista es distinto. En el encuentro de los primeros apóstoles con Jesús que pasaba, Juan el Bautista está vivo y presente, ocurre en Judea y el punto de vista es el del apóstol Juan. En la narración de San Mar­cos, en cambio, Juan el Bautista ha sido ya entre­gado, la vocación de los prime­ros apóstoles ocurre en Gali­lea y el punto de vista es el de Pedro.</p>
<p>Juan Bautista había preparado el camino del Señor formando un círculo de discípulos entre los cuales se contaban los primeros cuatro apóstoles: Pedro, Andrés, Santiago y Juan. Sabemos, por el mismo Evangelio de san Marcos, que la predicación del Bautista le significó problemas con Hero­des, que lo hizo encarcelar e, instigado por su convivien­te Herodías, lo hizo deca­pitar. El Evangelio justamente se inicia mencionando el hecho: <em>«Después que Juan fue entrega­do, marchó Jesús a Galilea».</em> Es probable que después que Juan fue entregado sus discí­pulos volvieran cada uno a su lugar de origen y a sus ocupa­ciones; los que eran pescadores en Galilea, a pescar en el mar de Gali­lea. ¿Qué nos extraña, si, cuando fue entre­ga­do Jesús mismo, procedieron igual?</p>
<p>Y allí, bordeando el mar de Galilea, Jesús, que ya los había conocido en Judea en torno a Juan, los llama, esta vez para seguirlo en serio y ser hechos «pes­cadores de hombres». Esta vez dejaron las redes y las barcas en la arena, dejaron al padre y los jornale­ros, lo abandonaron todo para seguir a Jesús. Y los primeros dos, Pedro y Andrés, lo siguieron hasta morir una muerte seme­jante a la suya: ambos murieron crucificados, como Jesús. Podemos concluir que los primeros discípulos habían conocido a Jesús en Judea, se habían quedado con Él todo un día, y la experiencia de ese encuentro ya no los había abandonado más. Por eso bastó que, al pasar Jesús junto al mar de Galilea, los llamara para que ellos al instante lo siguieran.</p>
<p><strong>«El tiempo se ha completado…»</strong></p>
<p>San Marcos resume la predicación inicial de Jesús con estas palabras: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Veamos detalladamente el significado de cada una de estas palabras.</p>
<p><em>«El tiempo se ha completado».</em> La imagen es de un reci­piente que se va llenando hasta que se colma. Así el tiempo llegó a plenitud. Ese tiempo, que Dios echó a andar desde el momento de la creación y que correrá hasta el fin del mundo, alcanzó su punto culminante cuando el Hijo de Dios se hizo hombre y nació a este mundo. Lo dice también San Pablo en una afirmación semejante: <em>«Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo nacido de mujer&#8230; para que nosotros recibiéramos la filiación divina por adopción» </em>(Ga 4,4).Esto es lo que expresa nuestro cómputo de los años, que fija el año cero, es decir, el centro de la historia, en el naci­miento de Cristo. Todo lo anterior apunta a Él y todo lo sucesivo toma su origen de Él.</p>
<p>En Cristo la cuenta regre­siva del tiempo llegó a cero y se inició la reconciliación, que está operando hoy entre nosotros. Esto es lo que quiere decir Jesús con estas palabras y se verifica lo que Él mismo decía a sus con­temporáneos: <em>«Dicho­sos vuestros ojos, porque ven y vuestros oídos, porque oyen. Pues os aseguro que muchos profe­tas y justos desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron, y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron» </em>(Mt 13,16-17). Esta bienaventuranza nos abraza también a noso­tros que hemos cono­cido a Cristo.</p>
<p><strong>«El Reino de Dios está cerca» </strong></p>
<p>La expresión Reino de Dios aparece en estas primeras palabras de Jesús y después consti­tuirá uno de los temas principales de su predicación. Jesús usó esta expresión para aclarar el misterio de su propia Persona e ir haciendo luz gradualmente sobre su identidad. El Reino de Dios está donde está Jesús con su gracia: allí están la justicia, la paz, el amor, la verdad, la felicidad; en resumen, la salvación. Estos son los valo­res del Reino; ellos operan donde está Jesús. Donde se rechaza a Jesús, reina el pecado y su cortejo de males: la injusti­cia, la mentira, la violencia, el egoísmo y la muer­te. La petición del Padre Nuestro: <em>«Venga a nosotros tu Reino»</em> equivale a esta otra: <em>«Venga a nosotros tu Hijo Jesús».</em> Así oraba a menudo San Pablo: «Ven Señor Jesús». Ya sabemos entonces que si «el Reino de Dios está cerca» es porque allí estaba Jesús. En la Persona de Jesús estaba irrumpiendo la acción salvífica de Dios.</p>
<p><strong>«Convertíos y creed en el Evangelio» </strong></p>
<p>Son dos imperati­vos que significan lo mismo. Convertirse significa cambiar de mente, cambiar las bases de la existencia, cambiar tan radi­calmente, que lo que antes me importaba, ahora lo consi­dero insignificante. Este es el efecto que se produce cuando al­guien «cree en el Evangelio». Ya hemos dicho en otra oca­sión que un «evangelio» es el anuncio gozoso de una noticia tal que cuando alguien la recibe, ya nada puede ser como antes. El Evangelio de Dios es el anuncio de que Dios nos ha amado y ha enviado a su Hijo al mundo para salvarnos del pecado y de la muerte. El que comprende esto y le presta fe, experi­menta un cambio radical en su vida; se convierte. Pasa de la muerte a la vida…</p>
<p>Es una orden de Jesús: <em>«¡Convertíos!».</em> Para expresar lo que esto significa, San Pablo hace un discurso: <em>«Lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la subli­midad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas y las tengo por basura para ganar a Cristo» </em>(Flp 3,7-8). San Marcos no hace un discurso, pero pre­sen­ta actitudes equivalentes cuando Simón y Andrés largan­do las redes en el mar siguen al Maestro Bueno. Y lo mismo hizo Santiago y Juan. Esto es «convertirse». Cuando se presentó Jesús en el horizonte de sus vidas, Él acaparó su interés. La barca, las redes, el padre, los jornaleros, todo lo que antes constituía sus vidas, quedó olvidado, abandonado. De pescadores de peces, pasaron a ser «pescadores de hombres». Esta es otra expresión de Jesús que para ellos tuvo que ser oscura; pero después se les fue aclarando.</p>
<p>Sin embargo la promesa de Jesús se cumplió plenamente como nos lo muestra el libro de los Hechos de los Apóstoles. En efecto, la primera predi­cación de Pedro, después de Pentecostés, tuvo este resul­tado: <em>«Los que acogieron su palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas tres mil almas» </em>(Hch 2,41). Quedaron atrapados en las redes de Pedro. Pero éstas son redes que respetan plenamente la libertad del hombre, pues después de escuchar las palabras de Pedro, cada uno debía reconocer: <em>«Esto no te lo ha revela­do ni la carne ni la sangre, sino el Padre que está en los cielos&#8230; Tú tienes palabras de vida eterna» </em>(Mt 16,17; Jn 6,68). Estas palabras de vida eterna son las que cada uno de nosotros escucha cada Domingo en la Santa Misa.</p>
<p><strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«Escuchemos lo que dice Jesús a los predicadores que envía a sus campos: la mies es mucha y los obreros pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que envíe trabajadores a la mies. </em></p>
<p><em>Por tanto, para una mies abundante son pocos los trabajadores; al escuchar esto, no podemos dejar de sentir gran tristeza, porque hay que reconocer que, si bien hay personas que desean escuchar cosas buenas, faltan, en cambio, quienes se dediquen a anunciarlas».      </em></p>
<p><em> San Gregorio Magno. Homilía 17 sobre los Evangelios. </em></p>
<p><strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana</strong></p>
<p><em>1. Leamos con atención lo que nos dice Juan Casiano: «Muchos son los caminos que conducen a Dios. Por eso, cada cual debe de seguir con decisión irrevocable el modo de vida que primero abrazó, manteniéndose fiel en su dirección primera. Cualquiera que sea la vocación escogida, podrá llegar a ser perfecto en ella». Pidamos fuerzas al Señor para ser fieles a nuestro llamado para llegar a Dios.   </em></p>
<p><em>2. «El tiempo es corto» nos dice San Pablo en su carta a los Corintios. ¿Vivo la urgencia de mi conversión diaria? ¿Qué cosas debo de cambiar en mi vida para estar más cerca de Dios? </em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 871- 897. </em></p>
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		<title>FIESTA de la VIRGEN de la PAZ, y BICICLETEADA</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Jan 2012 22:55:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diócesis]]></category>

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		<description><![CDATA[Con motivo de la fiesta patronal de la diócesis, el 24 de enero, en la Plaza Grigera, se celebrará una misa desde las 19 presidida por el obispo Jorge Lugones. En este marco, la Comisión Diocesana del Deporte, que asesora el presbítero Luis “Tato” Hawryszko, convoca a las parroquias a sumarse a la “Primera peregrinación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.marana-tha.net/images/oficinaprensa.jpg" rel="lightbox[4736]"><img class="aligncenter" src="http://www.marana-tha.net/images/oficinaprensa.jpg" alt="" width="300" height="54" /></a></p>
<p>Con motivo de la fiesta patronal de la diócesis, el 24 de enero, en la Plaza Grigera, se celebrará una misa desde las 19 presidida por el obispo Jorge Lugones.</p>
<p>En este marco, la Comisión Diocesana del Deporte, que asesora el presbítero Luis “Tato” Hawryszko, convoca a las parroquias a sumarse a la “Primera peregrinación en bicicletas” en honor a Nuestra Señora de la Paz.</p>
<p>La propuesta es que de las comunidades parroquiales -los que puedan y quieran- salgan en bicicletas, luego se sumen a otras parroquias vecinas y, finalmente, juntas arriben a la plaza ubicada frente a la catedral de Lomas, aproximadamente a las 18:30.</p>
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		<title>Domingo de la Semana 2ª del Tiempo Ordinario. Ciclo B</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jan 2012 15:21:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«He ahí el Cordero de Dios» Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10.19 «Samuel estaba acostado en el Santuario de Yahveh, donde se encontraba el arca de Dios. Llamó Yahveh: «¡Samuel, Samuel!» El respondió: «¡Aquí estoy!», y corrió donde Elí diciendo: «¡Aquí estoy, porque me has llamado.» Pero  Elí le contestó: «Yo no te [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em>«He ahí el Cordero de Dios»</em></p>
<p><strong>Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10.19</strong></p>
<p>«Samuel estaba acostado en el Santuario de Yahveh, donde se encontraba el arca de Dios. Llamó Yahveh: «¡Samuel, Samuel!» El respondió: «¡Aquí estoy!», y corrió donde Elí diciendo: «¡Aquí estoy, porque me has llamado.» Pero  Elí le contestó: «Yo no te he llamado; vuélvete a acostar.» El se fue y se acostó. Volvió a llamar Yahveh: «¡Samuel!» Se levantó Samuel y se fue donde Elí diciendo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Elí le respondió: «Yo no te he llamado, hijo mío, vuélvete a acostar.» Aún no conocía Samuel a Yahveh, pues no le había sido revelada la palabra de Yahveh.</p>
<p>Tercera vez llamó Yahveh a Samuel y él se levantó y se fue donde Elí diciendo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Comprendió entonces Elí que era Yahveh quien llamaba al niño, y dijo a Samuel: «Vete y acuéstate, y si te llaman, dirás: Habla, Yahveh, que tu siervo escucha.» Samuel se fue y se acostó en su sitio. Vino Yahveh, se paró y llamó como las veces anteriores «Samuel, Samuel!» Respondió Samuel: «¡Habla, que tu siervo escucha.» Samuel crecía, Yahveh estaba con él y no dejó caer en tierra ninguna de sus palabras».</p>
<p><strong>Lectura de la primera carta de San Pablo a los Corintios 6,13c-15a.17-20</strong></p>
<p>«Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Mas el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él. ¡Huid de la fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra  su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? ¡Habéis sido bien comprados! Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo».</p>
<p><strong>Lectura del santo Evangelio según San Juan 1, 35-42</strong></p>
<p>«Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.» Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí &#8211; que quiere decir, “Maestro” &#8211; ¿dónde vives?» Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» &#8211; que quiere decir, Cristo. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» &#8211; que quiere decir, “Piedra”».</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>Dios nos llama a cada uno por nuestro nombre para una misión muy específica (Primera lectura). Esto es lo que vemos en el sencillo relato de la llamada del profeta Samuel, así como en el Evangelio que, a su vez, refiere la vocación de los primeros discípulos de Jesús. Este llamado hecho por Dios considera a la persona en su totalidad: cuerpo, alma y espíritu (Segunda Lectura). Para ser auténtico discípulo de Cristo (es decir ser bautizado en la Iglesia  Católica) es necesario escuchar; responder con generosidad como lo hizo Samuel: <em>«Habla, Señor, que tu siervo te escucha»</em>; y ser coherentes con nuestra opción de fe ya que ahora «somos del Señor».</p>
<p><strong>Samuel: juez y profeta</strong></p>
<p>Samuel, hijo de Elcaná y Ana, fue el último de los grandes jueces de Israel y uno de los primeros profetas. Al nacer Samuel, había  quedado escuchada la ferviente oración de Ana pidiendo un hijo. Ella, a su vez, cumplió la promesa que había hecho a Dios y llevó a su hijo al santuario de Siló para que el sacerdote Elí se encargara de su formación. En el pasaje de la Primera Lectura, Samuel recibe de Dios un llamado y un mensaje; en el que decía que la familia del sacerdote Elí sería castigada por la maldad de sus hijos (ver 1Sam 3, 11-14).</p>
<p>Al morir Elí, Samuel tuvo que hacer frente a una situación difícil. Israel había sido derrotado por los filisteos y creían que Dios ya no se preocupaba de ellos. Samuel pidió destruir todos los ídolos y mandó obedecer a Dios nuevamente. Samuel gobernó durante toda su vida a Israel y durante su mandato hubo paz en sus fronteras. Ya anciano Samuel nombró Jueces a sus hijos, pero el pueblo, descontento, quería un rey. Al principio Samuel se opuso pero Dios le dio instrucciones para que ungiera a Saúl. Después que Saúl hubo desobedecido a Dios, ungió a David como siguiente rey. Todos en Israel lloraron la muerte de Samuel (1Sam 25,1).</p>
<p><strong>¡Glorificad a Dios con vuestros cuerpos! </strong></p>
<p>Suena un poco extraño en el mundo en que vivimos la exhortación de San Pablo a ser íntegros (cuerpo, alma y espíritu) buscando así agradar al Señor. Más aún el apóstol de las gentes<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a> nos dice que nuestro cuerpo es <em>«templo del Espíritu Santo»</em> resaltando así la dignidad de nuestra corporeidad. He aquí el fundamento de una ética cristiana del cuerpo. Al decir San Pablo «cuerpo» (soma en griego) está refiriéndose a la persona en su totalidad, como vemos en otros pasajes de la misma carta: <em>«¿No sabéis que sois templo de Dios  y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?»(3,16). </em></p>
<p>Dos son las razones fuertes que destaca Pablo para una vida moral íntegra: <em>somos miembros de Cristo</em>: le pertenecemos pues nos adquirió al precio de su sangre y hemos sido incorporados a Él por el bautismo en su nombre; <em>somos templo del Espíritu Santo</em>: Él habita en nosotros porque lo hemos recibido de Dios ya desde el bautismo y, por benevolencia de Dios, podemos llamarlo ¡Abba, Padre! Por lo tanto una conducta inmoral profana el templo de Dios y va contra la altísima dignidad que todo ser humano posee: ser imagen y semejanza del Creador.</p>
<p><strong>«He aquí el cordero de Dios» </strong></p>
<p>El Evangelio de Juan nos ofrece una semana entera de Jesús en los días sucesivos a su bautismo en el Jordán de manos de Juan el Bautista. Es la llamada «semana inaugu­ral». Por eso en este segundo Domingo del tiempo ordinario, en los tres ciclos de lectu­ras, el Evangelio del Domingo está tomado de esta semana inaugural (ver Jn 1,19 a 2,12). El Evangelio de hoy empieza precisamente con la fra­se: <em>«Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos»</em>. Es el día siguiente al del bau­tismo del Señor. En esa ocasión Juan había dado este tes­timonio: <em>«He visto el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se quedaba sobre Él&#8230; doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios» (Jn 1,33-34).</em> En este segundo día tiene lugar la vocación de sus tres primeros discípulos.</p>
<p>Juan, fijándose en Jesús que pasaba, lo indica y dice: <em>«He ahí el Cordero de Dios</em>». Es extraño el modo de identificar a Jesús usado por Juan el Bautista. Es claro que esos dos discípulos que estaban con él entendieron el sentido de la expresión <em>«Cordero de Dios»</em>, pues apenas oyeron a Juan hablar así, <em>«siguieron a Jesús</em>» y <em>«se quedaron con Él aquel día</em>». Recordemos que ellos habían oído de Juan decir sobre Jesús que <em>«Éste es el Elegido de Dio­s»</em> Pero de ese Siervo de Dios, su Elegido, estaba escrito: <em>«Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus moretones hemos sido curados&#8230; El Señor descargó sobre Él la culpa de todos nosotros&#8230; Como un cordero era llevado al degüello&#8230; mi Siervo justificará a todos y las culpas de ellos Él soportará» (Is 53,5.6.7.1­1<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a> ).</em> A éste se refiere Juan cuando indica a Jesús y lo llama <em>«el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo</em>».</p>
<p>Para ellos era cosa habitual ofrecer a Dios sacrificios de corderos en ex­pia­ción por los pecados. Así estaba mandado por la ley judía. Pero constata­ban que esos sacrificios no liberaban realmente de la esclavitud del peca­do y no lograban purificar la con­cien­cia de pecado. Quien cometía, por ejemplo, un homi­cidio no se sentía perdonado por Dios porque ofreciera en sacrifi­cio un cor­dero.</p>
<p>En cambio, Éste es el <em>«Cordero de Dios que quita el pecado del mundo»</em>. El episodio de hoy y todo el desarrollo del Evangelio de Juan nos recuerda aquella visión del Apocalipsis: <em>«Vi un Cordero que estaba en pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que lleva­ban escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre&#8230; Éstos siguen al Cordero dondequiera que vaya» (Ap 14,1.4)</em>. El Cordero va camino al sacrificio; y allá lo siguen también éstos. Todos sabemos que los após­toles del Señor fueron todos mártires, es decir, sufrieron una muerte semejan­te a la suya.</p>
<p><strong>«Se quedaron con Él aquel día»</strong></p>
<p>Al leer este pasaje del Evangelio de San Juan uno podría preguntarse: ¿cómo pueden seguir a Jesús sin haber sido llamados por Él? El Evangelio dice que Jesús, viendo que lo seguían se vuelve y les pregunta: <em>«¿Qué buscáis?»</em>. Responden con una pregunta banal: <em>«Rabbí,¿dónde permaneces?»</em>. Entonces acontece la vocación verdadera: <em>«Venid y lo veréis»</em>. Y ellos acceden: <em>«Fueron y vieron dónde permanecía y perma­necieron con Él aquel día</em>». Uno de los verbos de contenido más pleno en el Evangelio de Juan es el verbo <em>«permane­cer»</em>. Aquí no se está hablando de un lugar de esta tie­rra -calle y número- donde Jesús habita; Jesús <em>«permanece»</em> en Dios y llama a los dos discí­pulos a hacer experiencia de eso: <em>«Lo veréis</em>». De esta manera los discí­pulos de Jesús son invitados a <em>«per­mane­cer</em>» en Él: <em>«El que permane­ce en mí y yo en él, ése da mucho fruto: porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5).</em></p>
<p>¿Qué sería lo que conversaron esa tarde con Jesús? Si a los discí­pulos de Emaús les ardía el corazón al escuchar al Maestro, ¿qué decir de la conversación en este primer encuen­tro? Podemos deducir de qué hablaron por la continuación del relato. Des­pués de esto, Andrés al primero que encuentra es a su hermano Simón, y sin más preámbulos le da esta noticia sorprendente: <em>«Hemos encontrado al Mesías (que quiere decir Cristo)».</em> Segu­ramente no esperó la reacción incrédula de su hermano, sino que por todo argumento <em>«lo llevó donde Jesús».</em> Esta es la vocación de Pedro: <em>«Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que quiere decir Piedra)».</em></p>
<p>No sólo tenemos aquí el vocablo hebreo «Mesías» (se usa únicamente aquí y en Jn 4,25) con su co­rres­pondiente traducción «Cristo», sino también el nombre hebreo que Jesús dio a Pedro: «Cefas». Así lo llamó Jesús. No era nombre de persona. Esta es una pala­bra hebrea que significa «Roca». Se tradujo al griego por «petra»: «piedra» y de allí viene el nombre Pedro. Cambiándo­le el nombre, Jesús le indica su misión, que en el Evangelio de Mateo se expresa más explí­citamente: <em>«Sobre esta piedra edifi­caré mi Igle­sia» (Mt 16,18).</em> Cada vez que Pedro escu­che su nombre hasta el final de su vida recordará ese instante de su primer encuentro con Jesús.</p>
<p>+  <strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«La liturgia de la Palabra de este Domingo nos presenta el tema de la voca­ción. Se delinea, ante todo, en la prime­ra lectura, tomada del primer libro de Samuel. Acabamos de escuchar nueva­mente el sugestivo relato de la vocación del profeta, a quien Dios llama por su nombre, despertándolo del sueño. Al principio, el joven Samuel no sabe de dónde proviene esa voz misteriosa. Sólo después y gradualmente, también gra­cias a la explicación del anciano sacer­dote Elí descubre que la voz que ha escuchado es la voz de Dios. </em></p>
<p><em>Entonces responde enseguida: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha» (1 S 3, 10). Se puede decir que la llamada de Sa­muel tiene un significado paradigmáti­co, pues es la realización de un proceso que se repite en todas las vocaciones. En efecto, la voz de Dios se hace oír ca­da vez con mayor claridad y la persona adquiere progresivamente la conciencia de su proveniencia divina. La persona llamada por Dios aprende con el tiempo a abrirse cada vez más a la palabra de Dios, disponiéndose a escuchar y reali­zar su voluntad en su propia vida.</em></p>
<p><em>El relato de la vocación de Samuel en el contexto del Antiguo Testamento coincide, en cierto sentido, con lo que escribe san Juan sobre la vocación de los Apóstoles. El primer llamado fue An­drés, hermano de Simón Pedro. Precisa­mente él llevó a su hermano a Cristo anunciándole: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1, 41). Cuando Jesús vio a Simón, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que signi­fica Pedro)» (Jn 1, 42). En esta breve pero solemne descripción de la vocación de los discípulos de Jesús, destaca el tema de la «búsqueda» y del «encuentro». </em></p>
<p><em>En la actitud de los dos hermanos, Andrés y Simón, se ma­nifiesta la búsqueda del cumplimiento de las profecías, que era parte esencial de la fe del Antiguo Testamento. Israel esperaba al Mesías prometido; lo busca­ba con mayor celo, especialmente desde que Juan Bautista había empezado a predicar a orillas del Jordán. El Bautista no sólo anunció la próxima venida del Mesías, sino que también señaló su pre­sencia en la persona de Jesús de Naza­ret, que había ido al Jordán para ser bautizado. La llamada de los primeros Apóstoles se realizó precisamente en es­te ámbito, es decir, nació de la fe del Bautista en el Mesías ya presente en medio del pueblo de Dios».</em></p>
<p align="right"><em>Juan Pablo II. Homilía del 19 de enero de 1997</em></p>
<p><strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana</strong></p>
<p><em>1. </em><em>El Padre San Alberto Hurtado solía repetir: «El que ha visto una vez el rostro de Cristo no lo puede olvidar nunca más». Es la experiencia de los apóstoles al encontrarse con Jesús. ¿Cómo y dónde puedo encontrarme con el Señor Jesús? ¿Pongo los medios para ello? </em></p>
<p><em>2. Todos tenemos una vocación concreta. He descubierto lo que Dios quiere de mí.     </em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 897- 900.1260.1533.  </em></p>
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a> «Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles» (Gál 1,15-16).</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a> Ver también Jer 11,19. En este pasaje el profeta Jeremías perseguido por sus enemigos se compara con un «cordero al que se lleva al matadero». Luego esta imagen se aplicó al «Siervo de Yahveh» en la cita de Isaías 53 que está en el texto.</p>
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		<title>Santa María Madre de Dios</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Dec 2011 21:00:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios» Lectura del libro de los Números  6, 22-27 «Habló Yahveh a Moisés y le dijo: Habla a Aarón y a sus hijos y diles: «Así habéis de bendecir a los Israelitas. Les diréis: Yahveh te bendiga y te guarde; ilumine Yahveh su rostro sobre ti y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em>«Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios»</em></p>
<p><strong>Lectura del libro de los Números  6, 22-27</strong></p>
<p>«Habló Yahveh a Moisés y le dijo: Habla a Aarón y a sus hijos y diles: «Así habéis de bendecir a los Israelitas. Les diréis: Yahveh te bendiga y te guarde; ilumine Yahveh su rostro sobre ti y te sea propicio; Yahveh te muestre su rostro y te conceda la paz.» Que invoquen así mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré».</p>
<p><strong>Lectura de San Pablo a los Gálatas 4, 4-7 </strong></p>
<p>«Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva. La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 2, 16-21</strong></p>
<p>«Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno».</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong> El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>En el día primero de enero, octava de la Na­vidad, la liturgia nos propone para nuestra con­templación la celebración más antigua de la Vir­gen en la Iglesia Romana. La reforma litúrgica del Vaticano II ha recuperado esta fiesta de <em>María, Madre de Dios</em>, sin por ello olvidar ni el comien­zo del año, ni la circuncisión de Jesús, ni la im­posición del nombre de Jesús al Niño nacido en Belén.</p>
<p>Por esto la Primera Lectura, tomada del li­bro de los Números<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a> , nos habla de la importancia de invocar el nombre de Dios para alcanzar de Él bendiciones. Con lo cual nos recuerda que es importante comenzar el año nuevo invocando el nombre de Jesús y de esa manera podamos en­trar con confianza a recorrer el año recién abier­to a nuestras ilusiones y a nuestros temores.</p>
<p>En este día tan lleno de interrogantes la Igle­sia gusta además de poner a todos los fieles ba­jo la protección de nuestra Madre María, y por ello ruega a Dios: <em>«Concédenos experimentar la interce­sión de Aquélla, de quien hemos reci­bido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida»</em> (Oración de Colecta) En la Segunda Lectura recordamos las pala­bras de San Pablo claras e impresionantes: <em>«Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer». </em>Y el Evangelio nos presenta el reconocimiento por parte de humildes pastores, del hecho más extraordinario de la humanidad: «Dios con nosotros». María, por su parte, meditaba todo «cuidadosamente» en su corazón.</p>
<p><strong>«Yahveh te muestre su rostro y te conceda la paz»</strong></p>
<p>El cuarto libro del Pentateuco (el libro de los Números) se titula también <em>«En el desierto»</em> siendo éste un título más descriptivo ya que la narración recoge la peregrinación de los israelíes por el desierto del Sinaí hasta las puertas de Jerusalén. Los cuarenta años justos y el perfecto itinerario de 40 nombres (ver Nm 33) no disimula las quejas y el descontento del pueblo. El libro refleja bien como ésta fue una etapa a la deriva, sin mapas ni urgencia. Los israelitas se rebelaron contra Dios y contra Moisés, su caudillo. Aunque desobedecían, Dios seguía cuidando a su pueblo.</p>
<p>En el texto referido tenemos la fórmula clásica de la bendición litúrgica del Antiguo Testamento (ver Ecle 50,22). Bendecir era un oficio propio de los sacerdotes, aunque también el rey podía bendecir (ver 2Sam 6,18) así como los levitas (ver Dt 10,8). Su lenguaje se asemeja mucho al utilizado en los Salmos. La referencia al «rostro iluminado» es una expresión del favor de Dios: <em>«Si el rostro del rey se ilumina, hay vida; su favor es como nube de lluvia tardía» </em>(Pr 16,15).La triple invocación del nombre de «Yahveh», sobre los israelitas hace eficaz la bendición de Dios (ver Jr 15,16) vislumbrándose, desde una lectura cristiana, una íntima relación con Dios Uno y Trino.</p>
<p><strong>Tiempo de Navidad </strong></p>
<p>Ya ha pasado el tiempo del Adviento con el cual dimos inicio a un nuevo año litúrgico, preparándonos para recibir al Señor que nace entre nosotros, ya ha pasado la gran fiesta de la Navi­dad, hoy día concluye la Octava de Navidad. Es el momento de recapacitar y recoger los frutos. Es el momento de preguntarnos qué huella profunda dejó en noso­tros todo este tiempo. ¿Significó algo para nosotros?</p>
<p>Para muchos fue entrar en un período de agitación y de sometimiento a las estrictas normas del consumismo en que estamos sumidos, sin dejarles un instan­te de tranquilidad para refle­xionar sobre el sentido de lo que celebraba nuestra fe cristiana. Es el caso de los propie­ta­rios y depen­dientes del comercio establecido y no esta­ble­cido cuya preocupación principal era vender cada vez más y muchas horas del día; era intensa la agitación que se observaba en las calles y la carrera a la compra de rega­los. Todo eso ya pasó, pero ¿qué sentido tuvo? Ahora se hace el balance de las ventas y se expresa satisfacción porque superaron las de años anterio­res. ¡Qué éxito! ¡Se cumplieron los objeti­vos! ¿Pero es éste el objetivo de la fiesta de Navidad? ¿No es esto más bien falsear su objetivo?</p>
<p>Todavía es tiempo de rescatar su auténtico sentido. La fiesta de Navidad es tan importante que la Iglesia la celebra durante ocho días; es como un solo largo día. Y concluye con la fiesta del 1º de enero, solemnidad de la Maternidad divina de María. Al concluir la Octava de Navidad ojala pudiéramos tener la actitud de los pastores que, después de ver al niño recostado en un pesebre, <em>«se retira­ron glorificando y alabando a Dios, por todo lo que habían oído y visto».</em></p>
<p>Ésta es la misma actitud del coro celeste que se les había presenta­do: <em>«Una multitud del coro celestial alababa a Dios di­ciendo: &#8216;Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor&#8217;»</em>. El nacimiento del Hijo de Dios en la tierra es motivo de alabanza y gloria a Dios de parte de los ángeles, de los hombres y de toda la creación. Si alguién cree haber vivido el verdadero sentido de la Navidad, examine su corazón para ver si surge en él la alabanza a Dios <em>«por todo lo visto y oído».</em></p>
<p><strong>Santa María, Madre de Dios</strong></p>
<p>La fiesta de hoy tiene tres aspectos que no pueden pasar inadvertidos. El primero se refiere al tiempo: nadie puede ignorar el hecho de que hoy hemos comenzado un nuevo año. El recuento de los años nos permite ubicar los hechos de la historia en una línea y así poder­ ordenarlos en el tiempo y en su relación de unos con otros. Pero ¿por qué a este año damos precisamente el número 2006? La antro­po­logía estima que el hombre tiene alrededor de 3 millones de años sobre la tierra. La pregunta obvia es: ¿2006 años en relación a qué? Nos responde San Pablo: <em>«Cuando llegó la plenitud del tiempo envió Dios a su Hijo nacido de mujer<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a> » </em>(Gal 4,4). Es decir, 2006 años de una nueva cuali­dad de tiempo; 2006 desde el nacimiento del Hijo de Dios entre nosotros y de su presencia en la histo­ria humana. Es la <em>«plenitud del tiempo»</em>. Poner este hecho entre paréntesis es lo mismo que evadirse de la realidad.</p>
<p>El segundo aspecto está dicho en esas mismas palabras de San Pablo que hemos citado: envió Dios a su Hijo <em>«naci­do de mujer</em>». El uso normal era identificar a alguien por el padre: «<em>Nacido de José o de Juan o de Zebedeo, etc.»</em>. Aquí, en cambio, al comienzo de este tiempo de plenitud se encuentra una mujer, de la cual debía nacer el Hijo de Dios. Por eso es conveniente que el primer día de cada año, cuando se recuerda el evento fundamental, se celebre a la Virgen María como Madre de Dios. María que, como criatura, es ante todo discípula de Cristo y redimida por Él, al mismo tiempo fue elegida como Madre suya para formar su humanidad.</p>
<p>Así, en la relación entre María y Jesús se realiza de modo ejemplar el sentido profundo de la Navidad: Dios se hizo como nosotros, para que nosotros, de algún modo, llegáramos a ser como él. Esto es lo primero que vieron los pastores cuando corrieron a verificar el signo dado por el ángel: <em>«Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre</em>». Al comenzar este año, ante todos los eventos que en él ocurran, el Evangelio nos invita a tener la actitud reverente y silenciosa de la Madre de Dios: <em>«María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón».</em></p>
<p>Por último, el primero de cada año la Iglesia celebra la Jornada mundial de la paz. Hemos dicho que alguien puede verificar su vivencia de la Navidad por el deseo de alabar y glorificar a Dios que brota espontáneo de su corazón. Pero a la gloria de Dios en el cielo corresponde la <em>«paz en la tierra a los hombres que ama el Señor</em>». La paz, en sentido bíblico, es el bien mayor que se puede desear a alguien. La persona posee la paz cuando está bien en todo sentido, en particular cuando goza de la gracia de Dios.</p>
<p>En este primer día del año queremos que la gracia del Señor se derrame  en abundancia a <em>«todos los hombres de buena voluntad»</em> de acuerdo a la antigua bendición de Moisés: <em>«Que el Señor te bendiga y te guarde; que el Señor ilumine su rostro sobre ti y te sea propicio; que el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz» </em>(Nm 6,26).Esta paz fue dada al mundo con el nacimiento de Cristo. Y en esto consistió su misión en la tierra, tal como él mismo lo declara antes de abandonarla: <em>«La paz os dejo, mi paz os doy» </em>(Jn 14,17).</p>
<p>+ <strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«La Iglesia, por su parte, fiel a la misión que ha recibido de su Fundador, no deja de proclamar por doquier el «Evangelio de la paz». Animada por su firme convicción de prestar un servicio indispensable a cuantos se dedican a promover la paz, recuerda a todos que, para que la paz sea auténtica y duradera, ha de estar construida sobre la roca de la verdad de Dios y de la verdad del hombre. Sólo esta verdad puede sensibilizar los ánimos hacia la justicia, abrirlos al amor y a la solidaridad, y alentar a todos a trabajar por una humanidad realmente libre y solidaria. Ciertamente, sólo sobre la verdad de Dios y del hombre se construyen los fundamentos de una auténtica paz. </em></p>
<p><em>Al concluir este mensaje, quiero dirigirme de modo particular a los creyentes en Cristo, para renovarles la invitación a ser discípulos atentos y disponibles del Señor. Escuchando el Evangelio, queridos hermanos y hermanas, aprendemos a fundamentar la paz en la verdad de una existencia cotidiana inspirada en el mandamiento del amor. Es necesario que cada comunidad se entregue a una labor intensa y capilar de educación y de testimonio, que ayude a cada uno a tomar conciencia de que urge descubrir cada vez más a fondo la verdad de la paz. </em></p>
<p><em>Al mismo tiempo, pido que se intensifique la oración, porque la paz es ante todo don de Dios que se ha de suplicar continuamente. Gracias a la ayuda divina, resultará ciertamente más convincente e iluminador el anuncio y el testimonio de la verdad de la paz. Dirijamos con confianza y filial abandono la mirada hacia María, la Madre del Príncipe de la Paz. Al principio de este nuevo año le pedimos que ayude a todo el Pueblo de Dios a ser en toda situación agente de paz, dejándose iluminar por la Verdad que nos hace libres (cf. Jn 8,32). Que por su intercesión la humanidad incremente su aprecio por este bien fundamental y se comprometa a consolidar su presencia en el mundo, para legar un futuro más sereno y más seguro a las generaciones venideras».</em></p>
<p align="right"><em>Benedicto XVI. Mensaje para la Celebración de la Jornada Mundial de la Paz. 1 de enero de 2006</em></p>
<p><strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana  </strong></p>
<p><em>1. El recordado Juan Pablo II colocaba en su libro «Memoria e Identidad» la memorable frase de San Pablo: «No te dejes vencer por el mal, antes bien, vence al mal con el bien» (Rm 12,21) y nos decía como «el mal es siempre ausencia de un bien que un determinado ser debería tener, es una carencia». Esforcémonos y hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para poder vivir cotidianamente a lo largo del año este programa de vida. Hagamos el bien ante el mal que muchas veces nos rodea. </em></p>
<p><em>2. Un año nuevo siempre es un tiempo lleno de esperanza y de renovación. Agradezcamos al Señor por todos los dones del año que pasó y ofrezcámosle nuestros mejores esfuerzos para vivir más cerca de Dios y de nuestros hermanos. ¿Cuáles van a ser nuestras resoluciones para el 2006? ¿Cuáles van a ser nuestros objetivos? ¿Qué debo de cambiar? ¿Qué voy a mejorar?</em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 464-469. 495.</em></p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a> El libro de los Números cuenta la historia de los israelitas durante casi 40 años de peregrinación por el desierto de Sinaí. Comienza dos años después de la salida de Egipto y termina justamente cuando entran en Canaán, la tierra prometida por Dios. El nombre del libro viene de los cómputos (censos) de los israelitas en el monte Sinaí y en los llanos del Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó. Entre los dos censos se establecieron durante algún tiempo en el oasis de Cades y luego se dirigieron al este del río Jordán. El libro narra las quejas constantes del pueblo y el celo de Dios por ellos. Sólo dos hombres de los que escaparon de Egipto, Caleb y Josué, sobrevivieron y lograron entrar en la tierra prometida.</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a> Podemos decir que este versículo es un resumen de toda aquello que debemos saber sobre Jesucristo: la preexistencia eterna de Cristo, su venida en la plenitud del tiempo como enviado del Padre, su nacimiento de la Virgen María y la sumisión a la Ley para reconciliarnos  y hacernos inmerecidamente partícipes de la filiación adoptiva con respecto a Dios.</p>
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		<title>Intenciones de oración del Papa para el mes de enero 2012</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Dec 2011 12:49:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<description><![CDATA[CIUDAD DEL VATICANO, 30 DIC 2011 (VIS).-La intención general del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de enero es: Para que las víctimas de desastres naturales reciban el alivio espiritual y material necesario para reconstruir sus vidas. Su intención misionera es : Para que el empeño de los cristianos a favor de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>CIUDAD DEL VATICANO, 30 DIC 2011 (VIS).-La <strong>intención general </strong>del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de enero es: <em>Para que las víctimas de desastres naturales reciban el alivio espiritual y material necesario para reconstruir sus vidas.</em></p>
<p>Su<strong> intención misionera</strong> es :<em> Para que el empeño de los cristianos a favor de la paz sea ocasión para dar testimonio del nombre de Cristo a todas las personas de buena voluntad.</em></p>
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		<title>Mons. Oscar Vicente Ojea es el nuevo obispo de San Isidro</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Dec 2011 12:27:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Buenos Aires, 30 Dic. 2011 (AICA): El Santo Padre Benedicto XVI aceptó la dimisión al gobierno pastoral de la diócesis de San Isidro, presentada oportunamente por monseñor Alcides Jorge Pedro Casaretto, por haber alcanzado la edad de 75 años, en conformidad con la norma canónica.      Con la publicación de esta noticia, hoy viernes 30 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr" align="center"><img src="http://www.aica.org/aica/igl_arg/obispos/ob_fotos/2011_Ojea.jpg" alt="" width="150" height="202" align="left" border="1" hspace="10" vspace="6" /><strong>Buenos Aires, 30 Dic. 2011 (AICA): </strong>El Santo Padre Benedicto XVI aceptó la dimisión al gobierno pastoral de la diócesis de San Isidro, presentada oportunamente por monseñor Alcides Jorge Pedro Casaretto, por haber alcanzado la edad de 75 años, en conformidad con la norma canónica.</p>
<p>     Con la publicación de esta noticia, hoy viernes 30 de diciembre de 2011, el obispo coadjutor, monseñor Oscar Vicente Ojea, de 65 años, asume la conducción pastoral de la diócesis.</p>
<p>La información fue dada a través de la agencia AICA por el Encargado de Negocios interino de la nunciatura apostólica, monseñor Robert Murphy.</p>
<p><strong><img src="http://www.aica.org/aica/igl_arg/obispos/ob_fotos/2011_Ojea.Escudo.jpg" alt="" width="200" height="259" align="right" border="0" />Mons. Oscar Vicente Ojea, tercer obispo de San Isidro</strong></p>
<p>Nació en Buenos Aires el 15 de octubre de 1946. Tras completar sus estudios eclesiásticos en los seminarios Menor y Mayor de Buenos Aires, fue ordenado presbítero el 25 de noviembre de 1972 por monseñor Juan Carlos Aramburu, en ese entonces arzobispo coadjutor de Buenos Aires. La ordenación tuvo lugar en la iglesia parroquial de San Benito Abad. Con él fueron ordenados otros diáconos, entre los cuales el actual arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer. Su primera misa la celebró en la parroquia del Dulcísimo Nombre de Jesús, del barrio porteño de Saavedra.</p>
<p>Obtuvo el título de Bachiller en Teología en la Pontificia Universidad Católica Argentina “Santa María de los Buenos Aires”.</p>
<p>Desde su ordenación ejerció su ministerio pastoral como vicario parroquial en diversas parroquias porteñas: María Reina (1973-1975), San José de Flores (1975-1977), Nuestra Señora de la Piedad (1977-1979), San Benito Abad (1979-1981) y Patrocinio de San José (1981-1982). Luego fue párroco de Santa Magdalena Sofía Barat (1986-1987), Santa Rosa de Lima (1987-1994) y Nuestra Señora del Socorro (1994-2000).</p>
<p>Además de su actuación pastoral parroquial fue superior de comunidad en el Seminario Metropolitano de Villa Devoto, asesor arquidiocesano del Movimiento Familiar Cristiano, viceasesor del secretariado arquidiocesano para la Familia, miembro de la Comisión arquidiocesana de preparación del curso anual del Clero Joven, decano del Decanato 3 “Norte”, miembro del Consejo Presbiteral, y párroco consultor.</p>
<p>En septiembre de 1995 el Santo Padre Juan Pablo II lo distinguió con el título de Prelado de Honor de Su Santidad, incorporándolo así a la Familia Pontificia.</p>
<p>El 24 de mayo de 2006 el papa Benedicto XVI lo nombró obispo titular de Suelli y auxiliar de Buenos Aires.</p>
<p>El 2 de septiembre de 2006, en una celebración que tuvo lugar en la catedral metropolitana, fue ordenado obispo por el cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, y los co-consagrantes: monseñor Eduardo Vicente Mirás, arzobispo emérito de Rosario y monseñor Héctor Rubén Aguer, arzobispo de La Plata.</p>
<p>Tras su ordenación episcopal el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Bergoglio, lo designó Vicario Episcopal de la Zona Centro de la arquidiócesis porteña, que comprende los decanatos de Boca-Barracas, Centro, Norte, Pompeya y Once, con un total de 52 parroquias.</p>
<p>En la Conferencia Episcopal es presidente de la Comisión Episcopal para Cáritas. Antes había sido miembro de las Comisiones de Apostolado Laico y Pastoral Familiar (Familia) y de Migraciones y Turismo.</p>
<p><strong>La diócesis de San Isidro</strong></p>
<p>Creada el 11 de febrero de 1957 por el papa Pío XII, comprende en la provincia de Buenos Aires los partidos de San Fernando, San Isidro, Tigre, Vicente López y las secciones 1,2 y 3 de las islas del Delta bonaerense, con una superficie total de 1.379 kilómetros cuadrados y una población de 1.145.000 habitantes, de los cuales se estima que alrededor del 90% son católicos.</p>
<p>La diócesis cuenta con 66 parroquias, 7 iglesias y capillas, 145 sacerdotes (123 diocesanos y 22 religiosos), 33 diáconos permanentes, 19 seminaristas mayores, 100 religiosas y 155 centros educativos.</p>
<p>El primer obispo de San Isidro fue monseñor Antonio María Aguirre (1957-1987); el segundo fue monseñor Jorge Casaretto (1985-2011).+</p>
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		<title>Tiempo de Navidad. Sagrada Familia. Ciclo B</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 00:51:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Mis ojos han visto tu salvación» Lectura del libro de Eclesiástico 3,2-6.12-14 «Pues el Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole. Quien honra a su padre expía sus pecados; como el que atesora es quien da gloria a su madre. Quien honra a su padre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em>«Mis ojos han visto tu salvación»</em></p>
<p><strong>Lectura del libro de Eclesiástico 3,2-6.12-14</strong></p>
<p>«Pues el Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole. Quien honra a su padre expía sus pecados; como el que atesora es quien da gloria a su madre. Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será escuchado. Quien da gloria al padre vivirá largos días, obedece al Señor quien da sosiego a su madre. Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor. Pues el servicio hecho al padre no quedará en olvido, será para ti restauración en lugar de tus pecados. <strong>»</strong></p>
<p><strong>Lectura de la carta de San Pablo a los Colosenses 3,12-21</strong></p>
<p>«Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros. Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección. Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo Cuerpo. Y sed agradecidos.</p>
<p>La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; instruíos y amonestaos con toda sabiduría, cantad agradecidos, himnos y cánticos inspirados, y todo cuanto hagáis, de palabra y de boca, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre. Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que se vuelvan apocados.<strong>»</strong></p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 2, 22- 40 </strong></p>
<p>«Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén  para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: = Todo varón primogénito será consagrado al Señor = y para ofrecer en sacrificio = un par de tórtolas o dos pichones =, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.</p>
<p>Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: “Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos,  luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel”.</p>
<p>Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: “Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción &#8211; ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! &#8211; a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos  corazones”.</p>
<p>Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.<strong>»</strong>.</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>El Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II decía proféticamente: «<em>¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia! </em><em>Por consiguiente es indispensable y urgente que todo hombre de buena voluntad se esfuerce por salvar y promover los valores y exigencias de la familia». </em>Sin duda una de las instituciones naturales que más está siendo atacada por los embates de la llamada «cultura de muerte» es la familia.</p>
<p>La Iglesia ha querido entre la celebración del nacimiento de Jesús y la Maternidad Divina de María<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a> ; reservar una fiesta para volver los ojos a Jesús, María y José  pero no a cada uno por separado sino unidos en una Santa Familia. La vinculación y las relaciones que existen entre ellos es la de una familia normal.</p>
<p>Y es éste el mensaje central de este Domingo: rescatar el valor insustituible de la familia centrada en el sacramento del matrimonio. El entender que Dios mismo se ha educado en la escuela más bella que el ser humano tiene para crecer y fortalecerse y así llenarse de sabiduría y gracia: la familia. Él mismo ha querido vivir esta experiencia familiar y nos ha dejado así un hermoso legado.</p>
<p>Es por eso que todas las lecturas están centradas en la familia. El libro del Eclesiástico nos trae consejos muy prácticos y claros sobre los deberes entre los padres y los hijos siendo las relaciones mutuas e interdependientes. San Pablo en su carta a los Colosenses, nos habla de las exigencias del amor en el seno familiar: perdonarse y aceptarse mutuamente como lo hizo Jesucristo. Finalmente en el Evangelio de San Lucas vamos a leer el pasaje de la presentación en el Templo de Jerusalén. Jesús, una tierna criatura, es reconocida como el Mesías por dos personas ancianas: Simeón y Ana. Pero además veremos como poco a poco Santa María va siendo educada en pedagogía divina del dolor-alegría.</p>
<p><strong>La Sagrada Familia</strong><strong> </strong></p>
<p>La fiesta de la Sagrada Familia se trata de una fiesta bastante reciente. La devoción a la Sagrada Familia de Jesús, María y José tuvo un fuerte florecimiento en Canadá y fue muy favorecida por el Papa León XIII. Desde 1893 se permitía celebrar la Fiesta en diversas diócesis en el tercer Domingo después de la Epifanía del Señor.</p>
<p>Fue finalmente introducida en el Calendario litúrgico en el año de 1921 y su ubicación en este momento cercano a la Navidad es recién del año 1969 y obedece a la necesidad de vincularla más al misterio de la Navidad. Ante esta situación, la Iglesia nos recuerda que el Hijo de Dios se encarnó y nació en el seno de una familia, para enseñarnos que la familia es la institución dispuesta por Dios para la venida a este mundo de todo ser humano.</p>
<p>Para el pueblo de Israel era claro que la salvación del ser humano no podía suceder sino por una intervención de Dios mismo en la historia humana. Tenía que ser una intervención de igual magnitud que la creación o mayor aún. Por eso tenía que ser Dios mismo quien interviniese. Pero sólo Dios sabía que esto ocurriría por la Encarna­ción de su Hijo único, el cual asumiendo la natura­leza humana <em>«pasa­ría por uno de tan­tos»</em> (Flp 2,7). Pero esto no podía ocurrir sino en el seno de una familia. Cuando Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María ella no era una mujer sola, sino una mujer casada con José. Jesús nació entonces en una familia. Si esta circunstancia no hubiera sido decisiva para nuestra salvación el Evangelio de Lucas y el de Mateo no la habrían destacado. El Hijo de Dios no sólo asumió y redimió a todo ser humano, sino también la institución necesaria para el desarrollo armónico de todo ser humano: la familia. ¡No puede quedar más realzada la importancia de la familia!</p>
<p>En este día tenemos que considerar a Jesús en su condi­ción de hijo de María y de José; a la Virgen María en su condición de madre y esposa; y a San José en su condi­ción de padre y jefe del hogar. La familia de Naza­ret es la escuela de todas las virtudes humanas. Allí res­plandece el amor, la piedad, la generosidad, la abnega­ción de sí mismo y la atención al otro, la senci­llez, la pureza; en una palabra, la santidad. ¿Qué es lo que tiene de particu­lar esta familia? ¿Qué es lo más notable en ella? En ella está excluido todo egoísmo. Cada uno de sus miembros tiene mayor interés por los otros que por sí mismo.</p>
<p>Sin duda podemos afirmar que viven las virtudes que leemos en la Carta a los Colosenses: <em>«</em><em>misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente». </em>Esta debe de ser la «hoja de ruta» que han de seguir las familias hoy en día. Son muchas las familias que se separan porque cada uno quiere hacer «su propia vida», porque cada uno busca su propio interés.</p>
<p><strong>Presentación en el Templo </strong></p>
<p>El Evangelio de hoy nos relata el momento en que el Niño Jesús es presentado por sus padres a Dios en el Templo de Jerusalén. Toda la familia emprende este largo viaje desde Nazaret a Jerusalén –aproximadamente unos 100 km. &#8211; con el fin de cumplir lo que estaba escrito. Leemos en el texto la sana preocupación por cumplir la «Ley del Señor». Esto lo hacían José y María con absoluta serie­dad y dedica­ción. El texto concluye diciendo: <em>«Después que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret</em>». Este rasgo de la Familia de Nazaret nos enseña que, cuando en la familia o en la sociedad en general hay respeto por la ley de Dios, reina el amor y el bien común; en cambio, cuando Dios es excluido, reina el egoísmo que se plasma en leyes civiles que buscarán satisfacer intereses particulares y “olvidarse” de los principios fundamentales de la convivencia social.<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a></p>
<p>Sin duda nos llama la atención que la Sagrada Familia haya podido sufrir estrecheces económi­cas y apuros como ocurrió cuando fueron rechazados de todos los albergues y tuvieron que refugiarse en un pese­bre para que la Virgen diera a luz a su Hijo, es decir, a nivel infrahu­mano; haya podido sufrir persecución, como ocurrió cuando Herodes buscó al Niño para matarlo; sufrir el exilio, como ocurrió cuando debieron huir a Egipto y vivir allí hasta la muerte de Herodes. Pero todo lo sobrelleva­ban con paciencia y serenidad porque estaba allí Jesús.</p>
<p>En efecto, no vemos que ninguno de los miembros de esa fami­lia se quejaron de tener que sufrir situaciones tan adver­sas. Ocurre lo que enseña la Imitación de Cristo: <em>«Cuando Jesús está presente, todo está bien y nada parece difícil; por el contrario cuando Él está ausente, todo se vuelve pesado»<a title="" name="_ftnref3" href="#_ftn3"></a> . </em></p>
<p><strong>Simeón y Ana</strong></p>
<p>Dos personajes importantes se hacen presentes en el relato evangélico: Simeón y Ana. Al ver a José y María entrando al templo con Jesús, tuvieron una revelación sobre la identi­dad de este Niño. Simeón<a title="" name="_ftnref4" href="#_ftn4"></a> es presentado como <em>«un hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y estaba en él el Espíritu Santo».</em> Es un anciano que, por su edad ya está próximo a la muerte. Pero había recibido de parte de Dios una certeza que llenaba de sentido y de gozo la prolonga­ción de sus años: <em>«Le había sido revelado por el Espíri­tu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo (Ungido) del Señor»</em>. «Ungido del Señor» es la expresión con que se llama al esperado de Israel. Se le nombra con lo que es más propio de Él: la unción. ¿Por qué la unción?</p>
<p>La unción es el signo externo que garantiza la presencia en Él del Espíritu del Señor. Jesús no fue ungido por nadie para que recibiera el Espíritu Santo; Él nació «ungido» desde el seno de su madre. Esto es lo que dice el ángel Gabriel a su madre cuando le anuncia su concepción virginal: <em>«El Espíri­tu Santo vendrá sobre ti&#8230; por eso el nacido santo será llamado Hijo de Dios» </em>(Lc 1,35). Nacido «santo» quiere decir: consagrado, ungido, separado para Dios y lleno del Espíritu Santo. Simeón toma en sus brazos al Niño y se dirige a Dios diciendo: <em>«M</em><em>is ojos han visto tu salva­ción, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, Luz para alumbrar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel</em>»<a title="" name="_ftnref5" href="#_ftn5"></a> .</p>
<p>Ana<a title="" name="_ftnref6" href="#_ftn6"></a> contaba con 84 años de edad cuando reconoció a Jesús como «Mesiás» cuando lo presentan en el Templo de Jerusalén. Era hija de Fanuel, de la tribu de Aser, y tras un matrimonio de siete años consagró el resto de su vida a servir en el Templo mediante ayuno y oraciones (ver Lc 2,36-38).</p>
<p>Para comprender por qué, entre todos los que entra­ban y salían, sólo Ana y Simeón conocie­ron quién era este Niño hay que fijarse la breve descripción que nos deja San Lucas: <em>«Simeón era un hombre justo y piadoso&#8230; y estaba en él el Espíri­tu Santo</em>»; por su parte, <em>«Ana era una profeti­sa, que permane­ció viuda hasta los ochenta y cuatro años y no se apartaba del templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oracio­nes». </em>Ambos tenían una especial y particular relación con el Espíritu Santo. Dóciles a sus mociones los lleva a ser de las primeras personas de Israel en reconocer a Jesús como Mesías y Salvador.</p>
<p><strong>Dolor  y alegría </strong></p>
<p><em>«Y a tu misma alma una espada la traspasará».</em> Ciertamente no son las palabras más alentadoras que podría esperar María después de haber escuchado el <em>«Nunc dimittis». </em>Porla profecía de Simeón se despierta en el corazón de Santa María el presentimiento de un misterio infinitamente doloroso en la vida de su querido Hijo. Hasta entonces Ella no había escuchado sino las palabras del Arcángel Gabriel que le anunciaba para Jesús el trono de su padre David (Lc 1,32). Simeón las confirma pero introduce «una espada»  &#8211; el rechazo del Mesías por Israel ( Lc 1,34) – cuya divina pedagogía tendrá su ápice al pie de la Cruz (Jn 19, 25-27).</p>
<p><strong>Honra a tu padre y a tu madre&#8230;</strong></p>
<p>En la tradición judía del Eclesiástico y en el cumplimiento cristiano, según la carta de san Pablo a los Colosenses, vemos la naturaleza religiosa del respeto y de la reverencia filial hacia los padres naturales. En la tradición judía los padres debían ser honrados y temidos, sobre todo por ser los transmisores de la Ley de Dios a sus hijos. De hecho, en el cuarto Mandamiento, el verbo usado para hacer referencia a los padres, al honor, se utiliza también en otros textos de las Escrituras, tales como Isaías 29, para referirse a Dios. Esto implica un motivo sobrenatural más alto por las dos partes, para los hijos que honren a sus padres  y también, para los padres, un papel más importante hacia sus hijos que la generación natural.</p>
<p>San Pablo es muy sucinto; hay deberes cristianos hacia el marido y la esposa, así como hacia los padres y hacia los hijos. El cumplimiento de estos deberes agrada a Dios. Esto mismo lo expresaba Israel en su poesía, como se canta en el Salmo que se recita en la liturgia de este día: <em>«Dichoso el hombre que teme al Señor y sigue sus caminos</em>» (Sal 128). ¿En qué consiste esa dicha? Lo dice el mismo salmo: <em>«Tu mujer como vid fecunda en medio de tu casa; tus hijos como renuevos de olivo alrededor de tu mesa».</em> Ésta es la descripción de un ambiente familiar sano, en que los hijos numerosos y llenos de vida rodean a sus padres. El Salmo agrega: <em>«Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor</em>». Es decir, gozar de una vida familiar plena</p>
<p>+  <strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«La familia natural, en cuanto comunión íntima de vida y amor, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, es el «lugar primario de ‘‘humanización&#8221; de la persona y de la sociedad », la «cuna de la vida y del amor ». Con razón, pues, se ha calificado a la familia como la primera sociedad natural, «una institución divina, fundamento de la vida de las personas y prototipo de toda organización social»<a name="_ftnref5"></a>.</em></p>
<p><em>En efecto, en una vida familiar « sana » se experimentan algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo. Por eso, la familia es la primera e insustituible educadora de la paz. No ha de sorprender, pues, que se considere particularmente intolerable la violencia cometida dentro de la familia.</em></p>
<p><em> Por tanto, cuando se afirma que la familia es « la célula primera y vital de la sociedad », se dice algo esencial. La familia es también fundamento de la sociedad porque permite tener experiencias determinantes de paz. Por consiguiente, la comunidad humana no puede prescindir del servicio que presta la familia. El ser humano en formación, ¿dónde podría aprender a gustar mejor el « sabor » genuino de la paz sino en el « nido » que le prepara la naturaleza? El lenguaje familiar es un lenguaje de paz; a él es necesario recurrir siempre para no perder el uso del vocabulario de la paz. En la inflación de lenguajes, la sociedad no puede perder la referencia a esa « gramática » que todo niño aprende de los gestos y miradas de mamá y papá, antes incluso que de sus palabras.</em></p>
<p><em>La familia, al tener el deber de educar a sus miembros, es titular de unos derechos específicos. La misma Declaración universal de los derechos humanos, que constituye una conquista de civilización jurídica de valor realmente universal, afirma que « la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y el Estado ». </em></p>
<p><em>Por su parte, la Santa Sede ha querido reconocer una especial dignidad jurídica a la familia publicando la Carta de los derechos de la familia. En el Preámbulo se dice: « Los derechos de la persona, aunque expresados como derechos del individuo, tienen una dimensión fundamentalmente social que halla su expresión innata y vital en la familia ». Los derechos enunciados en la Carta manifiestan y explicitan la ley natural, inscrita en el corazón del ser humano y que la razón le manifiesta. La negación o restricción de los derechos de la familia, al oscurecer la verdad sobre el hombre, amenaza los fundamentos mismos de la paz.</em></p>
<p><em>Por tanto, quien obstaculiza la institución familiar, aunque sea inconscientemente, hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea frágil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal « agencia » de paz. Éste es un punto que merece una reflexión especial: todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de una nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz.</em></p>
<p><em>La familia tiene necesidad de una casa, del trabajo y del debido reconocimiento de la actividad doméstica de los padres; de escuela para los hijos, de asistencia sanitaria básica para todos. Cuando la sociedad y la política no se esfuerzan en ayudar a la familia en estos campos, se privan de un recurso esencial para el servicio de la paz. Concretamente, los medios de comunicación social, por las potencialidades educativas de que disponen, tienen una responsabilidad especial en la promoción del respeto por la familia, en ilustrar sus esperanzas y derechos, en resaltar su belleza». </em></p>
<p><em>Benedicto XVI. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2008. </em></p>
<p><strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana.  </strong></p>
<p><em>1. El ejemplo de entrega, fidelidad, dedicación, unión; que la Familia de Nazaret nos transmite es muy grande. ¿Qué falta en mi familia? ¿Qué debo de cambiar para este nuevo año?  </em></p>
<p><em>2. ¿Cómo vivo en mi familia las virtudes mencionadas en la Carta a los Colosenses? </em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 2196- 2233.2360-2365. </em></p>
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a> Solemnidad de Santa María Madre de Dios que se celebra el 1 de enero.</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a> Estamos refiriéndonos a los principios de la Enseñanza Social de la Iglesia: persona humana, bien común, solidaridad y subsidiariedad (ver Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 105-208).</p>
<p><a title="" name="_ftn3" href="#_ftnref3"></a> «Quando Iesus adest, totum bonum est, nec quidquam difficile videtur». Imitación de Cristo. Libro 8, Capítulo 2.</p>
<p><a title="" name="_ftn4" href="#_ftnref4"></a> El nombre Simeón significa «Dios ha escuchado».</p>
<p><a title="" name="_ftn5" href="#_ftnref5"></a> Esta oración es conocida como el Nunc Dimittis ( por su inicio en latín) y se reza en la oración de la noche en la Liturgia de las Horas.</p>
<p><a title="" name="_ftn6" href="#_ftnref6"></a> «Ana» en hebreo significa compasión, gracia y la benéfica. Cuatro mujeres llevan este nombre en el Antiguo Testamento y una en el Nuevo.</p>
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		<title>Comparto&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Dec 2011 21:22:24 +0000</pubDate>
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		<title>Felíz Navidad!!!</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Dec 2011 20:26:23 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Navidad 2011]]></category>

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		<description><![CDATA[Que la Luz del Amor que se hace carne, guie nuestros pasos. Que Dios los bendiga]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Que la Luz del Amor que se hace carne, guie nuestros pasos.</p>
<p>Que Dios los bendiga</p>
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		<title>Natividad del Señor</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 19:55:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros» Lectura del profeta Isaías 52, 7-10 «¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios!» ¡Una voz! Tus vigías alzan la voz, a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros</em>»</p>
<p><strong>Lectura del profeta Isaías 52, 7-10</strong></p>
<p>«¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios!» ¡Una voz! Tus vigías alzan la voz, a una dan gritos de júbilo, porque con sus propios ojos ven el retorno de Yahveh a Sión. Prorrumpid a una en gritos de júbilo, soledades de Jerusalén, porque ha consolado Yahveh a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén. Ha desnudado Yahveh su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y han visto todos los cabos de la tierra la salvación de nuestro Dios».</p>
<p><strong>Lectura de la carta a los Hebreos 1,1- 6 </strong></p>
<p>«Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos; el cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, y el que sostiene todo con su palabra poderosa, después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, con una superioridad sobre los ángeles tanto mayor cuanto más les supera en el nombre que ha heredado. En efecto, ¿a qué ángel dijo alguna vez: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy; y también: Yo seré para él Padre, y él será para mi Hijo? Y nuevamente al introducir a su Primogénito en el mundo dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Juan 1,1-18 </strong></p>
<p>«En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.</p>
<p>Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.» Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado».</p>
<div>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p><em>«¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la Buena Noticia!»</em> Podemos decir que el tema central de todas las lecturas en la Natividad del Señor es el mismo Jesucristo: Palabra eterna del Padre que ha puesto su tienda entre nosotros, que ha acampado entre los hombres. El prólogo del Evangelio de San Juan nos habla de la «Buena Nueva» esperada y anunciada por los profetas (Primera Lectura), nos habla del Hijo por el cual el Padre del Cielo nos ha hablado (Segunda Lectura) y nos revela la sublime vocación a la que estamos llamados desde toda la eternidad «ser hijos en el Hijo».</p>
<p><strong>«¡Saltad de júbilo Jerusalén!» </strong></p>
<p>El retorno del exilio es inminente y el profeta describe gozoso el mensajero que avanza por los montes como precursor de la «buena noticia» de la liberación del exilio, al mismo tiempo que anuncia la esperada paz y la inauguración del nuevo reinado de Yavheh sobre su pueblo elegido. <em>«Ya reina tu Dios», </em>surge así una nueva teocracia en la que Dios será realmente el Rey de su pueblo y Señor de sus corazones. Los centinelas de Jerusalén son los primeros que perciben la llegada del mensajero con la buena noticia: Dios de nuevo se ha compadecido de su pueblo y <em>«arremangándose las mangas»</em> ha luchado en favor de Israel ante los pueblos gentiles.</p>
<p><strong>«¡Os ha nacido un Salvador!»</strong></p>
<p>En todas las Iglesias del mundo resonó anoche durante la celebración eucarística la voz del Ángel del Se­ñor que dijo a los pastores de la comarca de Belén: <em>«Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy os ha nacido en la ciudad de David un Salva­dor, que es el Cristo, Señor» </em>(Lc 2,10-11). Lo más extraordina­rio es que este anuncio se ha repetido todos los años, por más de dos mil años, y en todas las latitudes, sin perder nada de su actualidad. ¿Cómo es posible esto? Hay en ese anuncio dos términos que responden a este interrogante: la palabra «hoy» y el nombre «Señor». La primera es una noción temporal, histórica, y en este texto suena como un campanazo. Ese «hoy» fija la atención sobre un punto determinado de la historia humana, que sucesivamente ha sido adoptado con razón como el centro de la historia. El nombre «Se­ñor», en cambio, se refiere a Dios, que es eterno, infini­to, ilimi­tado, sin sucesión de tiempo. El anuncio quiere decir entonces que el Eterno se hizo temporal, que entró en la historia. ¿Para qué?</p>
<p>Para que nuestra historia tuviera una dimensión de eterni­dad. Por eso es que los acontecimientos salvíficos, los que se refieren a la persona del Señor, son siempre presente. Ese «hoy» es siempre ahora. Es lo mismo que expresa San Juan en el Prólogo de su Evangelio, que hoy leemos en la Misa del día. Esta solemni­dad, dada su importancia, tiene una Misa propia de la vigi­lia, otra Misa de media noche y otra Misa del día.</p>
<p>«<strong>La Palabra habitó entre nosotros»</strong></p>
<p>El Prólogo del cuarto Evangelio parte del origen mismo, pone como sujeto la Palabra y, en frases sucesivas, aclara su esencia: <em>«En el principio existía la Pala­bra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios</em>». Este «principio» no hace alusión a ningún tiempo, porque se ubica antes del tiempo y está perpetuamente fuera del tiempo. El sujeto al que se refiere todo el texto de San Juan es «la Palabra» que es mencionado otras dos veces: <em>«La Palabra era la luz verdade­ra que ilumina a todo hombre que viene a este mundo» </em>(v. 9). Y en el v. 14, el punto culmi­nante de todo el desarro­llo, el que expli­ca todo, porque todo conduce hacia allí: <em>«Y la Pala­bra se hizo carne y puso su morada entre nosotros</em>». La Palabra, que es la Luz verdadera y cuya esencia es divina, es decir, espiritual, se encarnó. El intangible, invisi­ble, impasible, atemporal se hizo, tangible, visible, sometido a padeci­mientos y temporal. Para decirlo breve: Dios se hizo hombre.</p>
<p>Es Jesús, quien es la Palabra del Padre. En el misterio de Jesucristo no se puede separar la eternidad del tiempo, el Verbo de Jesús. Sería traicionar la revelación de Dios. A lo largo de la historia Dios había pronunciado palabras por medio de los profetas, palabras que manifestaban de modo incompleto la revelación de Dios. Con Jesucristo el Padre pronuncia la última, definitiva y única Palabra, en la que se comprende y llega a plenitud toda la revelación. Por eso leemos en la Constitución Dei Verbum: <em>«La economía cristiana, por ser alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra revelación pública antes de la gloriosa manifestación de Jesucristo nuestro Señor»<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a><strong>[1]</strong>. </em>Es decir todo lo que el Padre quería revelarnos para nuestra salvación ya lo ha realizado en Jesucristo.</p>
<p>El hombre por su propia naturaleza está afectado por el tiempo, es decir, participa de esa característica que posee todo ser temporal: nacer, desarro­llarse y, finalmente, fenecer. ¿Cómo puede hacer el hombre para entrar en la eternidad? El hombre vive de una vida natural cuyos procesos son el objeto de las ciencias naturales, la biología, la psicolo­gía, la sociología, etc. ¿Cómo puede hacer para poseer la vida divina y eter­na sin que quede anulada su vida natural? Esto lo consigue el hombre me­diante un acto que se cumple en el tiempo, pero le obtiene la eternidad. Este acto es la fe en Cristo, la fe en su identidad de Dios y Hombre, de eterno y temporal, de Hijo de Dios e Hijo de María.</p>
<p><strong>«Vino a su casa y los suyos no la acogieron» </strong></p>
<p>El texto continúa refiriéndose a «la Palabra» y menciona que los suyos no la acogieron pero aquellos que sí lo hicieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre. El nombre, en la Sagrada Escritura, está en el lugar de la identidad personal. Y esto lo repitió Jesús muchas veces en su vida. Citemos al menos una: <em>«Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna» </em>(Jn 3,16). Y el mismo Juan en su carta explica: <em>«Os he escrito estas cosas para que sepáis que tenéis vida eterna, vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios» </em>(1Jn 5,13).</p>
<p>Jesucristo, en quien concurren la humanidad y la divinidad, es el único camino por el cual el hombre puede alcan­zar a Dios. Lo enseñó Él mismo cuando dijo: <em>«Yo soy el Camino&#8230; Nadie va al Padre sino por mí» </em>(Jn 14,6). No hay otro camino pues en ningún otro se juntan la naturaleza humana y la natura­leza divina, el tiempo y la eternidad; ningún otro es verdadero Dios y verdadero hombre. Y la aparición de esta posibilidad en el mundo es lo que celebra­mos hoy.</p>
<p>Es una posibilidad que está abierta también hoy y lo estará siempre pues «<em>Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre» </em>(Heb 13,8). También hoy está abier­ta la opción de acogerlo o no acogerlo, de creer o no creer en él. Si Jesús nació en un pesebre, <em>«porque no había lugar para ellos en la posada» </em>(Lc 2,7)<em>,</em> es porque quiso ubicarse en el grado más bajo de la escala humana, a nivel infrahuma­no. Lo hizo para que nadie se sienta excluido, ni siquiera el hombre más miserable, y todos tengan abierto el camino de la salvación. A todos, como a los pastores, se les anuncia: <em>«Hoy os ha nacido un Salvador». </em>¡Acogedlo!</p>
<p>+ <strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«Hoy quiero dirigir la mirada a la figura de San José. En el Evangelio de hoy, san Lucas presenta a la Virgen María como «desposada con un hombre llamado José, de la casa de David» (Lucas 1, 27). Sin embargo, el que más importancia da al padre adoptivo de Jesús es el evangelista Mateo, subrayando que gracias a él el Niño quedaba legalmente introducido en la descendencia de David, cumpliendo así las Escrituras, en las que el Mesías era profetizado como «hijo de David». Pero el papel de José no puede reducirse a este aspecto legal. Es modelo del hombre «justo» (Mateo 1, 19), que en perfecta sintonía con su esposa acoge al Hijo de Dios hecho hombre y vela por su crecimiento humano. Por esto, en los días que preceden a la Navidad, es particularmente oportuno establecer una especie de diálogo espiritual con san José para que nos ayude a vivir en plenitud este gran misterio de la fe. </em></p>
<p><em><br />
El querido Papa Juan Pablo II, que era muy devoto de san José, nos dejó una admirable meditación dedicada a él en la exhortación apostólica «Redemptoris Custos», «Custodio del Redentor». Entre los muchos aspectos que subraya, dedica una importancia particular al silencio de san José. Su silencio está impregnado de la contemplación del misterio de Dios, en actitud de disponibilidad total a la voluntad divina. Es decir, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino más bien la plenitud de fe que lleva en el corazón, y que guía cada uno de sus pensamientos y acciones. </em></p>
<p><em>Un silencio por el que José, junto con María, custodia la Palabra de Dios, conocida a través de las sagradas Escrituras, cotejándola continuamente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración constante, oración de bendición del Señor, de adoración de su santa voluntad y de confianza sin reservas en su providencia. No es exagerado pensar que Jesús aprendiera &#8211;a nivel humano&#8211; precisamente del «padre» José esa intensa interioridad, que es la condición de la auténtica justicia, la «justicia interior», que un día enseñará a sus discípulos (Cf. Mateo 5, 20). </em></p>
<p><em><br />
¡Dejémonos contagiar por el silencio de san José! Nos hace tanta falta en un mundo con frecuencia demasiado ruidoso, que no favorece el recogimiento y la escucha de la voz de Dios. En este tiempo de preparación de la Navidad, cultivemos el recogimiento interior para acoger y custodiar a Jesús en nuestra vida». </em></p>
<p align="right"><em>Benedicto XVI. Ángelus 18 de diciembre de 2005. </em></p>
<p>&#8216; <strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana  </strong></p>
<p><em>1. Nos dice el gran Papa San León Magno: «</em><em>Nuestro Salvador, amadísimos hermanos, ha nacido hoy; alegrémonos. No puede haber, en efecto, lugar para la tristeza, cuando nace aquella vida que viene a destruir el temor de la muerte y a darnos la esperanza de una eternidad dichosa. Que nadie se considere excluido de esta alegría, pues el motivo de este gozo es común para todos, nuestro Se­ñor, en efecto, vencedor del pecado y de la muerte, así como no encontró a nadie libre de culpa, así ha venido para salvarnos a todos. Alégrese, pues, el justo, porque se acerca a la recompensa; regocíjese el pecador, porque se le brinda el perdón; anímese el pagano, porque es lla­mado a la vida». ¡Vivamos hoy la alegría por el nacimiento de nuestro Reconciliador! Compartamos esta alegría en nuestra familia, en nuestro trabajo, con nuestros amigos, con las personas necesitadas. </em></p>
<p><em>2. Volvamos a lo esencial de la Navidad. Todo el resto se subordina a la gran verdad de nuestra fe: Navidad es Jesús. ¿Qué voy hacer en mi familia para que éste sea el mensaje central en estos días? </em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 525-526.</em><strong> </strong></p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a>[1] Dei Verbum, 4.</p>
</div>
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		<title>Acá estoy&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Dec 2011 14:40:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Varios]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Llevar adelante un sitio es un tanto complicado, en especial en momentos en que el trabajo diario requiere un poco más de uno&#8230;</p>
<p>&#8230;Este no fue un año fácil para mi, no en lo laboral sino en lo espiritual; por eso les pido, por favor , me acompañen con sus oraciones.</p>
<p>Acá, aunque un tanto tarde, les dejo este vídeo que suelo compartir para esta época del año y solemos cantar en las misas&#8230;</p>
<p><iframe title="YouTube video player" class="youtube-player" type="text/html" width="425" height="344" src="http://www.youtube.com/embed/QgwGYYNZ4vE" frameborder="0" allowFullScreen="true"> </iframe></p>
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		<title>Domingo de la Semana 3 del Tiempo de Adviento. Ciclo B</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 19:01:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Yo soy la voz del que clama en el desierto» Lectura del profeta Isaías 61,1-2a. 10-11 «El espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«Yo soy la voz del que clama en el desierto»</em></p>
<p><strong>Lectura del profeta Isaías 61,1-2a. 10-11</strong></p>
<p>«El espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; a pregonar año de gracia de Yahveh, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran, “Con gozo me gozaré en Yahveh, exulta mi alma en mi Dios, porque me ha revestido de ropas de salvación, en manto de justicia me ha envuelto como el esposo se pone una diadema, como la novia se adorna con aderezos. Porque, como una tierra hace germinar plantas y como un huerto produce su simiente, así el Señor Yahveh hace germinar la justicia y la alabanza en presencia de todas las naciones”».</p>
<p><strong>Lectura de la Primera Carta a los Tesalonicenses 5,16-24</strong></p>
<p>«Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros. No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno. = Absteneos de todo género de mal. = Que El, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo,  se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama y es él quien lo hará».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Juan 1, 6-8.19-28</strong></p>
<p>«Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: “¿Quién eres tú?” El confesó, y no negó; confesó: “Yo no soy el Cristo”». Y le preguntaron: “¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?” El dijo: “No lo soy.” – “¿Eres tú el profeta?” Respondió: “No.” Entonces le dijeron: “¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?”</p>
<p>Dijo él: “Yo soy &#8211; voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, = como dijo el profeta Isaías.” Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: “¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.” Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando».</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p><em>«¿Quién eres tú?».</em>Ciertamente la figura de San Juan Bautista es bastante inquietante para las autoridades religiosas judías. <em>«Si no eres el Cristo (es decir el Mesías), ni Elías, ni el profeta, por qué bautizas?».</em> Es que Juan viene a cumplir una misión que es la de allanar los caminos del Señor (ver Is 40,3-5). Pero él no es el Cristo y no quiere ser confundido con Él. <em>«El espíritu del Señor me ha enviado para dar la buena nueva&#8230;me ha enviado para anunciar&#8230;» </em>(Is 61,1-2). Jesús iniciará su predicación haciendo suyo el pasaje de Isaías acerca de aquél que, ungido por el Espíritu de Dios, viene a anunciar la Buena Nueva y la liberación a los cautivos. Finalmente, San Pablo, el apóstol enviado por el mismo Jesús, llevará a cabo su misión mediante la predicación y sus cartas. En su primera carta a los Tesalonicenses les exhorta a vivir de acuerdo al mensaje anunciado y a estar preparados para la venida de nuestro Señor Jesucristo que <em>«es fiel a sus promesas» </em>como también leíamos en la Segunda Lectura de la Carta de San Pedro (ver 2Pe 3, 8-9) del Domingo anterior.</p>
<p>«¡<strong>Alégrense! el Señor está más cerca…»</strong></p>
<p>El tono general de este tercer Domingo de Adviento está dado por la antífona de entrada: <em>«Estad alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. ¡El Señor está cerca!» (Fil 4,4.5).</em> Esa doble invitación a la alegría se expresa en latín con una sola palabra: «Gaudete». Y esta exhortación es la que ha dado tradicionalmente el nombre a este Domingo, ubicado en el centro del Adviento. Por este motivo hay una mitigación en la nos­talgia por la ausen­cia del Señor, que se expresa por el color de los ornamentos del sacerdote: no ya morado, que es el propio del Adviento, sino rosado.</p>
<p>Una análoga invitación a la alegría había sido usada también, tiempo antes, por el ángel Gabriel, cuando, enviado por Dios, entró en la presencia de María, la Virgen de Nazaret: «<em>Alégrate</em>, llena de gracia, el Señor está contigo». Con este saludo llegaba para ella y para todo el pueblo de Israel la definitiva invitación al júbilo mesiánico (ver Zac 9, 9-10) ya que por ella Dios mismo se disponía finalmente a dar cumplimiento a todas las promesas de salvación hechas a Israel.</p>
<p>Podemos decir que el tema que la Iglesia nos propone para meditar hoy es el de la alegría, pero no el de una alegría cualquiera, sino el de la alegría que se vive por la cercanía del Señor, que, en otras palabras, es la alegría que Santa María experimentó de modo eminente. Por ello, ¿qué mejor que acercarnos a la meditación a través del Corazón amoroso de la Madre Virgen? Su experiencia única y singular es la que hace madurar a los discípulos del Señor en la profunda alegría, en la silenciosa espera; que se vive cuando se experimenta la cercanía del Señor.</p>
<p><strong>«Su nombre era Juan»</strong></p>
<p>Las primeras palabras de hoy están tomadas del prólogo del cuarto Evange­lio: <em>«Hubo un hombre enviado por Dios; su nombre era Juan». </em>Este nombre es importante en el Evangelio. Aquí vemos que está destacado. El cuarto Evangelio es llamado el <em>«Evan­gelio según San Juan</em>» pero, curiosamente, en este Evangelio se reserva el nombre de Juan a un solo personaje: al «Bautista». El apóstol del Señor, que conocemos por los otros Evangelios con el nombre de Juan, se llama siempre a sí mismo «el discípulo amado». El Evangelio concluye con su dis­creta firma: <em>«Éste es el discípulo que da testimo­nio de estas cosas y que las ha escrito» </em>(Jn 21,24).</p>
<p>Ya en otro episodio evangélico ha merecido especial aten­ción el nombre de Juan el Bautista. Al igual que Jesús, este nombre le fue dado por el ángel Gabriel, cuando anunció su nacimiento a su padre Zacarías, mientras éste estaba ofi­ciando en el santua­rio en la presencia de Dios (ver Lc 1,13). Juan era hijo único de madre estéril y avanzada en años. Como es natural, cuando nació todos que­rían llamarlo igual que su padre: Zacarías. Su madre, para sorpresa de todos, intervino: <em>«No; se llamará Juan» </em>(Lc 1,60). Y cuando interroga­ron al padre, éste escribió en una tabli­lla: <em>«Su nombre es Juan».</em> El nombre dado en el nacimiento expresa ordinariamente, según la mentalidad judía, la actividad o la misión del que lo lleva. ¿Qué signi­fica entonces Juan? En hebreo suena «Yohanan». Es un nombre teóforo (contiene la palabra Dios) que significa: «<em>El Señor ha hecho miseri­cor­dia»</em>.</p>
<p>«<strong>¿Quién eres…?»</strong></p>
<p>Juan es la alborada que precede a la luz verdadera. Es el primer anuncio. Con su nacimiento comienza a cumplirse la promesa de salva­ción. Había en él muchos rasgos que anuncian a Cristo mismo y por eso es necesario aclarar: <em>«No era él la luz, sino que debía dar testimonio de la luz</em>». Y cuando vienen los sacer­dotes y levitas a preguntarle: <em>«Quién eres tú</em>», el decla­ra lo que no es: <em>«No soy el Cristo, no soy Elías, no soy el profe­ta</em>». Juan nos deja un ejemplo admirable de modestia, de humildad y de fidelidad a su misión. El define a Cristo así: <em>«En medio de vosotros está uno que no conocéis, que viene detrás de mí, a quién yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia».</em></p>
<p>Pero por más que quisiera decrecer para que Cristo creciera, fue Jesús mismo quien lo exaltó. El no era la luz verdadera, pero parti­cipaba de ella. Él no era la Verdad pero daba testimonio de ella. Así lo declara Jesús: <em>«Voso­tros mandasteis enviados donde Juan y él dio testimonio de la ver­dad&#8230; él era la lámpara que arde y alumbra y voso­tros quisis­teis recrearos una hora con su luz» </em>(Jn 5,33. 35). Hay motivos para aseme­jarlo a Jesús, que dijo sobre sí mismo ante Poncio Pilato: <em>«Para esto he venido al mundo: para dar testi­monio de la ver­dad» </em>(Jn 18,37).</p>
<p>Las preguntas de los enviados nos revelan la situación de expectati­va que se vivía entonces en Israel. Es que se estaba cum­pliendo el tiempo, en realidad, ya había llegado el tiempo de gracia y de salvación: <em>«En medio de vosotros está uno que no cono­céis</em>». Se esperaba el Cristo, el Ungido, hijo de David que vendría a reinar y liberar al pueblo. Se esperaba a Elías que, habiendo sido arrebatado al cielo en un carro de fuego, debía volver a la tierra. Se esperaba un «profeta», según la antigua promesa de Dios transmitida por Moisés: <em>«Yo les suscitaré, de en medio de sus hermanos, un profeta semejante a tí, pondré mis pala­bras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande» </em>(Dt 18,18).</p>
<p>Respecto de estos tres perso­najes Juan declaró: <em>«No soy yo»</em>. Pero fue exaltado también en esto. No soy Elías. Pero en su anunciación el ángel Gabriel había dicho a su padre Zaca­rías: <em>«Irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías» </em>(Lc 1,17). Y Jesús va más allá aun: <em>«El es Elías, el que iba a venir» </em>(Mt 11,14)<em>.</em> No soy el profeta. Pero, cuando Je­sús habla a la gente, que había ido al desierto para ver a Juan el Bautista, les pregunta: <em>«¿Qué salisteis a ver al desierto: un profeta?</em>». Y él mismo se responde: <em>«Sí, os digo, y más que un profeta&#8230; entre los nacidos de mujer no ha surgido uno mayor que Juan el Bautis­ta» </em>(Mt 11,9).</p>
<p><strong>«Yo no soy el Cristo»</strong></p>
<p><em>«Yo no soy el Cristo»</em>. Esta es la única afirmación que Juan se adelanta a hacer sin que le pregunten. Y en esta fue tajante. Él mismo después insiste ante sus discípulos: <em>«Voso­tros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de Él. El que tiene a la esposa es el esposo; pero el amigo del esposo, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del esposo. Esta es pues mi alegría, que ha alcanzado su plenitud. Es preciso que Él crezca y que yo disminuya&#8221; </em>(Jn 3,28-30). Aquí está completo el testi­monio de Juan. Para este testimonio vino. Y si Jesús lo exaltó llamándolo Elías y profeta, no pudo llamarlo Cristo. A este nombre responde sólo Jesús y lo hace solemne­mente, cuando en el curso de su juicio ante el Sanedrín, el Sumo Sacerdote le pregunta: <em>«¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?</em>». Entonces Jesús responde: <em>«Sí, yo soy» </em>(Mc 14,61-62).</p>
<p><strong>«Estad siempre alegres. Orad sin cesar»</strong></p>
<p>El apóstol Pablo sabe muy bien que los tesalonicenses, con sus solas fuerzas, no podrán poner en  práctica cuanto ha venido aconsejando, pues la santificación si bien requiere nuestra colaboración, es obra principalmente de Dios. Por eso pide para ellos que Dios <em>«los santifique plenamente». </em>De modo que todo su ser (cuerpo, alma y espíritu) se mantengan irreprochables y así aparezcan luego, cuando llegue el momento solemne de la parusía o segunda venida de Jesucristo.</p>
<p>No deben jamás desconfiar de Dios, pues es Él quien los ha llamado a la fe y, consiguientemente, dará todo lo necesario para llevar a cabo su obra. <em>«(Estoy) firmemente convencido de que, quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús» </em>(Flp 1,6. Ver también Rom 4, 20-21; 1Cor 1,9).</p>
<p><strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«Desde hace veinte siglos esta fuente de alegría no ha cesado de manar en la Iglesia y especialmente en el corazón de los santos. Vamos a sugerir ahora algunos ecos de esta experiencia espiritual, que ilustra, según los carismas peculiares y las vocaciones diversas, el misterio de la alegría cristiana.</em></p>
<p><em>El primer puesto corresponde a la Virgen María, llena de gracia, la Madre del Salvador. Acogiendo el anuncio de lo alto, sierva del Señor, esposa del Espíritu Santo, madre del Hijo eterno, ella deja desbordar su alegría ante su prima Isabel que alaba su fe: «Mi alma engrandece al Señor y exulta de júbilo mi espíritu en Dios, mi Salvador&#8230; Por eso, todas las generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc 1,46-48). Ella mejor que ninguna otra criatura, ha comprendido que Dios hace maravillas: su Nombre es santo, muestra su misericordia, ensalza a los humildes, es fiel a sus promesas. </em></p>
<p><em>Sin que el discurrir aparente de su vida salga del curso ordinario, medita hasta los más pequeños signos de Dios, guardándolos dentro de su corazón, y no es que haya sido eximida de los sufrimientos: ella está presente al pie de la cruz, asociada de manera eminente al sacrificio del Siervo inocente, como madre de dolores. Pero ella está a la vez abierta sin reservas a la alegría de la Resurrección; también ha sido elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo. </em></p>
<p><em>Primera redimida, inmaculada desde el momento de su concepción, morada incomparable del Espíritu, habitáculo purísimo del Redentor de los hombres, ella es al mismo tiempo la Hija amadísima de Dios y, en Cristo, la Madre universal. Ella es el tipo perfecto de la Iglesia terrestre y glorificada. Qué maravillosas resonancias adquieren en su singular existencia de virgen de Israel las palabras proféticas relativas a la nueva Jerusalén: «Altamente me gozaré en el Señor y mi alma saltará de júbilo en mi Dios, porque me vistió de vestiduras de salvación y me envolvió en un manto de Justicia, como esposo que se ciñe la frente con diadema, y como esposa que se adorna con sus joyas» (Is 61,10).</em></p>
<p><em>Junto con Cristo, ella recapitula todas las alegrías, vive la perfecta alegría prometida a la Iglesia: «Mater plena sanctae laetitiae», y, con toda razón, sus hijos de la tierra, volviendo los ojos hacia la madre de la esperanza y madre de la gracia, la invocan como causa de su alegría: «Cause nostrae laetitiae».</em></p>
<p align="right"><em>Pablo VI, Gaudete in Domino, exhortación apostólica sobre la alegría cristiana. </em></p>
<p><strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana  </strong></p>
<p><em>1.</em><em>Pidamos a Juan Bautista su intercesión para que crezca en nosotros un verdadero amor por la verdad y la justicia. </em></p>
<p><em>2. ¿De qué manera concreta puedo vivir la auténtica alegría cristiana en mi familia?</em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 522- 524. 721-722. </em></p>
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		<title>Domingo de la Semana 1 del Tiempo de Adviento. Ciclo B</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Nov 2011 12:54:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Estad atentos y vigilad » Lectura del profeta Isaías 63,16b-17.19b; 64,2b-7 «Tú, Yahveh, eres nuestro Padre,  tu nombre es «El que nos rescata» desde siempre. ¿Por qué nos dejaste errar, Yahveh, fuera de tus caminos, endurecerse nuestros corazones lejos de tu temor? Vuélvete, por amor de tus siervos, por las tribus de tu heredad.  ¡Ah [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«Estad atentos y vigilad »</em></p>
<p><strong>Lectura del profeta Isaías 63,16b-17.19b; 64,2b-7</strong></p>
<p>«Tú, Yahveh, eres nuestro Padre,  tu nombre es «El que nos rescata» desde siempre. ¿Por qué nos dejaste errar, Yahveh, fuera de tus caminos, endurecerse nuestros corazones lejos de tu temor? Vuélvete, por amor de tus siervos, por las tribus de tu heredad.  ¡Ah si rompieses los cielos y descendieses &#8211; ante tu faz los montes se derretirían! Tú descendiste: ante tu faz, los montes se derretirán. Nunca se oyó. No se oyó decir, ni se escuchó, ni ojo vio  a un Dios, sino a ti, que tal hiciese para el que espera en él. Te haces encontradizo de quienes se alegran y practican justicia y recuerdan tus caminos. He aquí que estuviste enojado, pero es que fuimos pecadores; estamos para siempre en tu camino y nos salvaremos.</p>
<p>Somos como impuros todos nosotros, como paño inmundo todas nuestras obras justas. Caímos como la hoja todos nosotros, y nuestras culpas como el viento nos llevaron. No hay quien invoque tu nombre, quien se despierte para asirse a ti. Pues encubriste tu rostro de nosotros, y nos dejaste a merced de nuestras culpas. Pues bien, Yahveh, tú eres nuestro Padre. Nosotros la arcilla, y tú nuestro alfarero, la hechura de tus manos todos nosotros».</p>
<p><strong>Lectura de la primera carta de San Pablo a los cristianos de Corinto 1, 3-9</strong></p>
<p>«Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo. Doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús, pues en él habéis sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento, en la medida en que se ha consolidado entre vosotros el testimonio de Cristo.</p>
<p>Así, ya no os falta ningún don de gracia a los que esperáis la Revelación de nuestro Señor Jesucristo. El os fortalecerá hasta el fin para que seáis irreprensibles en el Día de nuestro Señor Jesucristo. Pues fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión con su hijo Jesucristo, Señor nuestro».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 13,33-37</strong></p>
<p>«Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento. Al igual que un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena  al portero que vele; velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!»</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong><strong> </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>Con el I Domingo de Adviento comienza un nuevo año litúrgico (ciclo B). Jesucristo es el centro de la historia humana. Su venida al mundo es el aconteci­miento más importante de toda la historia, de manera que todo lo que ocurre dentro del tiempo se clasifica en «antes» o «des­pués de Cristo». Justamente las lecturas de este Domingo se refieren a esa anhelante espera así como a la salvación prometida por Dios. En la Primera Lectura tenemos una bellísima oración, en forma de salmo<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a>[1], que expresa los sentimientos de los israelitas que volvían alegres a la tierra prometida después del destierro, pero advertían que, extrañamente, la intervención salvífica de Dios se hacía esperar: <em>«¡Ah si rompieses los cielos y descendieses!»</em> Hay dolor por la realidad actual, pero esperanza serena en la promesa del Señor. En la Segunda Lectura San Pablo nos dice que ya no nos falta ningún don: todo ya ha sido dado en Jesucristo para nuestra Reconciliación ya que Dios es siempre fiel a todas sus promesas. El Evangelio de San Marcos indica cuál debe de ser la actitud normal del creyente consecuente con su fe: la espera vigilante. ¡El Señor está para llegar en cualquier momento en nuestras vidas! Qué absurdo resulta entonces no vigilar y mas aún quedarnos dormidos…no sea que llegue de improviso.</p>
<p>«<strong>Yahveh, tú eres nuestro Padre y Redentor desde siempre»</strong></p>
<p>Después de recordar la actitud providente de Dios con su pueblo, Isaías invita a Yahveh a manifestar de nuevo sus cuidados y prodigios. Le pide que contemple desde el cielo (ver 63,15) y vea la situación actual de su pueblo abandonado: <em>«¿dónde está tu celo y tu fortaleza…?¿Y tus misericordias ante mí se han contenido?». </em>Sin embargo el profeta reconoce que Yahveh es el único que los puede rescatar y redimir<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a>[2] de sus culpas. El profeta alza al cielo una pregunta y pregunta por qué los deja andar errantes por sus caminos o caprichos, permitiendo que se endurezca su corazón, de modo que no obren según el temor de Dios.</p>
<p>Esta situación de abandono hace que el profeta sienta ansias de que se <em>«abran los cielos»,</em> el único obstáculo físico entre Dios y su pueblo. Sin embargo, después de reconocer los pecados del pueblo, el profeta apela a la misericordia de Dios: Israel es su pueblo y Yavheh no es indiferente a sus calamidades. <em>«Pues bien, Yahveh, tú eres nuestro Padre. Nosotros la arcilla, y tú nuestro alfarero, la hechura de tus manos todos nosotros». </em>La única razón de existir de Israel es justamente la elección de Dios. Y esto nunca está lejos del corazón de Dios.</p>
<p><strong>«Estad atentos y vigilad» </strong></p>
<p>El Evangelio de este Domingo comienza con estas palabras de Jesús: <em>«Estad aten­tos y vigilad, porque igno­ráis cuándo será el momento&#8221;</em>. Y luego Jesús agrega una parábola para ilustrar la necesidad de estar siempre a la espera: <em>«Es igual que un hombre que se ausenta&#8230; y ordena al portero que vele: velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la ca­sa&#8230;»</em>. En el breve Evange­lio de este Domingo es claro que no sabemos el momento, pero no se nos aclara el momento de qué. Es porque ya lo ha dicho Jesús antes: <em>«Entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vien­tos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo» </em>(Mc 13,26-27).</p>
<p>Lo importante es fijar ahora nuestra mirada en ese momento de la venida final de Jesús. Si el momento de la primera venida de Cristo, con una ciencia más depurada, podría llegar a fijarse con precisión, el momento de su última venida es imposible predecirlo. Esto es un punto firme de la enseñanza de Cris­to, tanto que llega a decir: <em>«De aquel día y hora nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre» </em>(Mc 13,32). <em>«Nadie sabe nada»;</em> y entre los que excluye el conocimiento de este día, excluye también al Hijo (se entiende en su condición humana, que es la situa­ción en que habría podido revelarlo). Hay una sola excep­ción: el Padre. Es que Dios no tiene sucesión de tiempo; Él ve toda la historia presente de punta a cabo. Es como el autor de una pieza de teatro que en el momento de crearla ya sabe cuándo empieza y cuándo termina. Nadie más lo sabe por más que aparezcan los clásicos <em>«sabedores de todas las ciencias ocultas»</em> que quieran embaucarnos con falsas previsiones.</p>
<p>Alguien podría pensar que el tema de la espera vigi­lante es más intenso ahora que antes, pues ahora estamos más cerca del fin. En realidad, el tema de la vigilancia rige en todas las edades con igual intensidad. Este es el sentido de la amplia­ción de los destinatarios que leemos en el Evangelio: <em>«Lo que a vosotros digo, lo digo a todos: ¡Velad!». </em>Lo que Jesús mandaba a los de su tiempo lo manda también a noso­tros más de 2000 años después, y su voz resuena con la misma urgencia en todas las edades intermedias. Es esencial a la condición cristiana estar en vela siempre y esperando. La advocación cristiana más antigua lo atesti­gua: <em>«Marana tha: Señor, ven»</em> (1Cor 16,22).</p>
<p><strong>«No sea que los encuentre dormidos…» </strong></p>
<p>San Agustín comentando sobre la vigilancia distingue el sueño del cuerpo y el sueño del alma: <em>«Dios ha concedido al cuerpo el don del sueño, con el cual se restauran sus miembros, para que puedan sostener al alma vigilante. Lo que debemos evitar es que nuestra alma duerma. Malo es el sueño del alma. El sueño del alma es el olvido de su Dios&#8230; A éstos el apóstol dice: &#8216;Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo&#8217; (Ef 5,14). Así como el que duerme corporalmente de día, aunque brille el sol y el día caliente, es como si estu­viera de noche; así también algunos, ya presente Cristo y anuncia­da la verdad, yacen en el sueño del alma».  </em></p>
<p>El que duerme tiene que despertarse ahora; no mañana, porque no sabe si el Señor viene <em>«al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada</em>». No hay que ser como ese hombre que tenía el vicio del juego y dijo: <em>«Prometo que desde mañana ya no jugaré más; esta noche será la última vez». </em>Éste está perdido, porque mañana dirá lo mismo y así sucesivamente, y el día del Señor lo sorprenderá durmiendo. Hay que ser como este otro: <em>«Mañana no sé; pero esta noche, no».</em> El primero se parece demasiado a los que duermen y dicen hoy, al comenzar el Adviento: <em>«Me volveré a Dios sin falta para Navidad</em>». Es seguro que cuando llegue la Navidad, dirán: <em>«Lo haré sin falta en Cuares­ma&#8230;, etc.». </em>A cada uno nos manda el Señor el mismo mensaje que envió a la Iglesia de Laodicea: <em>«Sé ferviente y arrepiénte­te. Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» </em>(Ap 3,19-20).</p>
<p><strong>El tiempo de espera </strong></p>
<p>El tiempo de Adviento es un tiempo de con­versión, de peni­tencia, de sobriedad, de vigilancia, de ayuno, porque «nos ha sido quita­do el Esposo» y todavía no vuelve. El entonces Cardenal Joseph Ratzinger nos explica bellamente: <em>«</em><em>Reflexionemos un poco acerca de lo que significa la palabra «adviento». Esta es una palabra latina, que en nuestro idioma, se puede traducir por «presencia» o «llegada» o «venida». En el lenguaje del Antiguo Testamento se designaba la llegada de algún personaje oficial, especialmente la de reyes o los césares a la provincia. </em></p>
<p><em>Pero también podía expresar la llegada de la divinidad, la cual salía de su ocultamiento y manifestaba con poder su actuación, o cuya presencia en el culto se celebraba de una manera festiva y solemne. </em><em>Esta palabra la tomaron los cristianos para expresar su relación especial respecto a Jesucristo. Él es para ellos el rey que hizo su entrada en esta pobre provincia de la tierra y a la que Él regala la fiesta de su visita; Él es aquél en cuya presencia en la reunión litúrgica ellos creen. De un modo general, ellos trataban de decir con esta palabra: Dios está aquí. Él no se retiró del mundo. No nos dejó solos. Aun cuando no podamos verle y tocarle, como si se tratara de una cosa, sin embargo, está aquí y viene a nosotros de muchas maneras. </em></p>
<p><em>Un segundo elemento fundamental del adviento es el aguardar, lo cual, al mismo tiempo, es una esperanza</em><em>. El adviento representa lo que es, en fin de cuentas, el contenido del tiempo cristiano y el contenido de la historia. Jesús dejó ver esto en muchas parábolas: en la historia de los criados que aguardan al regreso de su Señor o que se olvidan del mismo y que actúan como si ellos fueran los dueños; en la narración acerca de las vírgenes que esperan al novio o que no le quieren esperar, y en las parábolas de la semilla y de la cosecha.</em></p>
<p><strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«Con este primer Domingo de Adviento se abre el nuevo año litúrgico y, más específicamen­te, se inicia el período de preparación para la Navi­dad. Toda la Iglesia, peregrina en el mundo, se pone en camino hacia el Mesías esperado. Dios es «Aquel que viene»: vino a nosotros en la persona de Jesucristo; sigue viniendo en los sa­cramentos de la Iglesia y en todo ser humano que implora nuestra ayuda; y vendrá en la gloria al final de los siglos. Por eso, el Adviento se ca­racteriza por la espera vigilante y activa, alimen­tada por el amor y la esperanza, que se expresa en la alabanza y la súplica y se traduce en obras concretas de caridad fraterna. </em></p>
<p><em>El Adviento (nos prepara a celebrar) la venida del Salvador en la humildad de nuestra naturaleza humana. (…) Prepararse para la Navidad significa este año disponerse a entrar por la Puerta santa, símbolo del paso a la vida nueva y eterna, que Jesucristo vino a abrir ante todo hombre. Esto acentúa la dimensión penitencial, ya presente en el tiempo de Adviento, y que recuerda con fuerza la figura de Juan el Bautista, el cual enseña precisamente que el camino del Señor se prepara con el cam­bio de mentalidad y de vida (cf. Mt 3, 1-3). </em></p>
<p><em>El Adviento es tiempo mariano por excelen­cia, porque María esperó y acogió de manera ejemplar al Hijo de Dios hecho hombre. Que la Virgen santísima nos ayude a abrir las puertas de nuestro corazón a Cristo, Redentor del hombre y de la historia; nos enseñe a ser humildes, porque en el humilde pone Dios su mirada; nos haga comprender cada vez más el valor de la oración, del silencio interior y de la escucha de la palabra de Dios; nos impulse a una íntima y sincera bús­queda de la voluntad de Dios, incluso cuando al­tera nuestros proyectos; y nos anime a esperar al Señor, compartiendo nuestro tiempo y nuestras energías con los necesitados. Madre de Dios, Virgen de la espera, haz que el Dios que viene nos encuentre dispuestos a acoger la abundancia de su misericordia».</em></p>
<p align="right"><em> </em></p>
<p align="right"><em>Juan Pablo II.</em><em>  Ángelus,  28 de noviembre de 1999. </em></p>
<p>&#8216;<strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana  </strong></p>
<p><em>1. Vivamos junto con la Iglesia  la espera del nacimiento del Niño Jesús. Preparemos y encendamos la primera vela de la corona de adviento en familia. </em></p>
<p><em>2. Nuestra esperanza no se da en abstracto. ¿Cómo voy a vivir de manera concreta esa espera? ¿Qué medios voy a colocar para poder en este tiempo acercarme más a Jesús y a María? </em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 524. 1095. 1817-1821. </em></p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a>[1] Los salmos son oraciones que expresan toda clase de afectos y experiencias humanas, pero principalmente manifiestan una fe y una confianza profunda en Dios.</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a>[2] Redimir: (Del lat. redim&#277;re).<a name="0_1"></a> Rescatar o sacar de esclavitud al cautivo mediante precio. Dicho de quien cancela su derecho o de quien consigue la liberación: Dejar libre algo hipotecado, empeñado o sujeto a otro gravamen.<a name="0_4"></a> Librar de una obligación o extinguirla. Poner término a algún vejamen, dolor, penuria u otra adversidad o molestia.</p>
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		<title>Solemnidad Jesucristo, Rey del Universo. Ciclo A</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Nov 2011 12:18:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«¡Venid, benditos de mi Padre!» Lectura del profeta Ezequiel 34,11-12.15-17 «Porque así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«¡Venid, benditos de mi Padre!»</em></p>
<p><strong>Lectura del profeta Ezequiel 34,11-12.15-17 </strong></p>
<p>«Porque así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas. En cuanto a vosotras, ovejas mías, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío».</p>
<p><strong>Lectura de la primera carta de San Pablo a los Corintios 15,20-26.28 </strong></p>
<p>«¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron. Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicias; luego los de Cristo en su Venida. Luego, el fin, cuando entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo Principado, Dominación y Potestad. Porque debe él reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la Muerte. Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 25,31-46</strong></p>
<p>«Y cuando viniere el Hijo del hombre en su majestad, y todos los ángeles con él, se sentará entonces sobre el trono de su majestad. Y serán todas las gentes congregadas ante él, y apartará los unos de los otros, como el pastor aparta las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. Entonces dirá el rey a los que estarán a su derecha: &#8216;Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino que os está preparado desde el establecimiento del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era huésped, y me hospedasteis; Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estaba en la cárcel, y me vinisteis a ver&#8217;. Entonces le responderán los justos, y dirán: &#8216;Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? Y ¿cuándo te vimos huésped, y te hospedamos; o desnudo, y te vestimos? O ¿cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y te fuimos a ver?&#8217;</p>
<p>Y respondiendo el rey, les dirá: &#8216;En verdad os digo, que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis&#8217;. Entonces dirá también a los que estarán a la izquierda: &#8216;Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, que está aparejado para el diablo y para sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; Era huésped, y no me hospedasteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis&#8217;.</p>
<p>Entonces ellos también le responderán, diciendo: &#8216;Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o huésped, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?&#8217; Entonces les responderá, diciendo: &#8216;En verdad os digo: Que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, ni a mí lo hicisteis&#8217;. E irán estos al suplicio eterno, y los justos a la vida eterna&#8221;».</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>El año litúrgico se cierra siempre con la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo. Desde la reforma litúrgi­ca la Iglesia ha reservado este último Domingo del año para contemplar a Jesucristo en la plenitud de su gloria y poder. La primera lectura, tomada del profeta Ezequiel, manifiesta el amor del Señor que se desvive por buscar a sus ovejas, sigue su rastro, las apacienta, venda sus heridas, cura las enfermas. El Señor, en persona, va juzgar entre oveja y oveja (Primera Lectura). Asimismo el Salmo Responsorial 22 destaca el amor y la misericordia del Señor que como Buen Pastor conduce, guía y conforta a sus ovejas. San Pablo, en la carta a los Corintios, nos habla del poder de Cristo que aniquilará todos los poderes hostiles al Reino de Dios. El último enemigo en ser vencido será la muerte (Segunda Lectura).</p>
<p>Finalmente el Evangelio nos presenta la venida definitiva del <em>«Hijo del Hombre»</em> que viene para separar a unos de otros, como un pastor separa a las ovejas de las cabras. El criterio que seguirá el Señor en este día, será el criterio del amor y la caridad: porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber&#8230; Todos los que hayan practicado el amor a Cristo y a sus hermanos irán a la vida eterna; los otros, al castigo eterno (Evangelio), ya que, como nos dice San Juan de la Cruz,  <em>«en la tarde de la vida seremos examinados sobre el amor». </em></p>
<p><strong>«Yo soy el Buen Pastor»</strong></p>
<p>El profeta Ezequiel nos ofrece uno de los textos más bellos del Antiguo Testamento. En él se repite hasta tres veces que «el <em>Señor mismo»</em> es quien se preocupa por cada una de sus ovejas; la busca si se han perdido, la cura si está herida, le ofrece pastos abundantes si padece hambre.</p>
<p>Los malos pastores, aquellos que no buscan el «bien común» de sus hermanos, han dejado que se pierdan las ovejas, se han aprovechado de ellas; por eso, el profeta anuncia que será Dios mismo quien ahora cuidará del rebaño. <em>«Y suscitaré sobre ellos un solo pastor que las apacentará, mi siervo David, él las apacentará y será su pastor; y yo, el Señor seré su Dios, y mi siervo David, su príncipe en medio de ellos. Yo, el Señor, he hablado» </em>(Ez 34, 23-24).Dios que es justo y ejerce esta justicia con amor juzgará a cada una de las ovejas y <em>«vendrá a salvar a (sus) ovejas para que no estén expuestas a los peligros»</em>.</p>
<p>El bellísimo salmo 22 se referirá nuevamente al buen pastor para hablar del Señor. Cuánto conforta saber que «Dios mismo» es nuestro pastor, que «Dios mismo» nos conduce y repara nuestras fuerzas, nos guía por senderos de justicia. Este buen pastor será, al final de nuestra vida, quien nos juzgará. Es verdad, Cristo Jesús, que se encarnó y vino a la tierra como el Buen Pastor en busca de sus ovejas, desea que todas ellas estén en el redil, desea que todas ellas formen parte de su rebaño. No permite que le sea arrebatada ninguna.</p>
<p>El pastor, al final del texto de Ezequiel, separa oveja de oveja. Se trata pues de una llamada urgente para decidirse a favor o en contra del Señor. No hay lugar para términos medios. Quien no está con Él estará contra Él. Muchos, lamentablemente, no quieren oír los ruegos del Señor y no quieren <em>«ser del rebaño de Jesús».   </em></p>
<p><strong>Cristo vence a todos los enemigos del hombre</strong></p>
<p>Cristo, Rey del Universo, vence a todo los enemigos del hombre.  Así, en la carta a los Corintios, San Pablo habla de todos los principados y potestades<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a>[1] que se oponen al Reino de Dios. «<em>Todos los enemigos deben quedar bajo el estrado de sus pies»,</em> porque al final de los tiempos se debe realizar toda justicia. Al final, el mal será definitivamente derrotado por el bien y por el amor; pero recordemos que el triunfo del Reino de Cristo no tendrá lugar sin un último asalto de las fuerzas del mal. <em>«No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien» </em>(Rm 12,21).</p>
<p>El enemigo de Dios y del hombre, el diablo, sufrirá la última derrota de frente a Cristo resucitado, Señor de vivos y de muertos. ¡Cómo deberían incidir en nuestras vidas, verdades tan fundamentales y decisivas! Cristo tiene que reinar. Cristo reinará y vencerá el último enemigo, la muerte.</p>
<p>En su bello libro <em>«Memoria e Identidad»<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a><strong>[2]</strong></em> el recordado Juan Pablo II nos dice: <em>«He aquí la respuesta a la pregunta esencial: el sentido más hondo de la historia rebasa la historia y encuentra la plena explicación en Cristo, Dios-Hombre. La esperanza cristiana supera los límites del tiempo. El reino de Dios se inserta y se desarrolla en la historia humana pero su meta es la vida futura». </em></p>
<p><strong>«¿Pero cuándo te vimos desnudo, hambriento, enfermo o en la cárcel?»</strong></p>
<p>Siempre que escuchamos acerca del «Juicio Final» tenemos la tentación de pensar que ésta es una realidad bastante lejana de nuestra vida cotidiana. ¡Todavía falta tanto tiempo…! Justamente lo que el Señor Jesús hace es traernos lo más cerca posible esta realidad última.  El pasaje se inicia hablando sobre el «Hijo del hombre»<a title="" name="_ftnref3" href="#_ftn3"></a>[3] que vendrá en su gloria. Este es el nombre que Jesús adoptó para referirse a su propia perso­na y es un título enigmático que al mismo tiempo oculta y revela su miste­rio. En efecto, el Hijo eterno de Dios que estaba en los esplendores de la gloria del Padre, <em>«se despojó de sí mismo tomando la condi­ción de siervo hacién­dose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como un hombre; y se humilló a sí mismo, obede­ciendo hasta la muerte y muerte de cruz» </em>(Fil 2,7-8). Cuando Jesús estaba ante los Sumos Sacerdo­tes y el Sanedrín, respondiendo sobre quién era, dice: <em>«Sí, y yo os aseguro que veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo» </em>(Mt 26,64). El que estaba siendo juzgado y condenado por los hombres, es el mismo que al final de la historia vendrá como Juez de vivos y muertos y serán congregadas ante Él todas las naciones. Pondrán unos a su derecha y otros a su izquierda.</p>
<p>¿Cuál será el criterio para decidir quiénes irán a un lado u otro? Ante todo sabemos que no es insignificante el estar a la derecha o a la izquierda ya que nuestra «eternidad» depende de ello. La diferencia entre una situación y la otra es total: unos son llamados «benditos de mi Padre» y los otros, «mal­ditos»; unos poseen el Reino y los otros van al fuego eter­no. Pero por otro sabemos que no es una sentencia arbitraria, porque el Juez explica los motivos de la glorificación o de la condenación eterna. A los de la derecha el Rey dirá: <em>«Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era forastero y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, estaba enfermo y me visitasteis, estaba en la cárcel y vinisteis a verme».</em> La sorpresa ahora será mayúscula ya que, aparentemente, nunca se han encontrado con el Señor.</p>
<p>Sin embargo la respuesta aclara la duda: <em>«Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicis­teis»</em>. El Rey se identifica con los hambrientos, los sedientos, los desnudos, los enfermos, los débiles, los encarcelados, los despreciados del mundo. Si queremos ser gratos al Rey, el único modo que tenemos aquí en la tierra es hacerlo en aquéllos a quie­nes él llama <em>«mis hermanos más pequeños</em>». Nunca jamás se ha elevado a una dignidad mayor a los pobres y necesitados. A los de la izquierda dirá lo contrario y éstos preguntarán: <em>«¿Cuándo&#8230;cuándo?»</em>. Y la sentencia seguirá la misma lógica que la anterior: <em>«Cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, conmigo dejasteis de hacerlo».</em></p>
<p><strong>La última y definitiva sentencia </strong></p>
<p>El juicio es final y la sentencia por lo tanto es definiti­va: <em>«Irán unos al castigo eterno y los otros a la vida eter­na</em>». Ambas situaciones son «eter­nas» y no habrá tribunal de apela­ción ya que no habrá más tiempo ni espacio. El criterio discriminante está claramente expuesto: el amor. San Agustín nos dice: <em>«El amor es la consumación de todas nuestras obras. En el amor está el fin. Hacia él corremos». </em>Sabemos claramente qué nos van a examinar.</p>
<p>Toca a cada uno preparar bien la respuesta que daremos. La única actitud que no podremos tener es la de preguntar: <em>«¿Cuándo, Señor, te vimos en necesi­dad?».</em> Nunca se expresó en modo más claro que el amor a Dios y amor al prójimo constituyen un solo amor: amando a los pequeños de este mundo es a Cristo mismo a quien amamos.</p>
<p><strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>« Os exhorto a vosotras, queridas fami­lias, a no tener miedo de vivir un amor exigente que revista, como escribe el apóstol Pablo, las características de la paciencia, la benignidad y la esperanza (cf. 1 Cor 13, 4. 7). A vosotros, queridos jóvenes, quisiera repetiros que la Iglesia os necesita, y de­searía añadir: vosotros tenéis necesidad de la Iglesia, porque la Iglesia desea so­lamente ayudaros a encontrar a Jesús, que hace libre al hombre para amar y servir. La Iglesia os necesita para que, des­pués de haber experimentado la verda­dera libertad, que sólo Cristo puede ofreceros seáis capaces de testimoniar el Evangelio en medio de vuestros coe­táneos con valentía y gran creatividad, según la sensibilidad y los talentos pro­pios de vuestra juventud. ¡Quiera Dios que la misión de los jóvenes, dentro de la gran Misión ciudadana, favorezca es­te acercamiento entre los jóvenes y Cristo, entre los jóvenes y la Iglesia!</em></p>
<p><em>Amadísimos hermanos y herma­nas, la liturgia de hoy nos recuerda que la verdad sobre Cristo Rey constituye el cumplimiento de las profecías de la anti­gua alianza. El profeta Daniel anuncia la venida del Hijo del hombre, a quien die­ron «poder real, gloria y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respe­tarán. </em></p>
<p><em>Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin» (Dn 7, 14). Sabe­mos bien que todo esto encontró su per­fecto cumplimiento en Cristo, en su Pas­cua de muerte y de resurrección. La solemnidad de Cristo, Rey del uni­verso, nos invita a repetir con fe la invo­cación del Padre nuestro, que Jesús mis­mo nos enseñó: «Venga tu reino». ¡Venga tu reino, Señor! «Reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz» (Prefacio). Amén».</em></p>
<p align="right"><em>Juan Pablo II.</em><em> Homilía en la Solemnidad de Cristo Rey, noviembre del 1997</em></p>
<p><strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana</strong></p>
<p><em>1. «A mí me lo hicisteis». ¿Cómo vivo la caridad y la solidaridad con mis hermanos más necesitados? ¿Cuál es mi actitud ante mis hermanos? ¿Percibo en ellos el rostro de Cristo? </em></p>
<p><em>2. «El Señor es mi Pastor, nada me falta». Recemos y meditemos en familia el bello Salmo 23(22). </em></p>
<p><em>3. Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 678- 679.</em></p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a>[1] Principados: una de la categorías de espíritus reconocidas por el judaísmo del siglo I. Potestad o Autoridad en plural puede referirse a poderes sobrenaturales (Ef 3,10; Col 1,15) que a veces se representan como seductores de los hombres.</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a>[2] Juan Pablo II. Memoria e Identidad. Conversaciones al filo de los dos milenios. Editorial Planeta. Bogota, febrero 2005.</p>
<p><a title="" name="_ftn3" href="#_ftnref3"></a>[3] <span lang="ES-PE">El título de «Hijo del hombre» aparece 82 veces en los Evangelios y solamente en boca de Jesús. Este título hace referencia a la profecía de Daniel  (Dan 7,13) acerca de un ser espiritual, pues está al lado de Dios, que vendrá a instaurar un nuevo reino y expresa la gloria divina de Jesús y su carácter humano.</span></p>
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		<title>Domingo de la Semana 33 del Tiempo Ordinario. Ciclo A</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Nov 2011 12:43:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«¡ Bien, siervo bueno y fiel! » Lectura de libro de los Proverbios 31,10-13.19-20.30-31 Una mujer completa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas. En ella confía el corazón de su marido, y no será sin provecho. Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida. Se busca [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em>«¡</em><em> Bien, siervo bueno y fiel!</em><em> »</em></p>
<p><strong>Lectura de libro de los Proverbios 31,10-13.19-20.30-31</strong></p>
<p>Una mujer completa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas. En ella confía el corazón de su marido, y no será sin provecho. Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida. Se busca lana y lino y lo trabaja con manos diligentes. Echa mano a la rueca,  sus palmas toman el huso. Alarga su palma al desvalido, y tiende sus manos al pobre. Engañosa es la gracia, vana la hermosura, la mujer que teme a Yahveh, ésa será alabada. Dadle del fruto de sus manos y que en las puertas la alaben sus obras.</p>
<p><strong>Lectura de la Primera carta del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 5,1-6</strong></p>
<p>«En lo que se refiere al tiempo y al momento, hermanos, no tenéis necesidad que os escriba. Vosotros mismos sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. Cuando digan: «Paz y seguridad», entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta; y no escaparán. Pero vosotros, hermanos, no vivís en la oscuridad, para que ese Día os sorprenda como ladrón, pues todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios».</p>
<p><strong>Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 25,14-30</strong></p>
<p>«Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: &#8220;Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado.&#8221; Su señor le dijo: &#8220;¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.&#8221; Llegándose también el de los dos talentos dijo: &#8220;Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he  ganado.&#8221; Su señor le dijo: &#8220;¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra  en el gozo de tu señor.&#8221;</p>
<p>Llegándose también el que había recibido un talento dijo: &#8220;Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.&#8221; Mas su señor le respondió: &#8220;Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal  </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p><em>«El Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche»,</em> nos dice San Pablo, por eso, debemos de vigilar y vivir sabiamente para no ser sorprendidos (Segunda Lectura). En el Evangelio de este Domingo Jesús continua su catequesis sobre <em>«las últimas realidades</em>» y en «la parábola de los talentos» nos muestra como ya la vida misma es un don de Dios. Al crearnos, Dios ha querido compartir con nosotros algo de sí mismo y es por eso que desea que nosotros seamos generosos con lo que poseemos.</p>
<p>Ante los dones recibidos, lo propio es producir frutos abundantes; utilizando todas las capacidades de la inteligencia y de la voluntad que tenemos para producir aquellos frutos que Dios espera de nosotros. Y ciertamente a todos nos ha dado la posibilidad de acceder al más grande don que todos merecemos: la vida eterna. El libro de los Proverbios nos muestra el ejemplo de una mujer que hace rendir su vida y sus cualidades. Es una mujer hacendosa, activa, laboriosa en la caridad, diligente en el obrar. No es remisa, vanidosa o egoísta. Su especial sensibilidad no la vuelve hacia sí misma, sino que trabaja con sus manos y extiende sus brazos a los necesitados (Primera Lectura).</p>
<p><strong>«Una mujer fuerte ¿quién podrá hallarla?»</strong></p>
<p>El libro de los Proverbios es una colección de sentencias y proverbios sapienciales que orientan a los jóvenes sobre la manera de llevar una vida justa y piadosa. La mayor parte son buenos consejos escritos de manera popular, como era corriente también en los pueblos vecinos a Israel. Comienza el libro diciendo lo que está bien y lo que está mal. Justamente la base de la sabiduría será el «temor de Dios»,es decir la reverencia que tenemos que tener a Dios sobre todas las cosas ya que Él mismo es la fuente última de toda la sabiduría. Luego iluminará, está sabiduría, todas las esferas de la vida cotidiana: matrimonio, hogar, trabajo, justicia, decisiones, actitudes, etc.; ayudándonos a conocer cómo debemos conducirnos en las diversas situaciones desde la atenta mirada de Dios. Los proverbios subrayan la necesidad de cualidades como la humildad, la paciencia, la preocupación  por los pobres, la diligencia, el trabajo, la fidelidad a los amigos y el respeto en el seno familiar.</p>
<p>En la parte final del libro tenemos un bello poema en acróstico<a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1"></a>[1] a la mujer ideal o «mujer fuerte»<a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2"></a>[2] que evoca el ideal de eficacia y de virtud de la perfecta ama de casa. Este pasaje es llamado de «el alfabeto áureo (dorado)» de la mujer y es leído con frecuencia en la Santa Misa cuando recordamos en el calendario litúrgico la memoria de alguna santa. Al parecer el «ser mujer» y «ser fuerte» es un contrasentido, pues la mujer es débil y siente la necesidad de ser protegida. Sin embargo, el texto alaba la fortaleza de la mujer ya que sabe que su alma es grande y generosa. «<em>Hace siempre el bien» </em>(31,12), con estas sencillas palabras describe el sabio toda una vida de abnegación, de renuncia y de amor; pues entregarse siempre es renunciar a sus propios gustos y dar con alegría indica que esa renuncia es fruto del amor. Pero estas palabras también nos hablan del silencio de la mujer. Ella calla y se entrega generosamente a los demás «<em>levantándose cuando aún es de noche» </em>(31, 15) y permanece en vigilia ya que <em>«no se apaga por la noche su lámpara» </em>(31,18).Ella, que teme al Señor, «es digna de alabanza» (31,30).</p>
<p><strong>«Vosotros sois hijos de la luz e hijos del día»</strong></p>
<p>Los días que permaneció en la ciudad de Tesalónica, San Pablo predicó sin mucho éxito, pero con aquellos que se convirtieron fundó una comunidad cristiana. Se cree que ésta es la más antigua de las epístolas de San Pablo y debe remontarse al año 51. Después del saludo inicial, el Apóstol agradece a los cristianos de la ciudad por el buen ejemplo que dan a las otras comunidades. Habla de su deseo de verlos nuevamente y de la ternura maternal que siente por ellos, agradeciendo las buenas noticias que le han sido dadas por Timoteo.</p>
<p>En la segunda parte, donde se encuentra nuestra lectura dominical, afirma que el día del Señor llegará de modo imprevisto, cuando todos se sientan seguros. Así como el padre de familia vigila para que el ladrón no robe en la noche (ver Lc 12, 39), así el cristiano no debe abandonarse al sueño negligente en esta vida. A este hombre atento y vigilante se le pueden aplicar las palabras: <em>«yo dormía, pero mi corazón vigilaba» </em>(Ct 5,2). En realidad la gran tentación es considerar el tiempo presente como el único, definitivo y; en consecuencia, buscar en él el máximo disfrute y placer, pues el futuro es incierto.</p>
<p><strong>«Velad y orad…»                                    </strong></p>
<p>El Evangelio de hoy nos propone la conocida «parábola de los talentos». Ella está a continuación de la parábola de las vírgenes necias que era la lectura del Domingo anterior<a title="" name="_ftnref3" href="#_ftn3"></a>[3], y aclara otro aspecto de la venida de Jesús. Él no nos quiere dejar en la ignoran­cia sobre lo que ocurrirá ese día, para que seamos <em>«sabios y sensatos» </em>en el tiempo presente.No podremos después que­jarnos: «¿Pero qué pasó; por qué nadie me avisó?» Él nos advirtió claramente con tiempo. Después de concluir la parábola de las vírgenes ne­cias nos dice: <em>«Velad y orad porque no sabéis ni el día ni la hora</em>». Jesús agrega una enseñanza sobre lo que debemos de hacer mientras esperarnos su regreso o mientras estemos peregrinando en esta existencia.</p>
<p>Y es así que comienza la parábola: <em>«Porque así es, como un hombre, que al partirse lejos, llamó a sus siervos, y les entregó sus bienes». </em>Sabemos que partió lejos pero que pensaba volver y es por eso que deja sus bienes a sus siervos de mayor confianza. Luego de mucho tiempo, vuelve ¿Cuánto tiempo después? Eso es exactamente lo que no sabemos y eso es uno de los grandes misterios de nuestra fe. Pero era necesario aprove­char el tiempo haciendo fructificar los bienes que el Señor les confió de acuerdo a sus capacidades y posibilidades que Él conocía perfectamente.</p>
<p><strong>Los talentos de cada uno</strong></p>
<p>El «talento» era una medida monetaria<a title="" name="_ftnref4" href="#_ftn4"></a>[4]. Se trataba de una cantidad considerable de dinero. Aquí expresa los bienes que el Señor dejó a sus siervos. A causa de esta parábola y de su interpreta­ción, la palabra «talento» pasó a signifi­car en nuestra lengua los dones naturales que hemos recibido gratuitamente. Se habla del talento musical, talento matemático, talento literario, etc. Los talentos que cada uno posee son un don gratuito como enseña San Pablo: <em>«¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido ¿de qué te glorías, como si fuera mérito tuyo?» </em>(1Cor 4,7).Cada uno posee los talentos que ha recibido como pro­pios, pero es inherente a la noción de «talento» la obliga­ción de dar frutos y de ser puesto al servicio de los demás.</p>
<p>No impor­ta que cada persona no haya recibido todos los talen­tos, porque el que ha recibido aunque sea «un talento», lo ha reci­bido para sí mismo y también para los demás. Wolfgang Amadeus Mozart, que recibió un talento musical descomunal, deleitó a sus contemporáneos y sigue deleitando a los hombres de todos los tiempos. ¿Qué hubiese pasado si ese talento nunca lo hubiese colocado al servicio de los demás? Nada…exactamente eso hubiese ocurrido&#8230;nada y no tendríamos las maravillas musicales que ha ofrecido a toda la humanidad.</p>
<p>Pero el conjunto de todos los talentos que Dios ha distribuido entre todos los hombres, puestos todos a servicio de los demás; es lo que realmente constituye la riqueza de una sociedad humana. Es decir son tantos los talentos cuantas personas existen y es responsabilidad descubrir y hacer fructificar su propio talento. Para eso los ha dado Dios y del uso que habremos hecho de ellos nos pedirá cuentas cuando vuelva.</p>
<p><strong>El que tiene un talento&#8230;</strong></p>
<p>Es importan­te observar la conducta de los siervos después de la partida de su Señor: <em>«El que había recibido cinco talen­tos, inmediata­mente se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos»</em>. No hay diferencia en la conducta de estos dos siervos, no obstante ser muy diferente la canti­dad de dinero que manejan. Ambos obtienen el mismo rendi­miento al dinero de su Señor. Y la aprobación cuando vuelve, indiferente de la cantidad, es idéntica para ambos: <em>«¡Bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco, te pondré al frente de lo mucho»</em> También la recom­pensa es idéntica: <em>«Entra en el gozo de tu señor». </em></p>
<p>El último sin embargo, que tuvo miedo y no hizo fructificar su talento, recibirá esta senten­cia: <em>«Siervo malo y perezoso»</em>. Y seguirá la orden del Señor: <em>«Echad a este siervo inútil a las tinie­blas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dien­tes».</em> Es una parábola. Pero no debemos perder de vista que la usa Jesús para expresar una gran verdad: nuestro destino eterno se juega aquí, se está jugando ahora. Es ahora cuando nos estamos ganando la biena­venturanza eterna o perdiéndola, también para siempre. Esta última alternativa, triste pero posible, es lo que Jesús describe como: <em>«tinieblas, llanto y rechinar de dientes».</em> Y ahora no digamos que no sabíamos nada…</p>
<p><strong><em> </em></strong><strong><em>Una palabra del Santo Padre: </em></strong></p>
<p><em>«La lectura de hoy, tomada de San Mateo, recoge en la parábola de los talentos esta doctrina fundamental. Tres personas reciben de su amo los talentos. El primero, cinco; el segundo, dos; el tercero, uno. El talento significaba entonces una moneda, se podría decir un capital; hoy lo llamaríamos sobre todo la capacidad, las dotes para el trabajo. El primero y el segundo de los siervos, han duplicado lo que han recibido. El tercero, en cambio, esconde su talento bajo la tierra y no multiplica su valor.       </em></p>
<p><em>En los tres casos se nos habla indirectamente del trabajo. Partiendo de estas dotes que el hombre recibe del Creador a través de sus padres, cada uno podrá realizar en la vida, con mayor o menor fortuna, la misión que Dios le ha confiado. Siempre mediante su trabajo. Esta es la vía normal para redoblar el valor de los propios talentos. </em></p>
<p><em>En cambio, renunciando al trabajo, sin trabajar, se derrocha no sólo &#8220;el único talento&#8221; de que habla la parábola, sino también cualquier cantidad de talentos recibidos. Jesús, a través de esta parábola de los talentos, nos enseña, al menos indirectamente, que el trabajo pertenece a la economía de la salvación. De él dependerá el juicio divino sobre el conjunto de la vida humana, y el Reino de Dios como premio. En cambio, &#8220;el derroche de los talentos&#8221; provoca el rechazo de Dios».</em></p>
<p align="right"><em>Juan Pablo II. Discurso en su visita al Perú, Trujillo 4 de febrero de 1985. </em></p>
<p><strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la semana</strong></p>
<p><em>1. Muchas veces creemos que no tenemos «muchos» talentos. ¿No es ésta una falta de humildad y de desconfianza en el amor de Dios por cada uno de nosotros? ¿Cuáles son los talentos o dones que tengo para compartir? Haz una lista de tus talentos y recuerda que todo talento es fecundo en la medida que se pone al servicio de los demás. </em></p>
<p><em>2. Leamos y meditemos el Salmo Responsorial 127: «Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los constructores…». </em></p>
<p><em>3. leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales 668-672.</em></p>
<p><em><br clear="all" /><br />
</em></p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1"></a>[1] Acróstico, ca. (Del gr. &#7936;&#954;&#961;&#959;&#963;&#964;&#8055;&#967;&#953;&#959;&#957;, fin de un verso). Dicho de una composición poética: Constituida por versos cuyas letras iniciales, medias o finales forman un vocablo o una frase.</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2"></a>[2] La expresión hebrea es traducida literalmente en griego y en la Vulgata por «mujer fuerte».</p>
<p><a title="" name="_ftn3" href="#_ftnref3"></a>[3] Lectura del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario, Ciclo A, sin embargo, el 2008 se ha celebrado la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán.</p>
<p><a title="" name="_ftn4" href="#_ftnref4"></a>[4] La palabra <strong><em>«talento»</em></strong> traduce el término griego <strong><em>«tálanton», </em></strong>que era una medida de peso; como el kilo nuestro sólo que mucho mayor: el talento equivalía mas o menos a 30 Kg. (variaba según la época y la región). Mas tarde cuando comenzó la moneda, el talento designó la moneda de mayor valor. En el Evangelio se utiliza para designar una cantidad elevada de dinero.</p>
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		<title>Monseñor Arancedo es el nuevo presidente del Episcopado</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Nov 2011 22:25:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[CEA]]></category>
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		<description><![CDATA[El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, fue elegido hoy nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, cargo que ejercerá en el trienio 2011-2014. El prelado santafesino será secundado por el obispo de Neuquén, monseñor Virginio Bressanelli, y por el arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, en las vicepresidencias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aica.org/photos/00018671-constrain-160x200.jpeg" alt="Mons. José María Arancedo" align="left" border="0" hspace="5" vspace="5" />El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, fue elegido hoy nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, cargo que ejercerá en el trienio 2011-2014.</p>
<p>El prelado santafesino será secundado por el obispo de Neuquén, monseñor Virginio Bressanelli, y por el arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, en las vicepresidencias primera y segunda, respectivamente.</p>
<p>En tanto, el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Enrique Eguía Seguí, fue reelecto como secretario general para un nuevo período.</p>
<p>La elección se realizó esta tarde en el marco de la 102ª Asamblea Plenaria del Episcopado que se desarrolla en la casa de ejercicios El Cenáculo-La Montonera, de Pilar.</p>
<p><strong>Monseñor José María Arancedo</strong> nació en Buenos Aires el 26 de octubre de 1940; ordenado sacerdote el 16 de diciembre de 1967 en Lomas de Zamora por Mons. Alejandro Schell, obispo de Lomas de Zamora; elegido obispo titular de Selemsele y auxiliar de Lomas de Zamora el 4 de marzo de 1988 por Juan Pablo II; ordenado obispo el 6 de mayo de 1988 en la catedral de Lomas de Zamora por Mons. Desidero Elso Collino, obispo de Lomas de Zamora (co-consagrantes: Mons. Héctor Gabino Romero, obispo de Rafaela y Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Goya).Trasladado como obispo de Mar del Plata el 19 de noviembre de 1991, tomó posesión de esta sede el 15 de diciembre de 1991; promovido a arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz el 13 de febrero de 2003, tomó posesión de esta sede e inició su ministerio pastoral como cuarto arzobispo (sexto diocesano) de Santa Fe de la Vera Cruz, el 30 de marzo de 2003.</p>
<p><strong>Monseñor Virginio Domingo Bressanelli</strong> n<span lang="ES-TRAD">ació en la ciudad de Beravebú, Santa Fe, el 1 de mayo de 1942; ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1966 en Roma, en el Instituto de Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos); elegido obispo de Comodoro Rivadavia el 19 de febrero de 2005; ordenado obispo el 13 de mayo de 2005 en Comodoro Rivadavia, por Mons. Pedro Ronchino obispo emérito de Comodoro Rivadavia (co-consagrantes: Mons. Marcelino Palentini SCJ, obispo de Jujuy y Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma); tomó posesión e inició su ministerio pastoral como quinto obispo de Comodoro Rivadavia, el mismo día.</p>
<p></span>     Fue trasladado como obispo coadjutor de Neuquén el 10 de febrero de 2010 y fue confirmado hoy, 8 de noviembre de 2011, como nuevo obispo de Neuquén, al aceptarle el papa Benedicto XVI la renuncia a su antecesor, monseñor Marcelo Melani.</p>
<p><strong>Monseñor Mario Antonio Cargnello</strong> n<span lang="ES-TRAD">ació en San Fernando del Valle de Catamarca, el 20 de marzo de 1952; ordenado sacerdote el 8 de noviembre de 1975; elegido obispo de Orán el 7 de abril de 1994 por Juan Pablo II; ordenado obispo el 24 de junio de 1994, por Mons. Elmer Osmar Ramón Miani, obispo de Catamarca (co-consagrantes: Mons. Moisés Julio Blanchoud, arzobispo de Salta y Mons. Gerardo Eusebio Sueldo, obispo coadjutor de Santiago del Estero); tomó posesión de esa sede el 16 de julio de 1994. Promovido a arzobispo coadjutor de Salta el 24 de junio de 1998, tomó posesión del oficio el 3 de setiembre del mismo año; es arzobispo de Salta por sucesión desde el 6 de agosto de 1999.</p>
<p><strong>Monseñor Enrique Eguía Seguí </strong><span lang="ES-TRAD">nació en Buenos Aires, el 9 de diciembre de 1962; ordenado sacerdote el 3 de diciembre de 1988 en el Luna Park de Buenos Aires por el cardenal Juan Carlos Aramburu, arzobispo de Buenos Aires; elegido obispo titular de Cissi y auxiliar de Buenos Aires el 4 de setiembre de 2008 por Benedicto XVI, ordenado obispo el 11 de octubre de 2008, en la catedral de Buenos Aires, por el cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires (co-consagrantes: Mons. Oscar Vicente Ojea, obispo auxiliar de Buenos Aires, y Mons. Carlos María Franzini, obispo de Rafaela).+</span></span></p>
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		<title>Mons. Virginio Bressanelli es el nuevo obispo de Neuquén</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Nov 2011 15:56:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Buenos Aires, 8 Nov. 2011 (AICA): </strong>El nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, informó que el Santo Padre Benedicto XVI aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Neuquén, presentada por monseñor Marcelo Angiolo Melani SDB, de 73 años, y que el actual obispo coadjutor, monseñor Virginio Domingo Bressanelli SCJ, de 69 años, lo reemplazará en esta función, convirtiéndose así en el cuarto obispo diocesano de Neuquén.</p>
<p>La información fue dada esta mañana a través de la agencia AICA, en el mismo momento en que se hacía pública en Roma.</p>
<p><strong>Mons. Virginio Domingo Bressanelli SCJ, obispo de Neuquén</strong></p>
<p><img src="http://www.aica.org/photos/00012704-constrain-160x200.jpeg" alt="Monseñor Virginio Bressanelli, obispo de Néuquen" align="left" border="0" hspace="5" vspace="5" />     Virginio Domingo Bressanelli nació en Beravebú, en el sur de la provincia de Santa Fe, diócesis de Venado Tuerto, el 1 de mayo de 1942. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el seminario menor que los Padres Dehonianos tienen en Maciel, provincia de Santa Fe.</p>
<p>Recibió la formación filosófica en el seminario de los Padres Dehonianos en Monza (Italia) y sus estudios de Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, donde en 1967 obtuvo la licenciatura en Teología Dogmática.</p>
<p>El 29 de septiembre de 1964 emitió la profesión perpetua en el Instituto de Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (dehonianos), una congregación fundada en 1878 en Francia por el Venerable León Gustavo Juan Dehon, que se estableció en la Argentina en 1938. Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1966 en Roma.</p>
<p>En la Argentina obtuvo el título de profesor de Pedagogía en 1971. De 1970 a 1973 fue vicario en la parroquia del Santo Cristo, en el barrio porteño de Villa Riachuelo, y de 1973 a 1975 capellán de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en la calle Caracas 437 de Buenos Aires. De 1975 a 1981 se ocupó de la formación de los aspirantes al sacerdocio de su congregación, y de 1981 a 1983 fue superior del Teologado de los padres dehonianos.</p>
<p>En 1983 fue elegido Superior General de los Padres Dehonianos y reelegido en dicho cargo en 1997, por lo que hasta 2003 residió en la Ciudad Eterna.</p>
<p>Terminados los dos períodos como Superior General, regresó al país y fue nombrado nuevamente superior del Teologado de los Dehonianos en Buenos Aires.</p>
<p>El 19 de febrero de 2005 el papa Juan Pablo II lo designó obispo de Comodoro Rivadavia, cargo en el que sucedió a monseñor Pedro Luis Ronchino SDB. Recibió la ordenación episcopal el 13 de mayo de 2005 en la catedral de Comodoro Rivadavia, de manos de monseñor Ronchino, y de los obispos co-consagrantes Marcelino Palentini (dehoniano), obispo de Jujuy, y Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma. Ese mismo día tomó posesión e inició su ministerio pastoral como quinto obispo de Comodoro Rivadavia.</p>
<p>El 10 de febrero de 2010 el papa Benedicto XVI lo designó obispo coadjutor de Neuquén, diócesis de la que desde hoy es el cuarto obispo diocesano.</p>
<p>En la Conferencia Episcopal Argentina preside la Comisión Episcopal de Vida Consagrada y es miembro de la Comisión Permanente.</p>
<p>Su lema episcopal es: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”.</p>
<p><strong></p>
<p>Diócesis de Neuquén</strong></p>
<p>La diócesis de Neuquén fue creada el 10 de abril de 1961 por el papa Juan XXIII. Comprende toda la provincia del Neuquén con una superficie de 94.078 kilómetros cuadrados y una población de 555.956 habitantes, de los cuales se estima que el 85% son católicos.</p>
<p>La diócesis cuenta con 52 parroquias y 223 iglesias y capillas no parroquiales, 47 sacerdotes (30 diocesanos y 17 religiosos), 17 diáconos permanentes, 6 seminaristas mayores, 73 religiosas y 41 centros educativos.</p>
<p align="justify">     El primer obispo de Neuquén fue monseñor Jaime Francisco de Nevares, salesiano (1961-1991). Falleció en mayo de 1995. El segundo fue monseñor Agustín Roberto Radrizzani, salesiano (1991-2001), quien en 2001 fue trasladado como obispo de Lomas de Zamora. El tercero (trasladado de la sede episcopal de Viedma) fue monseñor Marcelo Melani, salesiano (2002-2011).+</p>
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		<title>Revelan que el salvador del soldado Ryan fue un sacerdote</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Nov 2011 19:13:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Varios]]></category>
		<category><![CDATA[soldado Ryan]]></category>

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		<description><![CDATA[En las memorias, el capellán Francis L. Sampson detalla cómo se organizó el operativo de regreso. Lee la historia completa acá]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.clarin.com/sociedad/historia-conmovedora_CLAIMA20111107_0061_3.jpg" rel="lightbox[4682]"><img class="alignleft" style="margin: 5px;" src="http://www.clarin.com/sociedad/historia-conmovedora_CLAIMA20111107_0061_3.jpg" alt="" width="146" height="110" /></a></p>
<p>En las memorias, el capellán Francis L. Sampson detalla cómo se organizó el operativo de regreso.</p>
<p>Lee la <a href="http://www.clarin.com/sociedad/Revelan-salvador-soldado-Ryan-sacerdote_0_586741428.html" target="_blank">historia completa acá</a></p>
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		<title>Murió Monseñor Justo Laguna</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Nov 2011 12:52:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[CEA]]></category>
		<category><![CDATA[Monseñor Justo Laguna]]></category>

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		<description><![CDATA[Mis oraciones&#8230; &#160;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mis oraciones&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.clarin.com/sociedad/Monsenor-Laguna_CLAIMA20111103_0083_4.jpg" rel="lightbox[4679]"><img class="aligncenter" src="http://www.clarin.com/sociedad/Monsenor-Laguna_CLAIMA20111103_0083_4.jpg" alt="" width="316" height="178" /></a></p>
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