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	<title>Marana - Thá</title>
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	<description>Ven Señor Jesús</description>
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		<title>Cambio de autoridades en el Instituto de Bioética de la UCA</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 20:45:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Estamos hablando de MI parroco, quien me comentó la novedad el sábado y, en estos días de tribulación demostró ser, además, MI AMIGO. Buenos Aires, 2 Set. 10 (AICA) El presbítero Rubén Revello es desde ayer, 1° de setiembre, el nuevo director del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina (UCA), mientras que el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="announcement_post"><p>Estamos hablando de MI parroco, quien me comentó la novedad el sábado y, en estos días de tribulación demostró ser, además, MI AMIGO.</p>
<p><img src="http://www.aica.org/photos/00014376-constrain-160x200.jpeg" border="0" alt="Los padres Revello, Fernández y Bochatey" hspace="5" vspace="5" align="left" />Buenos Aires, 2  Set. 10 (AICA)<strong> El   presbítero Rubén Revello </strong>es desde ayer, 1° de setiembre, el nuevo   director del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina   (UCA), mientras que el padre Alberto Bochatey OSA es el flamante   presidente del Instituto para el Matrimonio y la Familia de esta casa de   altos estudios.<br />
El acta de designación fue leída durante un acto encabezado, el viernes   20 de agosto, por el presbítero Víctor Manuel Fernández, a cargo del   Rectorado de la UCA, y otros miembros del Consejo Superior.<br />
Previamente se celebró una misa con alumnos, ex alumnos y docentes de la   Maestría de Ética Biomédica, que dicta el Instituto de Bioética de la   Facultad de Ciencias Médicas, para despedir al padre Bochatey, a quien   la Orden de San Agustín, a la que pertenece, le asignó nuevas funciones   en Roma, Italia, hacia donde viajó recientemente.<br />
El   vicerrector institucional de la UCA, Ernesto Parselis, leyó ante los   presentes la designación del presbítero Revello y del padre Bochatey.<br />
En tanto, el presbítero Fernández explicó las razones de los cambios y   agradeció al padre Bochatey por la tarea realizada en estos casi diez   años en el Instituto de Bioética, al tiempo que expresó augurios al   presbítero Revello para la nueva tarea.+</p>
</div>
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		<title>Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud de 2011</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Sep 2010 15:24:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vaticano]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Juventud de 2011]]></category>
		<category><![CDATA[Mensaje]]></category>

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		<description><![CDATA[CIUDAD DEL VATICANO, 3 SEP 2010 (VIS).-&#8221;Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe&#8221; (Epístola de San Pablo a los Colosenses) es el título del mensaje de Benedicto XVI para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Madrid (España) en el mes de agosto de 2011. Ofrecemos a continuación párrafos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>CIUDAD DEL VATICANO, 3 SEP 2010    (VIS).-&#8221;Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe&#8221;    (Epístola de San Pablo a los Colosenses) es el título del mensaje de    Benedicto XVI para la     XXVI Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en    Madrid (España) en el mes de agosto de 2011.</p>
<p>Ofrecemos a continuación    párrafos del mensaje, fechado en el Vaticano el  pasado 6 de agosto,    festividad de la Transfiguración del Señor y publicado hoy</p>
<p>&#8220;Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial    de la Juventud de Sydney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe,    en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión    entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel    encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de    muchos jóvenes y de toda la Iglesia. (&#8230;) Ahora, en un momento en que Europa    tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro    encuentro en Madrid, con el lema: &#8220;Arraigados y edificados en Cristo,    firmes en la fe&#8221;.</p>
<p>1. En las fuentes de vuestras    aspiraciones más grandes</p>
<p>En cada época, también en    nuestros días, numerosos jóvenes sienten el profundo deseo de que las    relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. (&#8230;) Al    recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no    son las cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes. Sí, la cuestión    del lugar de trabajo, y con ello la de tener el porvenir asegurado, es un    problema grande y apremiante, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo    la edad en la que se busca una vida más grande (&#8230;) Queríamos encontrar la    vida misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso dependía también de    nuestra situación. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra,    estuvimos, por así decir, &#8220;encerrados&#8221; por el poder dominante. Por    ello, queríamos salir afuera para entrar en la abundancia de las    posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este impulso    de ir más allá de lo habitual está en cada generación.</p>
<p>(&#8230;) ¿Se trata sólo de un sueño    vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad    está creado para lo que es grande, para el infinito (&#8230;) El deseo de la vida    más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su &#8220;huella&#8221;.    Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial,    la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces    comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el    hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de    esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría.</p>
<p>La cultura actual, en algunas    partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a    considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida    social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la    sociedad, provenga del Evangelio &#8211; como el sentido de la dignidad de la    persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia -, se constata una    especie de &#8220;eclipse de Dios&#8221;, una cierta amnesia, más aún, un    verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe    recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos    caracteriza.</p>
<p>Por este motivo, queridos    amigos, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de    nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como    escribía el apóstol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital    tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando    muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida,    sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido,    y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de    referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad,    desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Vosotros, jóvenes,    tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos    firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo    que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces,    para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto.</p>
<p>2. Arraigados y edificados en    Cristo</p>
<p>Para poner de relieve la    importancia de la fe en la vida de los creyentes, quisiera detenerme en tres    términos que san Pablo utiliza en: &#8220;Arraigados y edificados en Cristo,    firmes en la fe&#8221;. Aquí podemos distinguir tres imágenes: &#8220;arraigado&#8221;    evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; &#8220;edificado&#8221; se    refiere a la construcción; &#8220;firme&#8221; alude al crecimiento de la    fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes.</p>
<p>(&#8230;) La primera imagen es la    del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le    dan estabilidad y alimento (&#8230;) ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente,    los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy    importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. El profeta    Jeremías escribe: &#8220;Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor    su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente    echa raíces&#8221;. (&#8230;) Echar raíces, para el profeta, significa volver a    poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida (&#8230;) Jesús mismo se    presenta como nuestra vida Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la    verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro    con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia.</p>
<p>(&#8230;)  Existe un momento en la    juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué    finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el    ánimo, a veces durante mucho tiempo (&#8230;)  En este contexto, vuelvo a pensar    en mi juventud. En cierto modo, muy pronto tomé conciencia de que el Señor me    quería sacerdote. Pero más adelante, después de la guerra, cuando en el    seminario y en la universidad me dirigía hacia esa meta, tuve que    reconquistar esa certeza. Tuve que preguntarme: ¿es éste de verdad mi camino?    ¿Es de verdad la voluntad del Señor para mí? (&#8230;) Una decisión así también    causa sufrimiento. No puede ser de otro modo. Pero después tuve la certeza:    ¡así está bien! Sí, el Señor me quiere, por ello me dará también la fuerza. Escuchándole,    estando con Él, llego a ser yo mismo. No cuenta la realización de mis propios    deseos, sino su voluntad. Así, la vida se vuelve auténtica.</p>
<p>Como las raíces del árbol lo    mantienen plantado firmemente en la tierra, así los cimientos dan a la casa    una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo  así    como una casa está construida sobre los cimientos. En la historia sagrada    tenemos numerosos ejemplos de santos que han edificado su vida sobre la    Palabra de Dios (&#8230;) Estar arraigados en Cristo significa responder concretamente    a la llamada de Dios, fiándose de Él y poniendo en práctica su Palabra.</p>
<p>Queridos amigos, construid    vuestra casa sobre roca (&#8230;) Intentad también vosotros acoger cada día la    Palabra de Cristo. (&#8230;) Con Él a vuestro lado seréis capaces de afrontar con    valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las    desilusiones y los fracasos. Continuamente se os presentarán propuestas más    fáciles, pero vosotros mismos os daréis cuenta de que se revelan como    engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra    la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que    ilumina el camino. (&#8230;) No creáis a los que os digan que no necesitáis a los    demás para construir vuestra vida. Apoyaos, en cambio, en la fe de vuestros    seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradeced al Señor el haberla    recibido y haberla hecho vuestra.</p>
<p>3. Firmes en la fe</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> &#8220;</strong>Estad &#8220;arraigados y    edificados en Cristo, firmes en la fe&#8221;. La carta de la cual está tomada    esta invitación, fue escrita por san Pablo para responder a una necesidad    concreta de los cristianos de la ciudad de Colosas. (&#8230;) Nuestro contexto    cultural, queridos jóvenes, tiene numerosas analogías con el de los    colosenses de entonces. En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento    laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad,    planteando e intentando crear un &#8220;paraíso&#8221; sin Él. Pero la    experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un &#8220;infierno&#8221;,    donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las    personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio,    cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en    verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del    amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los    frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de    pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de    la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han    dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en    el plano moral&#8221;.</p>
<p>&#8220;Queridos amigos, la cruz a    menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es    lo contrario. Es el &#8220;sí&#8221; de Dios al hombre, la expresión máxima de    su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. (&#8230;) Por eso, quiero    invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de    vida nueva&#8221;.</p>
<p>4. Creer en Jesucristo sin verlo</p>
<p>&#8220;A muchos se les hace hoy    difícil el acceso a Jesús. Muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y    que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad    de su persona. Por ello, a lo largo de mis años de estudio y meditación, fui    madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con    Jesús, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Señor, en quien    Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer&#8221;.</p>
<p>&#8220;Queridos jóvenes, aprended    a &#8220;ver&#8221;, a &#8220;encontrar&#8221; a Jesús en la Eucaristía, donde    está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino;    en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia    ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los    pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.    Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle    mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica;    hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. (&#8230;) Así    podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un    sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra    infancia. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él, como el    apóstol Tomás, cuando profesó abiertamente su fe en Jesús: &#8220;¡Señor mío y    Dios mío!&#8221;.</p>
<p>5. Sostenidos por la fe de la    Iglesia, para ser testigos</p>
<p>&#8220;En la historia de la    Iglesia, los santos y mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para    ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la    fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. (&#8230;)    La victoria que nace de la fe es la del amor. Cuántos cristianos han sido y    son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad&#8221;.</p>
<p>&#8220;Cristo no es un bien sólo    para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que    compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la    esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir    esta esperanza&#8221;.</p>
<p>&#8220;También vosotros, si    creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un    instrumento que ayudará a otros jóvenes como vosotros a encontrar el sentido    y la alegría de la vida, que nace del encuentro con Cristo&#8221;.</p>
<p>6. Hacia la Jornada Mundial    de Madrid</p>
<p>&#8220;Queridos amigos, os    reitero la invitación a asistir a la Jornada Mundial    de la Juventud en Madrid. Con profunda alegría, os espero a cada uno    personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia. La elección    de creer en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por    nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren vías    más fáciles. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad    cristiana, el apoyo de la Iglesia.</p>
<p>&#8220;A lo largo de este año,    preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos,    sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las diócesis, en las    comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad    de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de    la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo    recíproco.</p>
<p>&#8220;Queridos jóvenes, la    Iglesia cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad    creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la    Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso. Por ello, las Jornadas    Mundiales de la Juventud son una gracia no sólo para vosotros, sino para todo    el Pueblo de Dios. La Iglesia en España se está preparando intensamente para    acogeros y vivir la experiencia gozosa de la fe&#8221;.</p>
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		<title>Intenciones de oración del papa para el mes de septiembre</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Sep 2010 15:18:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Oraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Vaticano]]></category>
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		<description><![CDATA[CIUDAD DEL VATICANO, 1 SEP 2010 (VIS).-La intención general del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de septiembre es: &#8220;Para que en las regiones menos desarrolladas del mundo el anuncio de la Palabra de Dios renueve el corazón de las personas, alentándolas a ser protagonistas de un auténtico progreso social&#8221;. Su intención [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>CIUDAD DEL VATICANO, 1 SEP 2010 (VIS).-La <strong>intención general</strong> del   Apostolado de la Oración del Papa para el mes de septiembre  es: <em>&#8220;Para   que en las regiones menos desarrolladas del mundo el anuncio de la   Palabra de Dios renueve el corazón de las personas, alentándolas a ser   protagonistas de un auténtico progreso social&#8221;</em>.</p>
<p>Su <strong>intención   misional</strong> es: <em>&#8220;Para que abriendo el corazón al amor, se ponga fin a   tantas guerras y conflictos que aún ensangrientan el mundo&#8221;</em>.</p>
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		<title>¿Qué son los Santos  Padres?</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 20:39:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aportes]]></category>
		<category><![CDATA[Santos Padres]]></category>

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		<description><![CDATA[A los Santos Padres o Padres de la Iglesia se los menciona constantemente. Primeramente son mencionados por el Magisterio de la Iglesia (conformado por los Obispos unidos entre sí y, por supuesto, unidos al Obispo de Roma, el Papa). Luego por estudiosos, teólogos, historiadores, filósofos, aficionados a la lectura y a la cultura de diversas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A los Santos Padres o Padres de la   Iglesia se los menciona constantemente.</p>
<p>Primeramente  son mencionados por el Magisterio de la Iglesia (conformado por los Obispos unidos entre  sí y, por supuesto, unidos al Obispo de Roma, el Papa).</p>
<p>Luego  por estudiosos, teólogos, historiadores, filósofos, aficionados a la lectura y  a la cultura de diversas maneras, etc.</p>
<p>¿Qué  son en realidad y quiénes fueron los Santos Padres, y cómo no confundirlos con  otras acepciones que por extensión parece tener el término?</p>
<p>En  el Catecismo de la   Iglesia Católica, se los nombra en los fundamentos (lo que  correspondería a la rama de la Teología Fundamental en los manuales y cursos),  más precisamente en el Nº 78.</p>
<p>Y  a su vez el Catecismo se remite a la Constitución del Concilio Vaticano II “Dei  Verbum”, sobre la Palabra  de Dios, que los cita en su Nº 8.</p>
<p>Teológicamente, cuando hablamos de los Padres de la Iglesia o de los “Santos  Padres” (nada tiene que ver con el plural de “Santo Padre”, uno de los títulos  con que se designa actualmente al Sumo Pontífice), en sentido estricto y  directo, nos referimos a escritores eclesiásticos (filósofos y teólogos) que  cumplen con estos requisitos:</p>
<p>1) Doctrina ortodoxa, es decir, recta católicamente, sin error y eminente.</p>
<p>2)  Son santos, es decir, están canonizados pública y oficialmente por la Iglesia.</p>
<p>3)  Tienen antigüedad en la historia:</p>
<p>Para  los escritores orientales, hasta San Juan Damasceno en el año 749. Para los  occidentales, hasta la muerte de San Isidoro de Sevilla, en el 636. Es decir,  llegan hasta los siglos VII-VIII.</p>
<p>Algunos  mencionan también a San Bernardo de Claraval (siglo XII), como “el último de  los Padres de la Iglesia”,  un título más bien honorífico y no por la antigüedad histórica que mencionamos para  occidente, ya que es posterior, pues renovó e hizo presente la doctrina de los  Santos Padres. Bernardo también fue declarado Doctor de la Iglesia, y alabado luego  en su doctrina por los reformadores Lutero y Calvino.</p>
<p>Éstos, los Padres de la   Iglesia o Santos Padres, prácticamente han elaborado la fe de  la Iglesia, y  la han explicitado y explicado, a partir de los datos de la Revelación: Sagrada  Escritura y Tradición Viva –comunicación oral desde la comunidad de Jesús y los  apóstoles, y a través de éstos de Obispo en Obispo en la Sucesión Apostólica  de los tiempos-, siempre fieles al Magisterio de la Iglesia. Por ello su  doctrina es recta y sin error.</p>
<p>Se  pueden ver sobre este tema los números 75 al 82 del Catecismo de la Iglesia Católica,  y los números 85 y 86.</p>
<p>Ejemplo de ellos son los santos Agustín, Ambrosio, Atanasio, Beda el Venerable,  Cirilo y Clemente de Alejandría, Efrén, Gregorio Magno, Ireneo, Jerónimo, Juan  Crisóstomo, Juan Damasceno, Justino.</p>
<p>No se los debe confundir con aquellos a quienes la Tradición Viva y el  Magisterio de la Iglesia  llama “Escritores Eclesiásticos”, que son también escritores de la antigüedad importantes  que, aunque valorados y citados, estudiados y mencionados en sus mejores textos  en la Liturgia,  les falta alguna de las notas señaladas para los Santos Padres: Tuvieron algún  error en su doctrina o en su vida, y por lo tanto no están canonizados.</p>
<p>Ejemplo de escritores eclesiásticos son Orígenes y Tertuliano.</p>
<p>Y empleemos también un apartado para distinguir a los Padres  de los Doctores de la Iglesia, y de paso decimos  algo de lo que éstos son.</p>
<p>a) Los Doctores de la Iglesia,  a semejanza de los Santos Padres, cumplen con  la nota de estar canonizados, es decir, de ser  santos declarados públicamente por la Iglesia.</p>
<p>b) La doctrina de los Doctores es también sin error y eminente, y como todo  doctor en su tesis, tiene que ser novedosa en algún aspecto, ya sea en su forma  de expresarla o de vivirla.</p>
<p>c) La nota innovadora es que, además, esta doctrina tiene que ser camino de santidad  para todos: Desde el Papa hasta el “último laico”: obispos, sacerdotes, diáconos,  religiosos/as, laicos.</p>
<p>De  aquí se deduce también que a veces la doctrina de los Santos Padres o Padres de  la Iglesia,  es entendida y estudiada sólo por expertos en el tema o estudiosos de los  mismos, cosa que no sucede con los Doctores.</p>
<p>d)  Y a diferencia de los Santos Padres, los Doctores no tienen por qué tener  antigüedad en la historia, ya que los hay antiguos y modernos, y por qué no,  algunos de los contemporáneos o que caminan o caminaron con nosotros lo serán.</p>
<p>Ejemplos de Doctores de la   Iglesia son:</p>
<p>San Juan de la Cruz,  con su camino contemplativo, el más fácil y el más corto de todos, lleno de  nadas y vacío interior, hermoso de captar en sus Obras, como el “Cántico Espiritual”  y la “Subida al Monte Carmelo”.</p>
<p>Santa Teresa de Jesús, maestra de oración, con su “Camino de Perfección” y el  libro de las “Moradas”, para la experiencia mística e íntima de Dios, hasta  llegar a quedarse con Jesús como esposa en su alcoba.</p>
<p>Santa Teresita del Niño Jesús, con su forma de presentar y vivir la niñez  espiritual y el abandono confiado en los brazos del Padre Celestial, plasmado  en su vida y expresado en su Autobiografía “Historia de un Alma”.</p>
<p>También lo son San Agustín y otros. Por lo que algunos Santos Padres también  son Doctores de la Iglesia,  por su novedad de expresión y vida, y porque su doctrina es accesible a todos  como camino de perfección.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Gustavo  Daniel D´Apice</em><br />
<em>Profesor  de Teología</em><br />
<em>Pontificia  Universidad Católica</em></p>
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		<title>Domingo de la Semana 23ª del Tiempo Ordinario. Ciclo C</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 20:34:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«El que no renuncie no puede ser discípulo mío» Lectura del libro de la Sabiduría  9, 13-18 «¿Qué hombre, en efecto, podrá conocer la voluntad de Dios? ¿Quién hacerse idea de lo que el Señor quiere? Los pensamientos de los mortales son tímidos e inseguras nuestras ideas, pues un cuerpo corruptible agobia el alma y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em>«El que no renuncie no puede ser discípulo mío» </em></p>
<p><strong>Lectura  del libro de la Sabiduría  9, 13-18 </strong></p>
<p>«¿Qué hombre, en efecto, podrá conocer la  voluntad de Dios? ¿Quién hacerse idea de lo que el Señor quiere? Los  pensamientos de los mortales son tímidos e inseguras nuestras ideas, pues un  cuerpo corruptible agobia el alma y esta tienda de tierra abruma el espíritu  lleno de preocupaciones.</p>
<p>Trabajosamente conjeturamos lo que hay sobre  la tierra y con fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance; ¿quién,  entonces, ha rastreado lo que está en los cielos? Y ¿quién habría conocido tu  voluntad, si tú no le hubieses dado la Sabiduría y no le hubieses enviado de lo  alto tu espíritu santo? Sólo así se enderezaron los caminos de los moradores de  la tierra, así aprendieron los hombres lo que a ti te agrada y gracias a la  Sabiduría se salvaron&#8221;.»</p>
<p><strong>Lectura  de la carta de San Pablo a Filemón 1, 9b-10.12-17</strong></p>
<p>«Prefiero más bien rogarte en nombre de la  caridad, yo, este Pablo ya anciano, y además ahora preso de Cristo Jesús. Te  ruego en favor de mi hijo, a quien engendré entre cadenas, Onésimo, que en otro  tiempo te fue inútil, pero ahora muy útil para ti y para mí. Te lo devuelvo, a  éste, mi propio corazón. Yo querría retenerle conmigo, para que me sirviera en  tu lugar, en estas cadenas por el Evangelio; mas, sin consultarte, no he  querido hacer nada, para que esta buena acción tuya no fuera forzada sino  voluntaria.</p>
<p>Pues tal vez fue alejado de ti por algún  tiempo, precisamente para que lo recuperaras para siempre, y no como esclavo,  sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido, que, siéndolo  mucho para mí, ¡cuánto más lo será para ti, no sólo como amo, sino también en  el Señor!. Por tanto, si me tienes como algo unido a ti, acógele como a mí  mismo.»</p>
<p><strong>Lectura  del Santo Evangelio según San Lucas 14, 25-33</strong></p>
<p>«Caminaba con él mucha  gente, y volviéndose les dijo: &#8220;Si alguno viene donde mí y no odia a su  padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y  hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y  venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.</p>
<p>&#8220;Porque ¿quién  de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los  gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos  y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él,  diciendo: &#8220;Este comenzó a edificar y no pudo terminar.&#8221; O ¿qué rey,  que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con  10.000 puede salir al paso del que viene contra él con 20.000? Y si no, cuando  está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de  igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no  puede ser discípulo mío.»</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>¿Cómo ser discípulo del Señor? A lo largo de  las lecturas veremos, cada vez con más claridad, cómo los pensamientos de Dios  no son los pensamientos del hombre: <em>«la  necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres»</em> (1Cor 1,25).  Los pensamientos del hombre se muestran, muchas veces, tímidos e inseguros ya  que provienen de <em>«un cuerpo corruptible»</em> abrumado por las preocupaciones y marcado, no determinado, por el pecado  (Primera Lectura). Es la sabiduría de Dios la que lleva a Jesús a manifestar  claramente las condiciones para seguirlo y así ser un <em>«verdadero discípulo»</em> (Evangelio). Finalmente vemos en la Segunda Lectura  una bella expresión del discipulado, que nace de la fe y del amor, que lleva a  Pablo a interceder por Onésimo ante Filemón.</p>
<p><strong>La Sabiduría de Dios</strong></p>
<p>El libro de la Sabiduría,  considerado el último del Antiguo Testamento (escrito alrededor del año 50 A.C.),  es de corte humanista al estilo griego, cuyo influjo se hace notar, por ejemplo,  en la distinción que establece entre el cuerpo y el alma (ver Sb 9,15). No  obstante la sabiduría que vemos aquí no es la gnosis<a name="12ac3a8f806f9070__ftnref1" href="ftn1">[1]</a> de la  filosofía griega, sino es el conocimiento que se adquiere como don del Espíritu  Santo que nos ayuda a entender los designios de Dios. La Primera Lectura  hace parte de una oración para alcanzar la Sabiduría y viene a propósito del  hecho contado en 1 Re 3,4-16; el sueño en que Salomón le pide a Dios sabiduría: <em>«Concede a tu siervo un corazón atento para que sepa gobernar a tu pueblo y  discernir entre el bien y el mal» </em>(1Re 3,9)<em>.</em> La condición  indispensable para adquirir la sabiduría es tener un corazón humilde y  sencillo. A los que aceptan cooperar con Él, Dios les concede la rectitud, la  prudencia e incluso la autoridad para dirigir al Pueblo de Dios. Abraham,  Moisés y sin duda la   Virgen María; fueron llamados a realizar grandes obras (ver  Lc 1, 49) porque pusieron toda su confianza en las promesas de Dios.</p>
<p><strong>Pablo intercede por Onésimo</strong></p>
<p>Filemón  era un cristiano de una buena posición social, quizá convertido por el mismo  San Pablo. Su esclavo Onésimo se había escapado, por alguna culpa, y había ido  a parar a Roma, donde Pablo le ofreció refugio y lo convirtió. La fuga de  Onésimo era delito por el que incurría en graves penas, y Pablo podría resultar  cómplice. Pablo no intenta resolver el problema por la vía legal, aunque  sugiere estar dispuesto a compensar a Filemón, más bien traslada el problema y  su resolución al gran principio cristiano del amor y la fraternidad, más  fuertes que la relación jurídica de amo y esclavo. Si  Filemón ha perdido un esclavo, puede ganar un  hermano; y Pablo será agente de reconciliación en este delicado caso (ver 2Cor  5,17-21). La carta debió ser escrita desde la prisión de Roma alrededor del  61-63.</p>
<p><strong>«Caminaba con Él  mucha gente&#8230;»</strong></p>
<p>El Evangelio de hoy se abre con un cambio de escena.  Estábamos, en la lectura del Domingo pasado, en una comida ofrecida en sábado  por uno de los jefes de los fariseos, a la cual había sido invitado también Jesús.  Allí, aprovechando esa situación, Jesús había dado diversas enseñanzas que  tienen relación con un banquete. El Evangelio de hoy lo presenta en el camino  segui­do por una multitud: <em>«Caminaba con Él  mucha gente». </em>Es difícil hacerse una idea de cuántos eran los que caminaban  con Jesús. En otra ocasión el mismo evangelista dice que se reunieron para  escuchar a Jesús <em>«miríadas de personas  hasta pisarse unos a otros» </em>(Lc 12,1).</p>
<p>La palabra <em>«miríada»</em> es una trascripción de la palabra griega <em>«myri­ás»</em> que significa diez mil. Pero también se usa para designar un número indefinido  muy grande, como usamos nosotros la palabra <em>«millones».</em> En todo caso, la imagen que se trans­mite es la de un gran número de personas  que iban con Jesús por el camino. Es de notar que el evange­lista evita  cuidadosamente decir que esas numerosas perso­nas «lo seguían», porque este  término se reserva a sus discípulos. Y aquí se trata precisamente de discernir  quiénes de entre esa multitud pueden llamarse «discípulos» de Jesús. Justamente en el Evangelio de hoy contiene la  definición de lo que Jesús entiende por un discípulo suyo. Y esa definición no  es puramente teórica, sino que tiene el valor particular de surgir de un hecho  concreto de vida. Tres veces repite Jesús la misma fórmula, que parece  desalentar a quien piense que seguirlo es algo bien visto, cómodo y placentero:  el que no cumpla con tal cosa, <em>«no puede  ser discípulo mío»</em>.</p>
<p>¿Y cuál es el hecho concreto de vida del cual surgen  esas tres expresiones? El Evangelio dice: <em>«Si  alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus  hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser  discípulo mío&#8230; El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser  discípulo mío&#8230; El que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo  mío»</em>. A Jesús no le interesa tanto el número de los que lo acompañan; sino  la radicalidad del seguimiento. Y por eso pone esas condiciones que son de una  inmensa exigencia. Para ser discípulo de Jesús se exige una adhesión total. El  que lee esas condiciones puestas por Jesús debe exami­narse a sí mismo  seriamente para ver si merece el nombre de cristiano.</p>
<p>En todo caso este nombre hay que usarlo con mucha  mayor cautela. Los métodos de Jesús parecen ser diametralmente opuestos a los  modernos sistemas de «marketing», donde se adopta todo tipo de técnicas y  argucias para conseguir un adepto o un compra­dor. Jesús aparece también  atentando contra la popularidad de la que necesitan los políticos para hacer  prevalecer sus posturas. Sin embargo la garantía de la verdad del mensaje de  Jesucristo; es que Él mismo con su Muerte y Resurrección, la ratificó. <em>«Y si Cristo no resucitó, vacía es nuestra  predicación, vacía también nuestra fe»</em> (1Cor 15,14). Y afortunada­mente  tampoco la Iglesia de Cristo tiene la preocu­pación de la populari­dad, pues no  se empeña en complacer a los hombres, sino sólo a Dios. Por eso la Iglesia,  aunque parezca incómoda e impopular, lo que nos enseña es la verdad. Precisamente  la garantía de que su doctrina es la verdad es que no busca complacer los oídos  de los hombres y mujeres.</p>
<p><strong>¿Odiar a su padre o su madre, hermanos y hermanas&#8230;? </strong></p>
<p><em>«Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su  madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su  propia vida, no puede ser discípulo mío&#8230;».</em> Ésta es la primera condición: <em>«odiar»</em> a los de la propia casa y hasta la propia vida. ¿Cómo se entiende esto? En  realidad, Jesús nos manda <em>«honrar padre y  madre»</em>, como se lo dijo claramente al joven rico cuando le expuso los  mandamientos que eran necesarios cum­plir para alcanzar la vida eterna (ver Lc  18,20). El original griego «<em>misei»,</em> de «odiar»; tiene el sentido de posponer, descuidar o amar menos. Es decir debe entenderse en sentido relativo; quiere decir: <em>«en la escala de valores no tenerlos en el  primer lugar»</em>, o más precisa­mente, en una situación de conflicto entre el  amor a Cristo y el amor a esas otras personas, hay que preferir a Cristo.</p>
<p><strong>«Quien  no carga su cruz y me sigue no puede ser discípulo mío» </strong></p>
<p>Aquí Jesús pone una condición ulterior. No se trata  de amar a Cristo solamente, sino amarlo en su situación de total abajamiento,  es decir, en la cruz, en ese estado en que todos lo abandonaron. La fidelidad a  Jesús hasta este extremo es la prueba del verda­dero discípulo. Tal vez nadie  ha expresado mejor que San   Pablo esta centralidad de la cruz. Por eso escribe a  los Corintios: <em>«Mientras los judíos piden  señales y los grie­gos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo  crucificado, escándalo para los judíos y necedad para los gentiles» </em>(1Cor  1,22-23). La cruz es para ellos (judíos y griegos) un obs­táculo insuperable  (escándalo), o bien, una demostración de insensatez. El discípulo de Cristo, en  cambio, ve en Cristo crucificado la <em>«fuerza  de Dios y la sabiduría de Dios» </em>(1Cor 1,24), y por eso, abraza su cruz con  alegría y desea compartir con Cristo la ignomi­nia de la cruz.</p>
<p><strong>¿Renunciar a todos los  bienes? </strong></p>
<p>La fuerza de la tercera condi­ción está en la expresión <em>«renunciar a todos sus bienes»,</em> no sólo  se trata de unos pocos bienes. Y para ilustrar esta condición, Jesús propo­ne  dos pequeñas pará­bolas: nadie se pone a construir una torre si no tiene con  qué terminarla; nadie sale a comba­tir si sus tropas son insuficientes para hacer  frente al enemigo. Asimismo que nadie pretenda seguir a Cristo y ser discípulo  suyo si no está dispuesto a renunciar a todos sus bienes. Tarde o temprano esos  bienes le significarán un estorbo, como ocurrió con el joven rico: <em>«se alejó de Jesús triste, porque tenía  muchos bienes» </em>(Mt 19,22)<em>.</em> El  Evangelio de hoy nos invita a examinar la radicalidad y la coherencia de  nuestra adhe­sión a Jesús. El mártir San  Ignacio de Antioquía en el siglo II conocía bien esta definición de discípulo  de Cristo. Por eso cuando era llevado bajo custodia a Roma donde había de sufrir  el martirio como pasto de las fieras, escribe a los cristianos de Roma para  suplicarles que no hagan ninguna gestión que pueda evitarle el martirio, pues  teme que para eso haya que transigir en algo de su adhesión a Cristo. Y agrega: <em>«Más bien convenced a las fieras que  ellas sean mi tumba y que no dejen nada de mi cuerpo&#8230; Cuando el mundo ya no  vea ni siquiera mi cuerpo, entonces seré verdaderamente discípulo de  Jesucristo». </em></p>
<p><strong>Una  palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>« La  salvación, que Jesús obró con su muerte y resurrección, es universal. Él es el  único Redentor e invita a todos al banquete de la vida inmortal. Pero con una  única e igual condición: la de esforzarse en seguirle e imitarle, cargando, como  Él hizo, con la propia cruz y dedicando la vida al servicio de los hermanos.  Única y universal, por lo tanto, es esta condición para entrar en la vida  celestial. El último día –recuerda además Jesús en el Evangelio- no seremos  juzgados según presuntos privilegios, sino según nuestras obras. Los «agentes  de iniquidad» serán excluidos, mientras que serán acogidos cuantos hayan  realizado el bien y buscado la justicia, a costa de sacrificios. No bastará por  lo tanto declararse «amigos» de Cristo jactándose de falsos méritos: «Hemos  comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas» (Lc 13,26). </em></p>
<p><em>La  verdadera amistad con Jesús se expresa en la forma de vivir: se expresa con la  bondad del corazón, con la humildad, la mansedumbre y la misericordia, el amor  por la justicia y la verdad, el empeño sincero y honesto por la paz y la  reconciliación. Éste, podríamos decir, es el «documento de identidad» que nos  cualifica como sus auténticos «amigos»; éste es el «pasaporte» que nos  permitirá entrar en la vida eterna. </em></p>
<p><em>Queridos  hermanos y hermanas: si queremos también nosotros pasar por la puerta estrecha,  debemos empeñarnos en ser pequeños, esto es, humildes de corazón como Jesús.  Como María, Madre suya y nuestra. Ella en primer lugar, detrás del Hijo,  recorrió el camino de la Cruz y fue elevada a la gloria del Cielo, como  recordamos hace algunos días. El pueblo cristiano la invoca como </em><em>Ianua Caeli</em>,<em> Puerta del Cielo. Pidámosle que nos guíe, en nuestras elecciones  diarias, por el camino que conduce a la «puerta del Cielo».</em></p>
<p><em>Benedicto  XVI. Angelus Domingo 26 de agosto 2007. </em></p>
<p><strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la  semana</strong></p>
<p><em>1.</em><em> Seguir a Jesús, es  decir llamarse de verdad «cristiano», tiene un precio. ¿Amo a Jesús realmente  en primer lugar? ¿Soy capaz de «renunciar a todo» para seguirlo? ¿Qué me impide  amarlo más? ¿A qué debo de renunciar?</em></p>
<p><em>2.  Vivir el amor fraterno exige ver en el otro a mi hermano. ¿Discutamos en  familia, cómo puedo hacer concreto mi amor solidario por mis hermanos,  especialmente a los más necesitados?</em></p>
<p><em>3.  Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 520. 562.  618.1506.1816.1823.1929-1948. </em></p>
<hr size="1" />
<p><a name="12ac3a8f806f9070__ftn1" href="ftnref1">[1]</a> Gnosis (conocimiento): el uso más habitual de este término se relaciona con los  defensores del gnosticismo, para quienes designaba un tipo de conocimiento no  discursivo, sino intuitivo y perfecto, al que solamente podían acceder los  iniciados y, mediante el cual, llegaban a comprender los misterios de la divinidad. Los  grupos «new age» de la actualidad pueden ser considerados «neo-gnósticos».</p>
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		<title>Volvemos&#8230;renovados.</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 20:26:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Oraciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador [...] [...]porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><em>Proclama mi alma la grandeza del Señor,</em></p>
<p><em>se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador [...]</em></p>
<p><em>[...]porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:</em></p>
<p><em>su nombre es santo,</em></p>
<p><em>y su misericordia llega a sus fieles</em></p>
<p><em>de generación en generación.</em></p>
<p><em>Él hace proezas con su brazo:</em></p>
<p><em>dispersa a los soberbios de corazón,</em></p>
<p><em>derriba del trono a los poderosos</em></p>
<p><em>y enaltece a los humildes,</em></p>
<p><em>a los hambrientos los colma de bienes</em></p>
<p><em>y a los ricos los despide vacíos.</em></p>
<p><em>Auxilia a Israel, su siervo,</em></p>
<p><em>acordándose de la misericordia</em></p>
<p><em>-como lo había prometido a nuestros padres-</em></p>
<p><em>en favor de Abrahán</em></p>
<p><em>y su descendencia por siempre.</em></p></blockquote>
<p>Fragmentos del Magníficat&#8230;</p>
<p><em><br />
</em></p>
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		<title>Sigo acá</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Aug 2010 21:50:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Saludos]]></category>

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		<description><![CDATA[En estos días, estoy pasando por una etapa complicada, por eso no puedo escribir demasiado. Agradezco a todos los que me saludaron por mi cumpleaños y les pido una oración especial por mi.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En estos días, estoy pasando por una etapa complicada, por eso no puedo escribir demasiado.</p>
<p>Agradezco a todos los que me saludaron por mi cumpleaños y les pido una oración especial por mi.</p>
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		<title>Desde la obra Puntos Corazón alertan sobre un falso sacerdote</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Aug 2010 17:20:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Varios]]></category>
		<category><![CDATA[Puntos Corazón]]></category>

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		<description><![CDATA[Paraná (Entre Ríos), 24 Ago. 10 (AICA) El responsable nacional de Puntos Corazón Argentina, presbítero Marc Schmitt, alertó sobre la “situación fraudulenta” de una persona que dice llamarse “Francisco Marino”, quien se presenta en la red social Facebook e Internet como sacerdote miembro de la Fraternidad Sacerdotal Molokai, rama sacerdotal de este movimiento católico. “Afirmo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aica.org/photos/00013996-constrain-160x200.jpeg" border="0" alt="Movimiento Puntos Corazón" hspace="5" vspace="5" align="left" />Paraná (Entre Ríos), 24 Ago. 10 (AICA)  El   responsable nacional de Puntos Corazón Argentina, presbítero Marc   Schmitt, alertó sobre la “situación fraudulenta” de una persona que dice   llamarse “Francisco Marino”, quien se presenta en la red social   Facebook e Internet como sacerdote miembro de la Fraternidad Sacerdotal   Molokai, rama sacerdotal de este movimiento católico.</p>
<p>“Afirmo que ‘Francisco Marino’ no es conocido por nuestro Movimiento,   no pertenece a nuestra Fraternidad Sacerdotal Molokai y carece de todo   vínculo con Puntos Corazón”, subrayó en un comunicado para evitar   confusiones, que contó con la aprobación del arzobispo de Paraná,   monseñor Mario Maulión.<br />
El presbítero Schmitt advirtió que   esta persona “dice trabajar en proximidades de la villa La Cava (San   Isidro &#8211; Buenos Aires) con un grupo de jóvenes laicos europeos”.<br />
Informes: <a href="http://www.puntoscorazon.org.ar/" target="_blank">www.puntoscorazon.org.ar</a> .+</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Domingo de la Semana 22ª del Tiempo Ordinario. Ciclo C</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Aug 2010 17:16:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado» Lectura del libro del Eclesiástico 3,19-21.30-31 «Haz, hijo, tus obras con dulzura, así serás amado por el acepto a Dios. Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y ante el Señor hallarás gracia. Pues grande es el poderío del Señor, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em>«Todo el que se ensalce, será humillado; y el que se  humille, será ensalzado» </em></p>
<p><strong>Lectura  del libro del Eclesiástico 3,19-21.30-31</strong></p>
<p>«Haz, hijo, tus obras con dulzura, así serás  amado por el acepto a Dios. Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y  ante el Señor hallarás gracia. Pues grande es el poderío del Señor, y por los  humildes es glorificado. No busques lo que te sobrepasa, ni lo que excede tus  fuerzas trates de escrutar. Lo que se te encomienda, eso medita, que no te es  menester lo que está oculto. En lo que excede a tus obras no te fatigues, pues  más de lo que alcanza la inteligencia humana se te ha mostrado ya. Que a muchos  descaminaron sus prejuicios, una falsa ilusión extravió sus pensamientos.</p>
<p>El corazón obstinado en mal acaba, y el que  ama el peligro caerá en él.  El corazón  obstinado se carga de fatigas, el pecador acumula pecado tras pecado. Para la  adversidad del orgulloso no hay remedio, pues la planta del mal ha echado en él  raíces. El corazón del prudente medita los enigmas. Un oído que le escuche es  el anhelo del sabio. El agua apaga el fuego llameante, la limosna perdona los  pecados. Quien con favor responde prepara el porvenir, el día de su caída  encontrará un apoyo».</p>
<p><strong>Lectura  de la carta a los Hebreos 12,18-19.22-24a</strong></p>
<p>«No os habéis acercado a una realidad  sensible: fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, huracán, sonido de trompeta y a  un ruido de palabras tal, que suplicaron los que lo oyeron no se les hablara  más. Tan terrible era el espectáculo, que el mismo Moisés dijo: Espantado estoy  y temblando. Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad  de Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, reunión solemne  y asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos, y a Dios, juez  universal, y a los espíritus de los justos llegados ya a su consumación, y a  Jesús, mediador de una nueva Alianza».</p>
<p><strong>Lectura  del Santo Evangelio según San Lucas 14, 1.7-14</strong></p>
<p>«Y sucedió que,  habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer,  ellos le estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros  puestos, les dijo una parábola: &#8220;Cuando seas convidado por alguien a una  boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él  otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga:  &#8220;Deja el sitio a éste&#8221;, y entonces vayas a ocupar avergonzado el  último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el  último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga:  &#8220;Amigo, sube más arriba.&#8221; Y esto será un honor para ti delante de  todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será  humillado; y el que se humille, será ensalzado&#8221;.</p>
<p>Dijo también al que  le había invitado: &#8220;Cuando des una comida o una cena, no llames a tus  amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea  que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un  banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y  serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la  resurrección de los justos&#8221;.»</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>El vínculo que podemos encontrar entre los  textos litúrgicos de este Domingo es la humildad. Es la actitud del hombre ante las  riquezas del mundo material o espiritual (Primera Lectura). Es y debe ser la  actitud correcta de todo hombre, y particularmente del cristiano, en las  relaciones con los demás (Evangelio). Y, sobre todo, debe ser la actitud propia  del hombre en su relación con Dios; una actitud en la que descubre su propia  pequeñez ante la magnanimidad de Dios (Segunda Lectura).</p>
<p><strong>Entendiendo el contexto </strong></p>
<p>El Evangelio de hoy  comienza ubicando el contexto de lo que va a acontecer: <em>«Sucedió que  habiendo ido Jesús en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para  comer, ellos lo estaban observando» </em>(Lc 14,1).  Tres cosas podemos destacar en esta introducción: el tiempo: día sábado; el  lugar: la casa de un fariseo; la ocasión: un banquete con varios otros  invitados. Después de esta introducción sigue un episodio, que no hace parte de  la lectura dominical: <em>«Había allí,  delante de Jesús, un hombre hidrópico»</em>. Seguramente este hombre se había  enterado de que Jesús estaba allí y había venido a postrarse ante él  suplicándole que lo sanara. ¿Qué hacer?</p>
<p>Por un lado, es claro que la Ley prohíbe hacer  cualquier trabajo en sábado, y Jesús declaró que Él había venido a <em>«dar cumplimiento a la Ley» </em>(Mt 5,17).  Por otro lado, es claro que este hombre está privado de la salud. Jesús opta por  curar al enfermo y lo despide. De esta manera enseña que la vida humana tiene  un valor sagrado e inviolable y que la Ley, incluido el precepto del sábado,  está formulada por Dios <em>«para que el  hombre tenga vida y la tenga en abundancia»</em>. El respeto de la vida humana y  el cuidado de ella, desde su concepción hasta su fin natural, está en el centro  de la enseñanza de Cristo.</p>
<p>En seguida el Evangelio se centra en el banquete.  Jesús se fija en la conducta de los invitados y, notando cómo elegían los  primeros puestos, les dice una parábola: <em>«Cuando  seas invitado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto&#8230;»</em>.  En realidad, más que una parábola en sentido estricto, ésta es una enseñanza de  sabiduría humana. Y, aunque sea una norma de la más elemental prudencia humana,  los invitados que Jesús observaba no la cumplían.</p>
<p><strong>La literatura sapiencial </strong></p>
<p>Con estas recomendaciones de sabiduría humana y de  sana convivencia, Jesús adopta el estilo de la literatura sapiencial. Sabemos  que varios libros de la Biblia perte­necen a este género: Job, Proverbios,  Cohelet (Ecle­sias­tés), Sirácida (Eclesiástico) y Sabiduría. Tam­bién se  encuentra el género sapiencial en parte de otros libros. Jesús revela tener  conocimiento de esta literatu­ra, pues la parábola que propone toma su  enseñanza del libro de los Proverbios. Allí se hace la misma recomenda­ción: <em>«No te des importan­cia ante el rey, no te  coloques en el sitio de los gran­des; porque es mejor que te digan: &#8216;Sube acá&#8217;,  que ser humillado delante del príncipe» </em>(Prov. 25,6-7). Es la misma  enseñanza que, para hacerla más incisiva, Jesús la propone en forma de  parábola, según su estilo propio y característico de enseñar.</p>
<p>La literatura sapiencial floreció en el Antiguo  Oriente, especialmente en Egipto y Mesopotamia, donde se componían proverbios,  fábulas y poemas para enseñar el arte del bien vivir, conforme al orden del  universo. De allí fue tomada por Israel, pero mirada bajo el prisma de su  propia fe en un Dios creador y salvador que dirige todo el uni­verso. Y en esta  forma fue adoptada como parte de los libros sagrados. Pero la canonización  mayor de estos libros les viene por el hecho de que Jesús los conoz­ca y los  cite. Tan sólo del libro de los Prover­bios, el Nuevo Testamento tiene catorce  citas textuales y una veintena de alu­siones. Justamente en el Evangelio de hoy  encon­tramos una de éstas.</p>
<p>Sin embargo alguien podría preguntar: ¿Qué tiene que  ver este tipo de consideraciones de prudencia y sabiduría humana con las virtu­des  sobrenaturales de fe, esperanza y caridad, que consti­tuyen la perfección de la  vida cristiana? ¿Por qué se ocupa Jesús de estas cuestiones de vida social? El  se ocupa de las virtudes humanas naturales, porque ellas son el terreno fértil  en que pueden echar raíces las virtudes sobrenatu­rales de la fe, esperanza y  caridad. Donde faltan las virtudes humanas de la honestidad, la lealtad, el  amor a la verdad, la fideli­dad a la palabra empeñada y a los compromi­sos  asumidos, etc., y las virtu­des cristianas naturales de la humildad, la pacien­cia,  la mansedumbre, la modestia, la tolerancia, la gene­rosidad, etc., es imposi­ble  que florez­can las virtudes sobrenatura­les de la fe, esperanza y caridad.</p>
<p>Cuando alguien, por ejemplo, es deshonesto, o menti­roso,  o mantiene negocios turbios y fraudu­lentos, no se puede pretender que sobre­salga  en la caridad; cuando alguien es vanidoso y soberbio y ambiciona los primeros  lugares para alcanzar gloria humana, es imposible que brille por la fe y la  esperanza sobrena­tura­les. Por otro lado, donde las virtu­des sobrena­turales  han encontrado un terre­no apto para florecer, ellas per­feccio­nan  ulteriormente al hombre en las virtudes natura­les. Por eso, las virtudes  humanas y cristianas naturales resplande­cen con mayor brillo en los santos.</p>
<p><strong>La reina de las virtudes</strong></p>
<p>La parábola es de mera sabiduría humana y como tal  contie­ne una sabia enseñanza para el diario vivir. Pero es claro que Jesús no  se queda sólo en este nivel. Él no sólo está dando una norma de elemental buena  educación. Lo que Jesús quiere ense­ñar es la virtud de la humildad. Por eso la  senten­cia conclusiva: <em>«El que se  ensalce, será humillado; y el que se humille será ensalzado»</em>, se refie­re,  en primer lugar, a nuestra relación con Dios. «Será humillado» y «será ensalza­do»  por Dios. La humildad es la reina de las virtudes. Ella hace res­plandecer  todas las demás virtudes y sin ella todas la demás virtudes perecen.</p>
<p>«Humilde» se deriva de la palabra latina <em>«humilis», </em>que a su vez proviene de <em>«humus»</em> (tierra). Humilde es  pues el que está al ras del suelo o se mueve  cerca del suelo. Algo que responde exactamente a nuestra condición de criatura  ya que humilde es el que, con sabiduría y realismo, reconoce la distancia que  le separa de su Creador. Santa Teresa de Ávila, sin apelar a latines, dio una  certera definición de humildad, quizás la mejor que existe: <em>«Una vez estaba yo considerando por qué  razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y se me puso  delante&#8230;esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en  verdad» </em>(Moradas sextas 10,8).</p>
<p>Más aún podemos decir que toda  la historia de la salvación es el cumplimiento de esa sentencia luminosa de  Jesús. En efec­to, si todo el género humano se vio comprometido y sometido a la  muerte, fue por el orgullo de nuestros primeros padres. Dios les había dado  todos los bienes, incluido el más grande de todos que es su propia amistad e  intimidad. El único límite que les puso fue el de su propia humanidad. Bastaba  que el hombre reconociera su condición de ser humano. El único precepto: <em>«Del árbol de la ciencia del bien y del mal  no comerás»</em> equivale a éste otro: «Conténtate con ser hombre y no quieras  ser Dios». Pero no. El ser humano quiso traspa­sar también este límite y cedió  a la tentación de ser dios: <em>«El día que  comiereis se os abrirán los ojos y seréis como dioses» </em>(Gen 3,5). Y comió.  Pero no fue dios, sino que volvió al polvo de donde había sido tomado: <em>«Polvo eres y en polvo te convertirás» </em>(Gen  3,19). El hombre se exaltó y fue humi­llado. Ésta es la eterna historia del  hombre autosufi­ciente que quiere reali­zarse al margen de Dios.</p>
<p>Cristo, en cambio, para  redimirnos hizo el camino con­trario, como lo dice hermosamente el himno de la  carta a los Filipenses 2,6-11: <em>«Cristo,  siendo de condición divi­na, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que  se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose seme­jante a los  hombres&#8230; se humilló a sí mismo, obede­ciendo hasta la muerte y muerte de  cruz». </em>Ésta es también la historia de la bienaventurada Virgen   María que es capaz de decir: <em>«E</em><em>ngrandece mi alma al  Señor y mi espíritu &#8211; se alegra en Dios mi salvador &#8211; porque &#8211; ha puesto los  ojos en la humildad de su esclava, &#8211; por eso desde ahora todas las generaciones  me llamarán bienaventurada</em><em>».</em></p>
<p><strong>¿A quién invitar?</strong></p>
<p>Aprovechando de que estaba en un banquete, Jesús  siguió dando un criterio sobre la elección de los invitados: <em>«Cuando des un banquete, llama a los pobres,  a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden  corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos». </em>¡Qué  distinto es este criterio del que se usa en la vida corriente! Las listas de  invitados parten siempre por los más poderosos y precisamente en vista de la  retribución que ellos puedan ofrecer. Jesús dice: <em>«Ellos te invitarán a su vez, y tendrás ya tu recompensa»,</em> quedarás  pagado en esta tierra.</p>
<p>En cambio, si se invita a los que no pueden corresponder,  la recompensa no será de ellos, ¡será de Dios! Y no será en bienes de esta  tierra. Por eso dice: <em>«Se te recompensará  en la resurrección de los justos»</em>, es decir, eternamente en el cielo. ¡Qué  extraño poder de retribución tienen los pobres! Es que Jesús se identificó con  ellos de la manera más plena: <em>«Tuve  hambre y me disteis de comer&#8230; En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de  estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,35.40)</em>. La  recompensa será ésta: <em>«Venid, benditos de  mi Padre, recibid en herencia el Reino preparado para vosotros desde la  creación del mundo» </em>(Mt 25,34)<em>.</em></p>
<p><strong>Una palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«Hace  exactamente un mes tenía lugar en Asís la Jornada de oración por la paz en el  mundo. Hoy mi pensamiento se dirige espontáneamente hacia los responsables de  la vida social y política de los países que estaban representados por los jefes  religiosos de numerosas naciones. <strong> </strong></em></p>
<p><em>Las  intervenciones inspiradas de esos hombres y mujeres, representantes de las  diferentes confesiones religiosas, así como su deseo sincero de trabajar a  favor de la concordia, de la búsqueda común del auténtico progreso y de la paz  en el seno de toda la familia humana, encontraron su expresión elevada y  concreta a la vez en un «decálogo» proclamado al concluir esa jornada  excepcional. <strong> </strong></em></p>
<p><em>Tengo  el honor de enviar el texto de este compromiso común a Su Excelencia,  convencido de que estas diez proposiciones podrán inspirar la acción política y  social de su gobierno. Pude constatar que los participantes en el encuentro de  Asís estaban más animados que nunca por una convicción común: la humanidad  tiene que escoger entre el amor y el odio. Y al sentirse todos miembros de una  misma familia humana, supieron traducir esta aspiración a través de este  decálogo, persuadidos de que el odio destruye, por el contrario el amor  construye. <strong></strong></em></p>
<p><em>Deseo  que el espíritu y el compromiso de Asís lleven a todos los hombres de buena  voluntad a la búsqueda de la verdad, de la justicia, de la libertad, del amor,  para que toda persona humana pueda gozar de sus derechos inalienables, y cada  pueblo de la paz. Por su parte, la Iglesia católica, que pone su confianza y  esperanza en «el Dios del amor y de la paz» (2 Corintios 13, 11), seguirá  comprometiéndose para que el diálogo leal, el perdón recíproco y la concordia  mutua tracen la ruta de los hombres en este tercer milenio». <strong></strong></em></p>
<p><em>Juan  Pablo II. Carta a los Jefes de Estado para presentar el Decálogo de Asís. </em></p>
<p><em>24 de  febrero de 2002.</em></p>
<p><strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la  semana</strong></p>
<p><em>1.  Humildad es andar en verdad. ¿Cómo vivo la humildad en mi vida cotidiana? ¿Soy  humilde? ¿Qué me falta para vivir esta virtud? </em></p>
<p><em>2. ¿A  quién invitaría a un banquete? ¿Cuándo ayudo a alguien, busco que ella me  retribuya el favor? ¿Soy generoso y desinteresado? </em></p>
<p><em>3.  Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 1803-1804.  1810-1813. 2779.</em></p>
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		<title>Coronación Ntra. Sra. de la Paz (2)</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Aug 2010 22:50:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<title>Homilía  del Obispo Diocesano en la   Coronación de la  imagen con el Niño de Nuestra Señora de la Paz</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Aug 2010 11:59:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Homilía del Obispo Diocesano en la Coronación de la imagen con el Niño de Nuestra Señora de la Paz]]></category>

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		<description><![CDATA[La buena memoria  nos consolida como pueblo, porque da lugar a la esperanza, y en esta nuestra historia, a una esperanza que abrió caminos para recordar con gratitud el pasado, al deseo de vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro. Ante las luchas intestinas entre argentinos, ante la distancia del centralismo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.marana-tha.net/images/oficinaprensa.jpg" rel="lightbox[3966]"><img class="aligncenter" src="http://www.marana-tha.net/images/oficinaprensa.jpg" alt="" width="300" height="54" /></a></p>
<p>La buena memoria  nos consolida como pueblo, porque da lugar a  la esperanza, y en esta nuestra historia, a <em>una  esperanza que abrió caminos para recordar con gratitud el pasado, al deseo de vivir  con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro</em>.</p>
<p>Ante  las luchas intestinas entre argentinos, ante la distancia del centralismo  porteño y el reclamo de las provincias, en las cercanías de Buenos Aires por la  insistencia de los pobladores de las Lomas de Zamora, después de casi cuarenta  años de exponer a las autoridades la petición de la fundación del pueblo, de la  parroquia y del partido (así se estilaba en esa época) bajo la <strong>advocación de la Virgen de la paz</strong>. El 20  de agosto de 1860 se efectuaba la séptima petición para construir este templo  de las lomas de Zamora. En diciembre del mismo año el gobernador de la Provincia Bartolomé  Mitre puso la piedra fundante y el párroco de   San Miguel de Buenos Aires, canónigo Gabriel Fuentes  bendecía   las primeras zanjas abiertas para los cimientos.</p>
<p>El Bicentenario  de la patria no es sólo el primer grito de libertad del 25 de mayo de 1810-  sino también el deseo de ir plasmando y consolidando como nación la independencia  iniciada en 1816. Pastoralmente creemos tambien que  ayudará como celebración prolongada durante el  próximo sexecenio a seguir recordando y uniendo los acontecimentos  de los 200 años de la revolución de mayo y del  Congreso de Tucumán: nuestra independencia nacional, y los 150 años de historia  lomense, hasta el 2016.</p>
<p>La costumbre de representar a  santa <strong>María virgen  ceñida con corona</strong> regia data ya de los  tiempos del Concilio de Efeso (431), lo mismo en Oriente que en Occidente.</p>
<p>Hoy junto al Señor la coronamos. <em>“A tu derecha está la Reina enjoyada con oro de  ofir”</em> reza la escritura. Y la imagen la contemplamos sentada con el niño,  esta sentada en la cátedra en el trono, porque esta es su cátedra, esta es su  casa.</p>
<p>Ella  sabemos que no necesita de coronas materiales, pero nosotros como hijos suyos,  que nos movemos desde  el sentido,  necesitamos el  gesto que nos ayude a  contemplar  a la <strong>Madre</strong><strong> y Reina,</strong> para que se proyecte este  gran deseo, de que verdaderamente: reine en nuestros corazones, <strong>queremos con este gesto que María reine en  nuestros corazones, y que reine como Señora de la Paz;</strong> que nos ayude a cada  uno a ser un poco más justos cada día.</p>
<p>Uno de los textos marianos más antiguos del N. T. Aparece en la carta  a los Gálatas<a name="_ftnref1" href="#_ftn1"> </a>: <em>“cuando se cumplió el tiempo, <strong>Dios envió a su hijo,</strong> nacido de mujer”  .</em></p>
<p>Es un texto de la   Palabra de Dios que genera en nosotros gran esperanza, no  sólo porque nos habla de que ha llegado el tiempo de la redención, sino también  por las palabras; <strong>“Nacido de mujer</strong>”,  que nos hace entender dos cosas importantes: que <strong>Dios quiso meterse en la familia humana y la incorporación de María al  proyecto salvífico de Dios</strong>.</p>
<p>Pero si gustamos este texto  descubrimos también, no sólo la afirmación de la maternidad divina de María,  sino el hecho de que ella, desde su tímida entrada en este amplio escenario  bíblico, aparece al lado de un <strong>misionero:  Jesucristo</strong>, se presenta en este texto como el gran enviado de Dios. El  verbo “<strong><em>envió”</em></strong> es un término clásico para indicar <strong>La   Misión</strong><strong>; califica  claramente al Hijo como enviado del Padre.</strong></p>
<p>María Santísima se asoma  entonces al mirador de la historia de la salvación, se manifiesta en público  otra vez, asociada al gran misionero, como queriendo significar que uno de los  rasgos fundamentales de su figura materna es el de la  misión.</p>
<p>Es por eso que la imagen peregrina  de Nuestra Señora de la Paz,  antes de esta coronación, quiso misionar entre su pueblo, tantos testimonios  recibidos a su paso por Parroquias y colegios, por las calles y las plazas, los  andenes de las estaciones y las peatonales, desde el bullicio de los comercios  al silencio de las capillas, es decir, donde se plasma el acontecer de la  gente.</p>
<p>Hemos querido en  este tiempo rezar en todas las comunidades junto a la Madre, por la paz entre los  argentinos, ante la violencia domestica y la callejera, ante la crispación de  los mayores y la venganza de los menores, ante el flagelo del alcohol que  destruye y las zonas liberadas que intoxican y   fulminan a muchos, para que lucren unos pocos. Seguimos pidiendo por esta  justicia demasiado largamente esperada.</p>
<p>Sabemos que en el Evangelio se encuentran  muchos pasajes, que concretamente muestran su espíritu misionero. En el  evangelio de la visitación es como si la Virgen se moviera bajo el impulso del mismo verbo<strong><em>:  enviar</em></strong>, el que tocó a Gabriel: y   “<strong><em>fue enviado, el ángel de parte de Dios</em></strong>”. <strong>Fue enviado</strong>. Es fuerte el mandato de este verbo: y no habiéndose  agotado con la venida del ángel a la tierra, descargó el dinamismo que le  quedaba, en María, que se puso en marcha hacia las montañas de Judea. Es decir,  también ella fue enviada. En el origen de su viaje resuena este verbo misionero  que la Iglesia  ha proclamado y ha ejercitado a lo largo de los siglos. María obedeció a este  impulso misionero, y llevando a Cristo en su seno, se convirtió en su primera  custodia, inauguró las procesiones del “Corpus Christi” y fue a llevar el  anuncio de liberación a los parientes que estaban lejos.</p>
<p>En este y en otros pasajes cada vez que se  habla de María lo relacionamos como la mensajera de la buena noticia. María es  buena noticia que nos trae la buena nueva del Evangelio, por eso el pasaje de la Carta a los Gálatas nos  presenta toda la fuerza teológica de su exordio: al lado de Cristo. Nosotros  enviados, queremos salir del refugio seguro del templo, para ser enviados a los  que no conocen la Buena   Noticia de Jesús. Porque como enviada por Dios para la  salvación del mundo la Iglesia  existe para caminar, no para acomodarse.</p>
<p>Nómada como tú, Madre y Reina,  pon en nuestro corazón una gran pasión por llevar el Evangelio a todo hombre.  Madre caminante como tú, llénanos de ternura hacia los necesitados. Y haz que  no nos preocupemos más que presentar a Jesucristo, como hiciste tú con los  pastores, con los magos de oriente y con otros mil anónimos personajes que  esperaban la redención.</p>
<p><strong>Santa María Reina de la paz</strong>, que seamos una Iglesia misionera que  partamos el pan de la Palabra  a todo hermano; especialmente, a los que se sienten más lejos. Auxílianos en  nuestro deseo misionero, restaura nuestro cansancio, protégenos de todo  peligro, especialmente el de la prepotencia, la comodidad y el mirarnos a  nosotros mismos.</p>
<p>Santa María haznos testigos de  la alegría, de esa alegría sencilla de los que caminan el barrio y se sientan a  perder el tiempo con el anciano, el débil, el sufriente, de los que se  convierten en <strong><em>ministros de la escucha</em></strong> del adolescente crispado y del joven sólo,  de la mujer golpeada o abandonada y del que no cuenta para nuestra eficiente  sociedad indiferente. Que ante lo urgente de la caridad nos parezca pobre  nuestra generosidad y lenta nuestra acción con los caídos del camino.</p>
<p><strong>¡Madre  y Reina de la paz queremos ser agradecidos!</strong></p>
<p>¡Gracias por acercarnos a tu hijo!. Gracias porque con tu silencio nos  hablás tan lindo. Gracias porque una y otra vez como cuando acarreabas el agua  de la fuente, rogás a tu hijo por nuestro pueblo. Gracias por tu servicio a la  vida. Gracias por ser mujer y por atender las súplicas de tantas madres, que  hoy sienten que el camino se hace cuesta arriba, como el del calvario y encima  está la cruz. Gracias Reina porque sos tan madre que los hombres nos sentimos  niños frente a tu imagen, y nos haces más buenos.</p>
<p>Gracias  porque hoy como en Belén, la casa del pan, tocás corazones buenos para  compartir el pan. Gracias por tu humildad de reina y tu grandeza de sierva.  Gracias porque sos nuestra mediadora en la difícil comprensión entre los  hombres. Gracias por ser madre y Reina de la iglesia, que seguís amamantando  hijos con tu ternura, porque tu manto co-redentor también a cubierto a nuestros  muertos.</p>
<p>Gracias  porque nos enseñas a ampararnos a la sombra del Espíritu y nos alientas con la Palabra.</p>
<p>Gracias también por <strong>ser Reina de la paz.</strong> Concédenos del Señor su paz, fruto de la  justicia, la que el mundo no puede dar.</p>
<p>Te necesitamos Madre y Reina para que las  palabras del Evangelio<strong><em>: El que quiera servirme que me siga, y  donde yo esté, allí estará mi servidor… </em></strong> nos alienten a seguir sirviendo en la Iglesia, en la familia, en  la comunidad. Que sepamos siempre darte un lugar, en nuestro corazón, en  nuestra familia, en nuestro pueblo. Sé nuestra luz, como nos pide tu Hijo: <strong><em>Caminen  mientras tengan luz no sea que las tinieblas, los sorprendan, porque el que  camina en tinieblas no sabe a dónde va. Mientras tengan luz, crean en la luz, y  serán hijos de la luz.</em></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Que la luz este presente siempre  en nuestras vidas, sea presencia de tu Hijo que reina desde la cruz gloriosa.  Presencia de la madre que acompañó al hijo hasta la gloria. Presencia en cada  corazón que recibe  a Cristo redentor en  la fe, lo saluda en la esperanza y lo vive en el amor.</p>
<p>Santa María reina de la Paz, mujer misionera, que no  nos cansemos por los fracasos, líbranos de la resignación de los que se  resisten a ser enviados, de los que dicen pero no hacen, y de los tranquilos,  que no han sentido en el corazón, el resuello de las multitudes que todavía no  conocen a Jesús.</p>
<p>Santa María Reina de la Paz te pedimos que intercedas  ante los anhelos de pastoral planificada de nuestra Iglesia diocesana, líbranos  de la tentación, pues tampoco ella es extraña a la palabra de más, que divide -al  individualismo que fragmenta- al derrotismo que agobia, y a la exclusión que  selecciona dentro del perímetro de sombra que proyecta el campanario.</p>
<p>Te lo pedimos para nosotros, que  lejos de las discriminaciones, del egoísmo y del aislamiento, podamos estar  siempre del lado de la vida, en el punto donde nace, crece y muere.</p>
<p>Santa María Reina de la Paz te lo pedimos para nuestra  provincia, que trabajemos juntos echando las redes, que aunque pensemos  distinto nos arremanguemos juntos, que los intereses partidistas no atomicen  las voluntades.</p>
<p>Te lo pedimos para nuestras familias, para que el diálogo, el amor  crucificado, la constancia y la ternura doméstica, hagan de ellas lugar  privilegiado del compromiso cristiano y civil.</p>
<p>Te lo pedimos para nuestra  patria y para el mundo entero, a fin de que la solidaridad de una mesa más  grande vaya haciéndose eco entre los pueblos, deje de vivirse como un  compromiso moral más y se reconozca como el único imperativo ético, donde la  paz, fruto de la justicia, se convierta en meta ineludible.</p>
<p>Te rogamos que se lo pidas a  tu Hijo, <strong>por  El, con El y en El, Pastor de las almas y Arriero de corazones, enviado del  Padre, nacido de mujer.</strong> Amén</p>
<p>Iglesia Catedral  de Nuestra Señora de la Paz,  22 de agosto de 2010.-</p>
<p>Mons  Jorge Lugones SJ</p>
<p>Obispo  de Lomas de Zamora<br />
<a name="_ftn1" href="#_ftnref1"> </a> Gal. 4,4</p>
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		<title>Coronación Ntra. Sra. de la Paz</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Aug 2010 22:25:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Virgen fue coronada!!!! GLORIA!!! Este es el momento, mañana agregaré nuevos videos, fotos y detalles&#8230;.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Virgen fue coronada!!!!</p>
<p>GLORIA!!!</p>
<p>Este es el momento, mañana agregaré nuevos videos, fotos y detalles&#8230;.</p>
<p><object type="application/x-shockwave-flash" data="http://www.youtube.com/v/JknYn2ip9Cc&#038;fs=1" width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/JknYn2ip9Cc&#038;fs=1" /><param name="FlashVars" value="playerMode=embedded"/><param name="wmode" value="transparent"/></object></p>
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		<title>Felíz Día!!!!</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Aug 2010 21:51:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridos todos, en este día del Catequista, quiero saludarlos enviando la Homilía del Papa Juan Pablo II por el Jubileo de los Catequistas. Un abrazo en Cristo Llevar a los hombres a Cristo 1. &#8220;Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos&#8221; (Lc 3, 4). Con estas palabras se dirige hoy a nosotros Juan el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Queridos todos, en este día del Catequista, quiero saludarlos enviando la Homilía del Papa Juan Pablo II por el Jubileo de los Catequistas.</p>
<p>Un abrazo en Cristo</p>
<blockquote><p><strong>Llevar a los hombres a Cristo </strong></p>
<p><strong>1.</strong> &#8220;Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos&#8221; (<em>Lc</em> 3, 4). Con estas palabras se dirige hoy a nosotros Juan el Bautista. Su   figura ascética encarna, en cierto sentido, el significado de este   tiempo de espera y de preparación para la venida del Señor. En el   desierto de Judá proclama que ya ha llegado el tiempo del cumplimiento   de las promesas y el reino de Dios está cerca. Por eso, es preciso   abandonar con urgencia las sendas del pecado y creer en el Evangelio   (cf. <em>Mc</em> 1, 15).</p>
<p>¿Qué figura podía ser más adecuada que la de   Juan Bautista para vuestro jubileo, amadísimos catequistas y profesores   de religión católica? A todos vosotros, que habéis venido desde diversos   países, en representación de numerosas Iglesias particulares, dirijo mi   afectuoso saludo. Agradezco al señor cardenal Darío Castrillón Hoyos,   prefecto de la Congregación para el clero, y a vuestros dos   representantes, las amables palabras que, al comienzo de esta   celebración, me han dirigido en nombre de todos vosotros.</p>
<p><strong>2.</strong> En el Bautista encontráis hoy <em>los rasgos fundamentales de vuestro servicio eclesial</em>.   Al confrontaros con él, os sentís animados a realizar una verificación   de la misión que la Iglesia os confía. ¿Quién es Juan Bautista? Es, ante   todo, un creyente comprometido personalmente en un <em>exigente camino espiritual</em>, fundado en la escucha atenta y constante de la <em>palabra de salvación</em>. Además, testimonia un estilo de vida <em>desprendido y pobre</em>; demuestra gran <em>valentía al proclamar a todos la voluntad de Dios</em>, hasta sus últimas consecuencias. No cede a la tentación fácil de desempeñar un papel destacado, sino que, <em>con humildad</em>, se abaja a sí mismo para enaltecer a Jesús.</p>
<p>Como Juan Bautista, también el catequista está llamado a indicar en Jesús al Mesías esperado, al Cristo. Tiene como misión <em>invitar a fijar la mirada en Jesús y a seguirlo</em>, porque sólo él es el Maestro, el Señor, el Salvador. Como el Precursor, el catequista <em>no debe enaltecerse a sí mismo, sino a Cristo</em>. Todo está orientado a él: a su venida, a su presencia y a su misterio.</p>
<p>El catequista debe ser <em>voz que remite a la Palabra</em>, amigo que guía hacia el Esposo. Y, sin embargo, como Juan, <em>también él es, en cierto sentido, indispensable</em>,   porque la experiencia de fe necesita siempre un mediador, que sea al   mismo tiempo testigo. ¿Quién de nosotros no da gracias al Señor por un   valioso catequista -sacerdote, religioso, religiosa o laico-, de quien   se siente deudor por la primera exposición orgánica y comprometedora del   misterio cristiano?</p>
<p><strong>3.</strong> Vuestra labor, queridos catequistas y   profesores de religión, es muy necesaria y exige vuestra fidelidad   constante a Cristo y a la Iglesia. En efecto, todos los fieles tienen   derecho a recibir de quienes, por oficio o por mandato, son responsables   de la catequesis y de la predicación <em>respuestas no subjetivas, sino conformes al Magisterio constante de la Iglesia</em> y a la fe enseñada desde siempre autorizadamente por cuantos han sido   constituidos maestros y vivida de modo ejemplar por los santos.</p>
<p>A este propósito, quisiera recordar aquí la importante exhortación apostólica <em>Quinque iam anni</em>, que el siervo de Dios Papa Pablo VI dirigió al Episcopado católico <em>cinco años después del concilio Vaticano II</em>,   es decir, hace treinta años, exactamente el 8 de diciembre de 1970. Él,   el Papa, denunciaba la peligrosa tendencia a construir, partiendo de   datos psicológicos y sociológicos, un cristianismo desligado de la   Tradición ininterrumpida que le une a la fe de los Apóstoles (cf. <em>L&#8217;Osservatore Romano</em>,   edición en lengua española, 10 de enero de 1971, p. 2). Queridos   hermanos, también a vosotros os corresponde colaborar con los obispos a   fin de que <em>el esfuerzo necesario </em>para hacer que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo <em>comprendan el mensaje no traicione jamás la verdad y la continuidad de la doctrina de la fe </em>(cf. <em>ib</em>., p. 3).</p>
<p>Pero no basta el conocimiento intelectual de Cristo y de su Evangelio. En efecto, creer en él significa <em>seguirlo</em>. Por eso debemos ir a la escuela de los <em>Apóstoles</em>, de los <em>confesores</em> de la fe, de los <em>santos</em> y de las <em>santas</em> de todos los tiempos, que han contribuido a difundir y hacer amar el nombre de Cristo, mediante <em>el testimonio de una vida</em> entregada generosa y gozosamente por él y por los hermanos.</p>
<p><strong>4.</strong> A este respecto, el pasaje evangélico   de hoy nos invita a un esmerado examen de conciencia. San Lucas habla de   &#8220;allanar los senderos&#8221;, &#8220;elevar los valles&#8221;, &#8220;abajar los montes y   colinas&#8221;, para que todo hombre vea la salvación de Dios (cf. <em>Lc</em> 3, 4-6). Esos &#8220;valles que deben elevarse&#8221; nos hacen pensar en la separación, que se constata en algunos, entre la <em>fe</em> que profesan y la <em>vida</em> que viven diariamente: el Concilio consideró esta separación como &#8220;uno de los errores más graves de nuestro tiempo&#8221; (<em>Gaudium et spes</em>, 43).</p>
<p>Los &#8220;senderos que deben allanarse&#8221; evocan,   además, la condición de algunos creyentes que, del patrimonio integral e   inmutable de la fe, cortan <em>elementos subjetivamente elegidos</em>,   tal vez a la luz de la mentalidad dominante, y se alejan del camino   recto de la espiritualidad evangélica para tener como referencia vagos   valores inspirados en un moralismo convencional e irenista. En realidad,   aun viviendo en una sociedad multiétnica y multirreligiosa, el   cristiano no puede menos de sentir la urgencia del mandato misionero que   impulsó a san Pablo a exclamar: &#8220;¡Ay de mí si no anunciara el   Evangelio!&#8221; (<em>1 Co</em> 9, 16). En todas las circunstancias, en todos   los ambientes, favorables o desfavorables, hay que proponer con valentía   el evangelio de Cristo, anuncio de felicidad para todas las personas,   de cualquier edad, condición, cultura y nación.</p>
<p><strong>5.</strong> La Iglesia, consciente de ello, en los últimos decenios ha puesto mayor empeño aún en la <em>renovación de la catequesis</em> según las enseñanzas y el espíritu del concilio Vaticano II. Basta   mencionar aquí algunas importantes iniciativas eclesiales, entre las que   figuran <em>las Asambleas del Sínodo de los obispos</em>, especialmente   la de 1974 dedicada a la evangelización; y también los diversos   documentos de la Santa Sede y de los Episcopados, editados durante estos   decenios. Un lugar especial ocupa, naturalmente, el <em>Catecismo de la Iglesia católica</em>, publicado en 1992, al que siguió, hace tres años, una nueva redacción del <em>Directorio general para la catequesis</em>.   Esta abundancia de acontecimientos y documentos testimonia la solicitud   de la Iglesia que, al entrar en el tercer milenio, se siente impulsada   por el Señor a comprometerse con renovado impulso en el anuncio del   mensaje evangélico.</p>
<p><strong>6.</strong> La misión catequística de la Iglesia tiene ante sí importantes objetivos. Los Episcopados están preparando los <em>catecismos nacionales</em>, que, a la luz del <em>Catecismo de la Iglesia católica</em>,   presentarán la síntesis orgánica de la fe de modo adecuado a las   &#8220;diferencias de culturas, de edades, de la vida espiritual, de   situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la   catequesis&#8221; (<em>Catecismo de la Iglesia católica</em>, n. 24). Un anhelo sube del corazón y se convierte en oración: que el mensaje cristiano, íntegro y universal, <em>impregne todos los ámbitos y niveles de cultura y de responsabilidad social</em>. Y que, en particular, según una gloriosa tradición, se traduzca <em>en el lenguaje del arte</em> y de la comunicación social, para que llegue a los ambientes humanos más diversos.</p>
<p>En este momento solemne, con gran afecto os animo a vosotros, comprometidos en las diversas modalidades catequísticas: desde la <em>catequesis parroquial</em>, que, en cierto sentido, es levadura de todas las demás, hasta la <em>catequesis familiar </em>y la que se imparte en las <em>escuelas católicas</em>, en las asociaciones, en los <em>movimientos </em>y en las <em>nuevas comunidades</em> eclesiales. La experiencia enseña que la calidad de la acción   catequística depende en gran medida de la presencia pastoralmente   solícita y afectuosa de los <em>sacerdotes</em>. Queridos presbíteros, en   particular vosotros, queridos párrocos, que no falte vuestra diligente   laboriosidad en los itinerarios de iniciación cristiana y en la   formación de los catequistas. Estad cerca de ellos, acompañadlos. Es un   servicio muy importante que la Iglesia os pide.</p>
<p><strong> 7.</strong> &#8220;Siempre que rezo por vosotros, lo hago con gran alegría. Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del Evangelio&#8221; (<em>Flp</em> 1, 4-5). Amadísimos hermanos y hermanas, de buen grado hago mías las   palabras del apóstol san Pablo, que la liturgia de hoy vuelve a   proponer, y os digo: vosotros, catequistas de todas las edades y   condiciones, <em>estáis siempre presentes en mis oraciones</em>, y el   recuerdo de vosotros, comprometidos en la difusión del Evangelio en todo   el mundo y en todas las situaciones sociales, es para mí motivo de   consuelo y esperanza. Junto con vosotros deseo hoy rendir homenaje a   vuestros numerosos compañeros que <em>han pagado con todo tipo de sufrimientos, y a menudo también con la vida, </em>su   fidelidad al Evangelio y a las comunidades a las que fueron enviados.   Quiera Dios que su ejemplo sea estímulo y aliento para cada uno de   vosotros.</p>
<p>&#8220;Todos verán la salvación de Dios&#8221; (<em>Lc</em> 3,   6), así proclamaba en el desierto Juan el Bautista, anunciando la   plenitud de los tiempos. Hagamos nuestro este grito de esperanza,   celebrando el jubileo del bimilenario de la Encarnación. <em>Ojalá que todos vean en Cristo la salvación de Dios</em>.   Para eso, deben encontrarlo, conocerlo y seguirlo. Queridos hermanos,   esta es la misión de la Iglesia; esta es vuestra misión. <em>El Papa os dice</em>: <em>¡Id!</em> Como el Bautista, preparad el camino del Señor que viene.</p>
<p>Os guíe y asista María santísima, la Virgen del   Adviento, la Estrella de la nueva evangelización. Sed dóciles, como   ella, a la palabra divina, y que su <em>Magníficat</em> os impulse a la   alabanza y a la valentía profética. Así, también gracias a vosotros, se   realizarán las palabras del Evangelio: &#8220;Todos verán la salvación de   Dios&#8221;.</p>
<p>¡Alabado sea Jesucristo!</p></blockquote>
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		<title>El Papa otorgó la Rosa de Oro al santuario de la Virgen del Valle</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Aug 2010 20:38:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<category><![CDATA[El Papa otorgó la Rosa de Oro al santuario de la Virgen del Valle]]></category>

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		<description><![CDATA[San Fernando del Valle de Catamarca, 20 Ago. 10 (AICA) Además de designar al cardenal Francisco Javier Errázuriz como enviado personal para jerarquizar los actos centrales por el centenario diocesano, el papa Benedicto XVI envió la Rosa de Oro para el santuario de Nuestra Señora del Valle, que será entregada el próximo sábado 21 de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aica.org/photos/00014215-constrain-160x200.jpeg" border="0" alt="Rosa de Oro de Mucchio da Siena " hspace="5" vspace="5" align="left" />San Fernando del Valle de Catamarca, 20 Ago. 10 (AICA)  Además   de designar al cardenal Francisco Javier Errázuriz como enviado   personal para jerarquizar los actos centrales por el centenario   diocesano, el papa Benedicto XVI envió la Rosa de Oro para el santuario   de Nuestra Señora del Valle, que será entregada el próximo sábado 21 de   agosto a las 20.30, durante la celebración de cierre.</p>
<p>La Rosa de Oro es una condecoración otorgada por el Papa a   personalidades católicas preeminentes, usualmente reinas. También la   recibieron algunas advocaciones de la Virgen María.<br />
Fue   creada por León IX en 1049. Como su nombre indica, consiste en un rosal   de oro con flores, botones y hojas, colocado en un vaso de plata   renacentista en un estuche de oropel con el escudo papal. El Papa la   bendice el cuarto domingo de Cuaresma, la unge con el Santo Crisma y se   la inciensa, de modo que es un sacramental.<br />
<strong>Historia</strong><br />
El   obispado de Catamarca emitió un comunicado de prensa en el que difunde   información sobre esta singular institución de la rosa de oro, que se   remonta al año 1049. Se dice que queriendo el Papa León IX poner bajo el   dominio directo de la Santa Sede el célebre monasterio de la Santa Cruz   de Alsacia que había sido fundado por sus abuelos y sobre el cual tenía   derechos de patronato, el monasterio se obligó por un tratado a enviar   todos los años al mencionado Papa y a sus sucesores el cuarto domingo de   Cuaresma una rosa de oro o dos onzas del mismo metal. Así se verificó y   con este motivo se estableció el ritual de la bendición y de la unción   de una rosa de oro con la que se quiso figurar a Cristo representado por   el oro, el más noble de todos los metales, y la resurrección del   Salvador significada por el bálsamo aromático.</p>
<p>Antiguamente   se pintaba la rosa de carmín para representar la sangre que derramó por   su pueblo Jesús, pero luego fueron de oro bruñido y el Santo Padre   después de bendecirla la llevaba en procesión con la mano izquierda,   mientras que iba bendiciendo a los fíeles con la derecha.<br />
El   Pontífice acostumbraba enviar todos los años esta rosa a alguna iglesia   particular o bien a algún príncipe o princesa de la cristiandad. La   República de Venecia poseía cinco rosas en el tesoro de San Marcos, que   han desaparecido durante las guerras de Italia, y el papa Gregorio XVI   envió la que bendijo en 1834 a la ciudad de Venecia.<br />
<strong>El valor simbólico</strong><br />
Pero el   valor de la Rosa de Oro no reside en la cantidad del precioso metal ni   en las gemas de las que está adornada, sino en su significado. En un   libro de autor anónimo publicado en Roma en 1560 se declara su   simbolismo.<br />
El académico gerundense Enrique Claudio Girbal,   en su tratado sobre la Rosa de Oro publicado en 1880, señala: «Desde la   flor sencilla, quizás de los valles de los antiguos tiempos, hasta la   rosa cuajada de perlas y pedrería, que algún autor describe en los   pasados siglos, el valor material de la sagrada joya varía según las   circunstancias y hasta según el gusto de los artistas y de las épocas;   lo que es incalculable, y no varía, es el tesoro de misterios que la   Rosa encierra. Según enseñan los mismos Soberanos Pontífices en   repetidas cartas, esta Rosa significa y declara a nuestro Redentor, el   cual ha dicho: “Yo soy la flor del campo y el lirio de los valles”; el   oro de que se compone indica que Jesucristo es Rey de los reyes y Señor   de los señores, cuyo profundo sentido mostraron ya los Magos, cuando   como a Rey, le ofrecieron rendidamente el oro. El fulgor y alto precio   del metal y las piedras con que la Rosa está compuesta, significan la   luz inaccesible en la que habita el que es Luz de luz y Dios verdadero:   el olor de los perfumes que sobre ella vierte en la bendición el Sumo   Pontífice, representa en invisible esencia la gloria de la Resurrección   de Jesucristo que fue de espiritual alegría para todo el mundo, pues con   ella terminó el corrompido ambiente de las antiguas culpas y por todo   el universo se esparció el suave aroma de la divina gracia; el color   encarnado, de que en otro tiempo se teñía, representa la Pasión de   Jesucristo; las espinas ofrecen la santa enseñanza de que en las espinas   del dolor puso Jesús todas sus delicias, y recuerdan aquella corona que   ensangrentó la cabeza del Redentor. En la Rosa, por último, se figura y   simboliza la felicidad eterna».<br />
<strong>Destinatarios de la Rosa de Oro</strong><br />
Algunos de   los destinatarios de la Rosa de Oro fueron: Alfonso VII, Rey de   Castilla, por el Papa Eugenio III en 1148; Luís I de Hungría (Clemente   VI, 1348); Juana I, Reina de Nápoles (1368), Enrique VI de Inglaterra   (Eugenio IV; 1444), Emperador Federico III y su esposa la Emperatriz   Leonor, quienes fueron coronados el Lætare Sunday (1452) y recibieron la   Rosa de Oro al día siguiente de Nicolás V; Jacobo III de Escocia   (Inocencio VIII, 1486), Isabel la Católica (1500, Alejandro VI),   Alejandro Jagellón, Rey de Polonia (Julio I, 1505), Enrique VIII de   Inglaterra (Julio II, León X y Clemente VII), Isabel de Borbón (1618,   Pablo V), Nuestra Señora de Fátima (1965, Pablo VI), Nuestra Señora   Aparecida en Brasil (1967, Pablo VI y 2007, Benedicto XVI) y Nuestra   Señora de Luján (entregada personalmente por Juan Pablo II en 1982).+</p>
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		<title>A 50 años de la Gran Misión de Buenos Aires</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Aug 2010 14:31:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
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		<category><![CDATA[A 50 años de la Gran Misión de Buenos Aires]]></category>

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		<description><![CDATA[Organizado por la Vicaría Zonal Flores, cuyo vicario episcopal es monseñor Luis Alberto Fernández, con la colaboración de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, que preside el presbítero Luis Alberto Lahitou, la arquidiócesis porteña se prepara a celebrar los 50 años de la Gran Misión de Buenos Aires y del Primer Congreso Mariano Interamericano. Las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Organizado por la Vicaría Zonal Flores, cuyo vicario episcopal es monseñor Luis Alberto Fernández, con la colaboración<br />
  de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, que preside el presbítero Luis Alberto Lahitou, la arquidiócesis porteña se<br />
  prepara a celebrar los 50 años de la Gran Misión de Buenos Aires y del Primer Congreso Mariano Interamericano.</p>
<p>Las celebraciones conmemorativas se llevarán a cabo los días 27 y 29 de agosto.</p>
<p>El acto central tendrá lugar en la intersección de las avenidas Del Libertador y Sarmiento, el viernes 27 a las<br />
  10, donde se bendecirá e inaugurará el monumento recordatorio del 75º aniversario del XXXII Congreso Eucarístico<br />
  Internacional celebrado en Buenos Aires en 1934; del recordatorio de la Gran Misión de Buenos Aires y del Primer<br />
  Congreso Mariano Interamericano.</p>
<p>El acto contará con la presencia del nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini; del obispo auxiliar y vicario<br />
  general de la arquidiócesis de Buenos Aires, monseñor Joaquín Mariano Sucunza; de los obispos auxiliares de la<br />
  arquidiócesis; de autoridades del gobierno de la ciudad de Buenos Aires y de miembros de la Legislatura porteña.</p>
<p>De 11 a 13, en la parroquia Sagrada Eucaristía (avenida Santa Fe y Uriarte), habrá un acto académico en<br />
  recordación de la Gran Misión de Buenos Aires, en el que el presbítero licenciado Luis Alberto Lahitou resumirá las<br />
  actividades de la Gran Misión y del Congreso Mariano Interamericano.</p>
<p>Posteriormente se presentará un video en el que se muestra la construcción del altar monumental y el cierre del<br />
  Congreso Mariano.</p>
<p>El encuentro concluirá con las palabras de padre Jesús Matute Bartolomé, de La Rioja, España, quien fue uno de los<br />
  misioneros que vino especialmente de España para participar en la Gran Misión de Buenos Aires.</p>
<p>Finalmente, el domingo 29 de agosto, a las 10, se celebrará una misa en recuerdo de estos acontecimientos<br />
  eclesiales en la basílica nacional de Nuestra Señora de Luján, donde se bendecirá y colocará una placa que<br />
  testimoniará el 50º aniversario de la primera visita de la auténtica imagen de la Virgen de Luján a la ciudad de Buenos<br />
  Aires.</p>
<p><strong>La Gran Misión</strong><br />
  En 1960 la ciudad de Buenos Aires vivió una movilización espiritual como nunca antes se había visto. Se llamó<br />
  la “Gran Misión de Buenos Aires”, que abarcó además de la capital federal, los partidos del Gran Buenos Aires<br />
  comprendidos en las actuales diócesis de Avellaneda-Lanús, Quilmes, Lomas de Zamora, San Justo, Gregorio de<br />
Laferrere, Morón, Merlo-Moreno, San Martín y San Isidro.</p>
<p>Una meticulosa organización cubrió toda esta región con centros de misión instalados en parroquias, capillas,<br />
  centros vecinales y clubes barriales. Varios centenares de sacerdotes y numerosos obispos venidos del interior del país,<br />
  de países de Latinoamérica y de España, fueron distribuidos en esos centros de misión, muchos de los cuales con el<br />
  tiempo devinieron en nuevas parroquias.</p>
<p>Los misioneros también realizaron visitas a los enfermos en los hospitales, a los privados de libertad en las<br />
  cárceles, y a todos los que de algún modo estaban necesitando la presencia de Cristo en sus vidas.</p>
<p>La Gran Misión fue puesta bajo el maternal patrocinio de la Santísima Virgen en su advocación de Nuestra Señora<br />
  de Luján, por lo que una multitud de réplicas de su imagen fueron llevadas por los misioneros a plazas, calles, hogares,<br />
  hospitales, cárceles y escuelas religiosas. Asimismo se acuñaron miles y miles de botones con la imagen de la Virgen<br />
  de Luján teniendo como fondo la Cruz del Congreso Eucarístico Internacional, que lucieron en sus pechos miles de<br />
  argentinos hasta durante muchos años después de la Misión.</p>
<p><strong>Primer Congreso Mariano Interamericano</strong><br />
  Casi simultáneamente con esta Gran Misión, que duró en sus tres etapas de septiembre a noviembre, se realizó<br />
  en octubre de 1960 el Primer Congreso Mariano Interamericano, acontecimiento que dio lugar a una serie de grandes<br />
  celebraciones en un altar monumental levantado en el mismo lugar del Congreso Eucarístico Internacional de 1934, en<br />
el cruce de las avenidas Del Libertador y Sarmiento en la zona de los bosques de Palermo.</p>
<p>Se encomendó al arquitecto Amancio Williams la ejecución de un escenario adecuado a los fines de los actos del<br />
  Congreso y éste diseñó una pirámide que envolvía al Monumento de los Españoles, junto al cual se erigió una airosa<br />
  cruz de acero. La gigantesca pirámide, de caras triangulares se recubrió de láminas de acrílico de colores azulados y en<br />
  medio de los cuatro frentes una imagen monumental de Nuestra Señora de Luján.</p>
<p>El aspecto del conjunto, imponente por sí mismo, sin embargo fue opacado por otra presencia mucho más<br />
  significativa que el conjunto escenográfico, que la presencia de numerosos prelados venidos de las diócesis del país y<br />
  del extranjero, que la presencia del legado pontifico, y que las multitudes de sacerdotes, seminaristas, niños y fieles.</p>
<p>La estrella de esa convocatoria popular fue un simple y sencillo acontecimiento: después de 330 años, por primera<br />
  vez la imagen auténtica de la Virgen de Luján volvía a transitar las calles de la región. La que antes había recorrido las<br />
  polvorientas calles de la aldea colonial en el seno del buche de una carreta, escondida dentro de un simple embalaje de<br />
  madera, ahora reaparecía en toda su majestad en medio del pueblo que la aclamaba.</p>
<p>En una carroza autopropulsada, bajo un sencillo baldaquín dorado, cubierta de flores del pueblo que la aclamaba,<br />
  pasó por buena parte del territorio misional y fue recibida oficialmente en la plaza de Mayo.</p>
<p>La presencia de las autoridades religiosas, civiles y militares y de la feligresía marcó un nuevo hito en la historia de</p>
<p>las reuniones religiosas en Buenos Aires, pareció que nadie quiso quedarse fuera de ese encuentro con la Madre de la<br />
  Patria que venía nuevamente a la gran ciudad.</p>
<p>Mientras se desarrollaron los actos de la Misión la sagrada imagen los acompañó con su presencia y retornó a su<br />
  santuario de Luján en el mes de noviembre.</p>
<p>La Gran Misión concluyó en noviembre, mientras la Iglesia en la Argentina y en el resto del Mundo estaban<br />
  pendientes de los trabajos iniciales del Concilio Ecuménico Vaticano</p>
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		<title>La Virgen de la Paz, patrona de la Iglesia de Lomas de Zamora, será coronada</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Aug 2010 14:27:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diócesis]]></category>
		<category><![CDATA[La Virgen de la Paz]]></category>
		<category><![CDATA[patrona de la Iglesia de Lomas de Zamora]]></category>
		<category><![CDATA[será coronada]]></category>

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		<description><![CDATA[Con motivo de los 150 años de la bendición y colocación de la piedra fundamental del templo de la catedral Nuestra Señora de la Paz, el obispo Jorge Lugones coronará la imagen de la Virgen de la Paz, patrona de la Iglesia diocesana de Lomas de Zamora, en una ceremonia que se llevará a cabo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.eclesia.info/portal/images/stories/coronacionvirgen/virgen-coronada.gif" alt="" hspace="5" vspace="5" width="140" height="205" align="left" /><img src="http://www.eclesia.info/portal/images/stories/coronacionvirgen/corona.gif" alt="" hspace="5" vspace="5" width="173" height="205" align="left" />  </p>
<p>Con   motivo de los 150 años de la bendición y colocación de la piedra   fundamental del templo de la catedral Nuestra Señora de la Paz, el   obispo Jorge Lugones coronará la imagen de la Virgen de la Paz, patrona   de la Iglesia diocesana de Lomas de Zamora, en una ceremonia que se   llevará a cabo el22 de agosto desde las 15:30.  </p>
<p> Bajo el lema: “María de la Paz, Madre y Reina de una Patria para todos”, la coronación será en el templo-basílica ubicado en Sáenz 438, Lomas de Zamora,   donde se espera la presencia de autoridades políticas de los 6 partidos   que comprenden la Iglesia diocesana (San Vicente, Presidente Perón,   Almirante Brown, Ezeiza, Esteban Echeverría y Lomas), mas sacerdotes y   fieles provenientes de las 59 parroquias de la jurisdicción   eclesiástica.</p>
<p>Según   se detalla, las coronas (de la Virgen y del Niño) combinan las técnicas   de cincelado, calado, engarce y unos detalles de grabado a buril.   Tienen por motivo ramas de olivo, por ser la Virgen de Paz, y en el   frente el monograma de la Virgen y del Niño respectivamente. La corona   del Niño tiene 43 piedras y la corona de la Virgen 44. Todas ellas son   piedras sintéticas de tres colores distintos: rosa, violeta y rojo. Del   total de 87 gemas, 77 son de talla redonda, brillante y 10 de talla   oval.</p>
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		<title>Benedicto XVI: San Pío X, modelo de pastor</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Aug 2010 14:17:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vaticano]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[San Pío X]]></category>

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		<description><![CDATA[CASTEL GANDOLFO, miércoles 18 de agosto de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció hoy durante la Audiencia General celebrada en el patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, con peregrinos procedentes de todo el mundo. * * * * * ¡Queridos hermanos y hermanas! Hoy quisiera detenerme en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>CASTEL GANDOLFO, miércoles 18 de agosto de 2010 (ZENIT.org).-   Ofrecemos a continuación la catequesis que el Papa Benedicto XVI   pronunció hoy durante la Audiencia General celebrada en el patio del   Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, con peregrinos procedentes de   todo el mundo.</p>
<p>* * * * *</p>
<blockquote><p>¡Queridos hermanos y hermanas!</p>
<p>Hoy   quisiera detenerme en la figura de mi Predecesor san Pío X, cuya   memoria litúrgica se celebra el sábado próximo, subrayando algunos de   sus rasgos que pueden ser útiles también para los Pastores y los fieles   de nuestra época.</p>
<p>Giuseppe Sarto, así se llamaba, nacido en Riese   (Treviso) en 1835 de familia campesina, tras los estudios en el   Seminario de Padua fue ordenado sacerdote a los 23 años. Primero fue   vicepárroco en Tombolo, luego párroco en Salzano, después canónico de la   catedral de Treviso con el cargo de canciller episcopal y director   espiritual del Seminario diocesano. En estos años de rica y generosa   experiencia pastoral, el futuro Pontífice mostró ese profundo amor a   Cristo y a la Iglesia, esa humildad y sencillez y esa gran caridad hacia   los más necesitados, que fueron caractrísticas de toda su vida. En 1884   fue nombrado obispo de Mantua y en 1893 Patriarca de Venecia. El 4 de   agosto de 1903, fue elegido Papa, ministerio que aceptó con vacilación,   porque no se consideraba a la altura de una tarea tan elevada.</p>
<p>El   Pontificado de san Pío X ha dejado un signo indeleble en la historia de   la Iglesia, y se caracterizó por un notable esfuerzo de reforma,   sintetizada en el lema <em>Instaurare omnia in Christo</em>, “Renovar   todas las cosas en Cristo”. Sus intervenciones, de hecho, abarcaron los   diversos ámbitos eclesiales. Desde el principio se dedicó a la   reorganización de la Curia Romana; después dio luz verde a los trabajos   de la redacción del Código de Derecho Canónico, promulgado por su   sucesor Benedicto XV. Promovió, además, la revisión de los estudios y   del <em>iter</em> de formación de los futuros sacerdotes, fundando también   varios Seminarios regionales, equipados con buenas bibliotecas y   profesores preparados. Otro sector importante fue el de la formación   doctrinal del Pueblo de Dios. Desde los años en que era párroco había   redactado él mismo un catecismo, y durante el episcopado en Mantua había   trabajado para que se llegase a un catecismo único, si no universal, al   menos italiano. Como auténtico pastor, había comprendido que la   situación de la época, también por el fenómeno de la emigración, hacía   necesario un catecismo al que todo fiel pudiera referirse   independientemente del lugar y de las circunstancias de la vida. Como   Pontífice preparó un texto de doctrina cristiana para la diócesis de   Roma, que se difundió después en toda Italia y en el mundo. El Catecismo   llamado “<em>de Pío X</em>” fue para muchos una guía segura en el   aprendizaje de las verdades de la fe por su lenguaje sencillo, claro y   preciso y por su eficacia expositiva.</p>
<p>Notable   atención dedicó a la reforma de la Liturgia, en particular de la música   sacra, para llevar a los fieles a una vida de oración más profunda y a   una participación en los Sacramentos más plena. En el Motu Proprio <em>Tra le sollecitudini</em> (1903), afirma que el verdadero espíritu cristiano tiene su primera e   indispensable fuente en la participación activa en los sacrosantos   misterios y en la oración pública y solemne de la Iglesia (cfr ASS   36[1903], 531). Por esto recomendó acercarse a menudo a los Sacramentos,   favoreciendo la frecuencia cotidiana a la Santa Comunión, bien   preparados, y anticipando oportunamente la Primera Comunión de los niños   hacia los siete años de edad, “c<em>uando el niño comienza a razonar</em>”: dice así. (cfr S. <em>Congr. de Sacramentis, Decretum Quam singulari </em>: AAS 2[1910], 582).</p>
<p>Fiel   a la tarea de confirmar a los hermanos en la fe, san Pío X, frente a   algunas tendencias que se manifestaron en el ámbito teológico a finales   del siglo XIX y a principios del XX, intervino con decisión, condenando   el <em>Modernismo</em>, para defender a los fieles de las concepciones   erróneas y promover una profundización científica de la Revelación en   consonancia con la Tradición de la Iglesia. El 7 de mayo de 1909, con la   Carta apostólica <em>Vinea electa</em>, fundó el Pontificio Instituto   Bíblico. Los últimos meses de su vida fueron amargados por el estallido   de la guerra. El llamamiento a los católicos del mundo, lanzado el 2 de   agosto de 1914 para expresar “el acerbo dolor” de aquella hora, era el   grito sufriente del padre que ve a los hijos enfrentarse uno contra el   otro. Murió poco después, el 20 de agosto, y su fama de santidad empezó a   difundirse pronto entre en pueblo cristiano.</p>
<p>Queridos hermanos y   hermanas, san Pío X nos enseña a todos que en la base de nuestra acción   apostólica, en los diversos campos en que trabajamos, debe haber   siempre una íntima unión personal con Cristo, que hay que cultivar y   acrecentar día tras día. Éste es el núcleo de toda su enseñanza, de todo   su compromiso pastoral. Sólo si estamos enamorados del Señor, seremos   capaces de llevar a los hombres a Dios y abrirles a Su amor   misericordioso, y abrir así el mundo a la misericordia de Dios.</p>
<p><em>[En español dijo]</em></p>
<p>Saludo   a los grupos de lengua española, en particular a los peregrinos de la   Diócesis de Orihuela-Alicante, de Las Palmas de Gran Canaria, de   Rosario, en Argentina, y de otros países latinoamericanos. Os aliento a   poner vuestros ojos en el Papa san Pío Décimo. Acogiendo sus enseñanzas,   cultivad intensamente la amistad con Cristo y sed testigos de su amor.   Que Dios os bendiga.</p>
<p><em>[Llamamiento final]</em></p>
<p>Mi   pensamiento va en este momento a las queridas poblaciones de Paquistán,   afectadas recientemente por una gran inundación, que ha provocado   numerosísimas víctimas y ha dejado a muchas familias sin casa.</p>
<p>Mientras   confío a la bondad misericordiosa de Dios a cuantos han desapaecido   trágicamente, expreso mi cercanía espiritual a sus familiares y a todos   aquellos que sufren a causa de esta calamidad. Que no falte a estos   hermanos nuestros, tan duramente probados, nuestra solidaridad y la   ayuda concreta de la solidaridad internacional.</p>
<p><em>[Traducción del original italiano por Inma Álvarez</em></p>
<p><em>©</em><em>Libreria Editrice Vaticana]</em></p></blockquote>
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		<title>Domingo de la Semana 21ª del Tiempo Ordinario. Ciclo C</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Aug 2010 23:19:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[«Hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos» Lectura del libro del profeta Isaías 66, 18-21 «Yo vengo a reunir a todas las naciones y lenguas; vendrán y verán mi gloria. Pondré en ellos señal y enviaré de ellos algunos escapados a las naciones: a Tarsis, Put y Lud, Mések, Ros, Túbal, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em>«Hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán  últimos» </em></p>
<p><strong>Lectura  del libro del profeta Isaías 66, 18-21</strong></p>
<p>«Yo vengo a reunir a todas las naciones y  lenguas; vendrán y verán mi gloria. Pondré en ellos señal y enviaré de ellos  algunos escapados a las naciones: a Tarsis, Put y Lud, Mések, Ros, Túbal,  Yaván; a las islas remotas que no oyeron mi fama ni vieron mi gloria. Ellos  anunciarán mi gloria a las naciones. Y traerán a todos vuestros hermanos de  todas las naciones como oblación a Yahveh &#8211; en caballos, carros, literas, mulos  y dromedarios &#8211; a mi monte santo de Jerusalén &#8211; dice Yahveh &#8211; como traen los  hijos de Israel la oblación en recipiente limpio a la Casa de Yahveh. Y también  de entre ellos tomaré para sacerdotes y levitas &#8211; dice Yahveh.»</p>
<p><strong>Lectura  de la carta a los Hebreos 12, 5-7.11-13</strong></p>
<p>«Habéis echado en olvido la exhortación que  como a hijos se os dirige: Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor;  ni te desanimes al ser reprendido por él. Pues a quien ama el Señor, le  corrige; y azota a todos los hijos que acoge. Sufrís para  corrección vuestra. Como a hijos os trata  Dios, y ¿qué hijo hay a quien su padre no corrige? Cierto que ninguna corrección  es de momento agradable, sino penosa; pero luego produce fruto apacible de  justicia a los ejercitados en ella. Por tanto, levantad las manos caídas y las  rodillas entumecidas  y enderezad para  vuestros pies los caminos tortuosos, para que el cojo no se descoyunte, sino  que más bien se cure.»</p>
<p><strong>Lectura  del Santo Evangelio según San Lucas 13, 22-30</strong></p>
<p>«Atravesaba ciudades y  pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: &#8220;Señor,  ¿son pocos los que se salvan?&#8221; El les dijo: &#8220;Luchad por entrar por la  puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán.  &#8220;Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los  que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: &#8220;¡Señor, ábrenos!&#8221; Y  os responderá: &#8220;No sé de dónde sois.&#8221; Entonces empezaréis a decir:  &#8220;Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas&#8221;; y  os volverá a decir: &#8220;No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los  agentes de injusticia!&#8221; &#8220;Allí será el llanto y el rechinar de  dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el  Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y  occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios.  &#8220;Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos&#8221;.»</p>
<p><strong>Pautas para la reflexión personal </strong></p>
<p><strong>El vínculo entre las lecturas</strong></p>
<p>Los textos litúrgicos se mueven entre dos  polos: uno, la llamada universal a la salvación; el otro, el esforzado empeño  desde la libertad y cooperación del hombre. El libro de Isaías (Primera Lectura)  termina hablando del designio salvador de Yahveh a todos los pueblos y a todas  las lenguas.</p>
<p>El Evangelio, por su parte, nos indica que la  puerta para entrar en el Reino es estrecha y que sólo los esforzados entrarán  por ella. En este esfuerzo de nuestra libertad nos acompaña el Señor, con su  pedagogía paterna que no está exenta de corrección, aunque no sea ésta la única  forma de pedagogía divina ya que el corrige a los que realmente ama (Segunda  Lectura).</p>
<p><strong>«</strong><strong>Yo vengo a reunir a  todas las naciones y lenguas»</strong></p>
<p>El interlocutor anónimo que pregunta a Jesús sobre  el número de los que se salvarán, está refiriéndose a una cuestión habitual en  las escuelas rabínicas y frecuentemente repetida en todos los tiempos. Todos  los rabinos en la época de Jesús estaban de acuerdo en afirmar que la salvación  era monopolio de los judíos; pero según algunos, no todos los que pertenecían  al pueblo elegido se salvarían. Justamente el mensaje de la lectura evangélica,  más que el número de los salvados e incluso que la dificultad misma para  salvarse, como podría sugerir la imagen de «la puerta estrecha»; es la oferta  universal de salvación de parte de Dios donde <em>«</em><em>vendrán de oriente y  occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios».</em></p>
<p>Se verifica así en plenitud la  visión de la Primera   Lectura tomada del libro del profeta Isaías. En un  cuadro  grandioso se describe la  universalidad de la salvación de Dios a partir de Jerusalén, que se convierte  simultáneamente en foco de irradiación misionera y de atracción cultual para  todas las naciones. En ninguna parte del Antiguo Testamento se yuxtaponen con  tal relieve el universalismo de la salvación de Dios y el particularismo judío.  El texto nos hace recordar aquel pasaje que dice el Señor: <em>«Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos» </em>(Is  56,7 citado en Mt 11,17)<em>. </em></p>
<p><strong>«¿Son pocos los que se salvan?»</strong></p>
<p>El Evangelio de este Domingo nos dice cómo Jesús iba  caminando rumbo a Jerusalén, atravesando ciudades y pueblos, e iba enseñando.  Podemos imaginar a Jesús proclamando la palabra de Dios como los antiguos  profetas de Israel. Donde llega­ba, seguramente reunía al pueblo en la plaza y  les enseñaba. Su enseñanza era nueva y asombrosa. Jamás al­guien había enseñado  así. En efecto, los maestros de Israel enseñaban diciendo: <em>«Moisés en la ley dijo&#8230;»</em> o <em>«La  ley dice&#8230;».</em> Jesús, en cambio, enseña diciendo: <em>«Yo os digo».</em> Inclu­so presentaba su enseñan­za de una manera que  podía parecer impía a los oídos judíos: <em>«Habéis  oído que se dijo: &#8216;No matarás&#8217;; mas yo os digo&#8230;» (Mt 5,21s)</em>. No es que  Jesús deroga­ra el mandamiento de Dios; pero Él con su auto­ridad es una nueva  instancia de volun­tad divina; da al mandamiento una mayor profundización. Por  eso cuando Jesús terminaba de ense­ñar, <em>«la  gente se quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene  autoridad, y no como sus escribas» (Mt 7,28-29).</em></p>
<p>No es raro, entonces que la gente aprovechara la  sabi­duría de Jesús para resolver dudas acerca de cuestio­nes fundamentales  sobre la existencia humana. Es así que en uno de esos pueblos, uno se le acercó  corriendo y le preguntó: <em>«Maestro bueno,  ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eter­na?» (Lc 18,18).</em> O,  como refiere el Evangelio de hoy: <em>«Señor,  ¿son pocos los que se salvan?»</em> Si alguien hiciera esta pre­gunta a otra  persona, sería objeto de burla. ¿Quién puede responder eso? Lo notable en este  caso es que el que pregunta está convencido de que Jesús sabe la respuesta. Podemos  calcu­lar la expectativa de todos los presen­tes que estaban pendientes de los  labios de Jesús.</p>
<p>Ahora bien, ¿qué fue  lo que enseñó Jesús para motivar semejante pregunta? Y ¿por qué está formulada  en esa forma? Jesús tiene que haber dicho algo que llevara a concluir que los  que se salvan son pocos. Pudo haber dicho, por ejemplo: <em>«</em><em>Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por  mí, ése la salvará» </em>(Lc 9,24).Seguramente entre los oyentes había  pocos que estuvieran dispuestos a perder la vida por Jesús. O bien, pudo haber  dicho: <em>«Seréis odiados de todos por causa  de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará» </em>(Mt  10,22; 24,13). Tampoco habría muchos que aceptaran ser odiados de todos por  causa de Jesús. En otra ocasión, ante las palabras de Jesús, los oyentes concluyeron,  no sólo que serían pocos los que se salvarían, sino que nadie podría salvarse: <em>«Entonces, ¿quién podrá salvarse?» </em>(Lc  18,26).</p>
<p><strong>La respuesta del Maestro&#8230; </strong></p>
<p>Algo que no podemos dejar de recordar es que a  ningún maestro de este tierra se le podría hacer semejante pregunta ya nadie  sería capaz de aventurarse a dar una res­puesta. Por eso, la respuesta que  Jesús da merece toda nuestra aten­ción. Antes de examinarla aclaremos qué se  entiende por «salva­ción». Es claro que aquí se entiende por salvación aquel estado  de felicidad definitiva y eterna que se tiene después de la muerte y que  consiste en el conocimiento y el amor de Dios. El nombre «salvación» es exac­to,  porque el estado en que se encuentran los hombres al venir a este mundo es de  pecado, es decir, de privación del amor de Dios. Todos nece­sitamos ser  salvados. Pero, ¿son pocos o muchos los que se salvan?</p>
<p>El que pregunta ciertamente tiene la convicción, al  menos, de que no todos se salvan. La duda se refiere a la propor­ción entre los  que se salvan y los que se pierden, y él parece tener la idea de que son menos  los que se salvan. Por eso formula la pre­gunta de esa manera. Lo más grave es  que la respues­ta de Jesús le da la razón: <em>«Luchad  por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y  no podrán».</em> ¡Muchos no podrán entrar! En la respuesta de Jesús se percibe  que para los oyen­tes es claro que en las ciudades hay una puerta ancha por  donde entran los carros y camellos cargados, y otra estre­cha, por donde entran  los peatones, uno por uno y sin carga. Es por aquí por donde hay que entrar, es  decir, todo lo que tengamos de superfluo estorba para entrar a la vida eter­na.  Tal vez la forma completa de la respuesta de Jesús es la que reproduce Mateo: <em>«Entrad por la puerta estrecha; porque ancha  es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los  que entran por ella; mas ¡qué estrecha es la puerta y que angosto el camino que  lleva a la Vida!; y pocos son los que lo en­cuen­tran» </em>(Mt 7,13-14).</p>
<p>Si la carga es tanta y no cabe por la puerta estre­cha,  mientras se pugna por hacer entrar todo sin decidirse a despo­jarse, <em>«el dueño de casa se levanta­rá y cerrará la  puer­ta».</em> ¡Cerrará incluso la puerta estrecha! El Señor continúa con esta  parábola: <em>«Los que hayáis quedado fuera  os pondréis a llamar a la puerta, diciendo: &#8216;¡Señor, ábrenos!&#8217; Y os responderá:  &#8216;No sé de dónde sois&#8217;»</em> Los de fuera recibi­rán esta sen­tencia: <em>«¡Retir­aos de mí, todos los agentes de  injus­ti­cia!».</em> La situación de los que queden fuera es así descri­ta: <em>«Allí será el llanto y el rechinar de  dientes»</em>. Cuando se cierre la puerta, los que hayan quedado fuera no podrán  argüir excusas ni presentar recomendacio­nes. Jesús da, como ejemplo, una  recomendación particular que no val­drá y que se dirige a los que están allí  escu­chando su enseñan­za. En ese día no podrán decir: <em>«Has enseñado en nuestras pla­zas&#8230; somos tu pueblo. ¡Ábrenos!». </em>A  éstos advierte que la salvación no está restrin­gida a Israel sino a todos los  pueblos de la tierra.</p>
<p><strong>«Luchad por entrar&#8230;» </strong></p>
<p>El término en griego de <em>«luchad»</em> (agonizesthe, de agonizomai) es una fuerte exhortación a  luchar, a trabajar fervientemente, hacer el máximo esfuerzo por conquistar un  bien que, aunque posible, es difícil y arduo de alcanzar. Se trata de un  esfuerzo con celo persistente, enérgico, acérrimo y tenaz, sin doblegarse ante  las dificultades que se presentan en la lucha. Implica  también un entrar en competencia, luchar contra adversarios. El término lo  utiliza San Pablo en  su carta a Timoteo: <em>«Combate (agonizou)  el buen combate de la fe» </em>(1Tim 6,12)<em>.</em> Pablo lo alienta a no desistir en el combate excelente de la fe, a esforzarse  sin desmayo en una lucha que, porque perfecciona al hombre y porque lo orienta  hacia la plenitud de la vida eterna, es hermosa y preciosa. Pablo resalta que  es necesario, por parte de quien ha recibido el don de la fe, el esfuerzo  sostenido en esa lucha: mediante la decidida cooperación con el don y la gracia  recibidos, se conquista la vida eterna. Y dado que no es fácil acceder a ella,  el esfuerzo ha de ser análogo al que realiza un luchador en vistas a conquistar  la victoria.</p>
<p>Para pasar por «la puerta estrecha» hay que  trabajar esforzadamente, hay que luchar el buen combate de la fe, hay que obrar  de acuerdo a la justicia y santidad, de acuerdo a la caridad y a la  solidaridad: ¡hay que <em>obrar bien</em>, y ello demanda al cristiano, en un mundo que prefiere  la puerta amplia y el camino fácil, un continuo <em>esfuerzo por la santidad</em>!</p>
<p><strong>Una  palabra del Santo Padre: </strong></p>
<p><em>«Él (el  Señor Jesús),  en efecto, enseñó que para entrar en el reino del cielo no basta decir Señor,  Señor sino que precisa cumplir la voluntad del Padre celestial. Él habló de la  puerta estrecha y de la vía angosta que conduce a la vida y añadió: Esforzaos  en entrar por la puerta estrecha, porque yo os digo que muchos intentarán  entrar y no lo lograrán. Él puso como piedra de toque y señal distintiva el  amor hacia Sí mismo, Cristo, la observancia de los mandamientos. Por ello, al  joven rico, que le pregunta, le responde: Si quieres entrar en la vida, guarda  los mandamientos; y a la nueva pregunta ¿Cuáles?, le responde: No matarás, no  cometerás adulterio, no robarás, no dirás falsos testimonios, honra a tu padre  y a tu madre y ama a tu prójimo como a ti mismo. </em></p>
<p><em>A quien  quiere imitarle le pone como condición que renuncie a sí mismo y tome la cruz  cada día. Exige que el hombre esté dispuesto a dejar por Él y por su causa todo  cuanto de más querido tenga, como el padre, la madre, los propios hijos, y  hasta el último bien -la propia vida -. Pues añade Él: A vosotros, mis amigos,  yo os digo: No temáis a los que matan el cuerpo y luego ya nada más pueden  hacer. Yo os diré a quien habéis de temer: Temed al que una vez quitada la  vida, tiene poder para echar al infierno. Así hablaba Jesucristo, el divino  Pedagogo, que sabe ciertamente mejor que los hombres penetrar en las almas y  atraerlas a su amor con las perfecciones infinitas de su Corazón, lleno de amor  y de bondad». </em></p>
<p><em>Pío  XII, Radiomensaje sobre la conciencia y la  moral. 23 de marzo de 1952. </em></p>
<p><strong>Vivamos nuestro Domingo a lo largo de la  semana</strong></p>
<p><em>1.  Hagamos un examen y veamos cuáles son las cargas que me impiden entrar por la  puerta estrecha. </em></p>
<p><em>2.  Leamos el pasaje de Hb 12,5-7.11-13 ¿Cuántas veces me resulta difícil entender  la pedagogía de Dios? </em></p>
<p><em>3.  Leamos en el Catecismo de la Iglesia Católica los numerales: 2012 &#8211; 2016 </em></p>
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		<title>Por amor, Dios pone al alcance de todos la eternidad, dice el Papa Benedicto XVI</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Aug 2010 19:06:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vaticano]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[VATICANO, 15 Ago. 10 / 08:22 am (ACI) Al presidir esta mañana la Eucaristía en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María en la iglesia parroquial de Santo Tomás de Villanueva en Castel Gandolfo, el Papa Benedicto XVI alentó a trabajar cotidianamente para que el mundo sea de Dios, quien con la Resurrección [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.aciprensa.com/imagespp/ppbxvi130810a.jpg" alt="" hspace="5" vspace="5" width="250" height="198" align="left" /></p>
<p>VATICANO, 15 Ago. 10 / 08:22 am (<a href="http://www.aciprensa.com/" target="_self"><strong>ACI</strong></a>) Al presidir esta mañana la <a href="http://www.aciprensa.com/Eucaristia/index.html">Eucaristía</a> en la Solemnidad de la Asunción de la <a href="http://www.aciprensa.com/Maria/index.html">Virgen María</a> en la <a href="http://www.aciprensa.com/iglesia/index.html">iglesia</a> parroquial de Santo Tomás de Villanueva en Castel Gandolfo, el <a href="http://www.aciprensa.com/benedictoxvi/index.html">Papa Benedicto XVI</a> alentó a trabajar cotidianamente para que el mundo sea de Dios, quien con la <a href="http://www.aciprensa.com/Semanasanta/resurreccion.htm">Resurrección</a> de Cristo pone al <strong>alcance de todos la posibilidad y el don de llegar a la eternidad</strong>.</p>
<p>Al iniciar su homilía el Santo Padre, señala Radio Vaticano, recordó   que &#8220;hoy la Iglesia celebra una de las fiestas más importantes del año   litúrgico dedicadas a María Santísima: la Asunción. Al término de su <a href="http://www.aciprensa.com/vida">vida</a> terrena, María fue llevada con alma y cuerpo al <a href="http://www.aciprensa.com/Docum/cat-cielo.htm">Cielo</a>, es decir a la <strong>gloria de la vida eterna, en la plena y perfecta comunión con Dios</strong>&#8220;.</p>
<p>Tras señalar que en este 2010 la Iglesia celebra además los <strong>60 años del dogma</strong> establecido por el venerable Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950,   sobre la Asunción de la Virgen, en la constitución apostólica   Munificentissimus Deus, <a href="http://www.aciprensa.com/benedictoxvi/index.html">Benedicto XVI</a> explicó que con él &#8220;creemos que María, como Cristo su Hijo, ya ha   vencido la muerte y triunfa en la gloria celeste en la totalidad de su   ser, ‘con alma y cuerpo’&#8221;.</p>
<p>San Pablo, dijo luego, ayuda a comprender este misterio a partir del <strong>hecho central de la historia humana: la resurrección de Cristo</strong>, de la que se es partícipe a través del Bautismo.</p>
<p>Tras explicar que la victoria sobre la muerte tiene también su raíz   en la fe de María, &#8220;que es obediencia a la Palabra de Dios y abandono   total a la iniciativa y a la acción divina, según cuanto le anuncia el   Arcángel&#8221;, el Papa Benedicto precisó que &#8220;hoy no nos limitamos a admirar   a María en su destino glorioso, como a una persona muy lejana a   nosotros&#8221;.</p>
<p>&#8220;¡No! –exclamó– Estamos llamados al mismo tiempo a ver cuanto el   Señor, en su amor, ha querido también para nosotros, para nuestro   destino final: <strong>vivir a través de la fe en la comunión perfecta de amor con Él y así vivir verdaderamente para siempre</strong>&#8220;.</p>
<p>Luego explicó que la el cielo no se refiere a un lugar físico sino a   algo mucho más grande y difícil de definir con los limitados conceptos   humanos: &#8220;Con este término ‘cielo’ queremos afirmar que Dios –el Dios   que se hizo cercano a nosotros– no nos abandona ni siquiera en la muerte   o más allá de ella, sino que tiene un lugar para nosotros y nos da la   eternidad, que <strong>en Dios hay un lugar para nosotros</strong>&#8220;.</p>
<p>&#8220;Para comprender un poco esta realidad miremos nuestra misma vida:   todos experimentamos que una persona, cuando está muerta, sigue   subsistiendo de alguna manera en la memoria y en el corazón de quienes   la han conocido y amado. Podríamos decir que en ellos sigue viviendo una   parte de esta persona, pero es como una ‘sombra’, porque también esta   supervivencia en el corazón de los propios seres queridos está destinada   a terminar. <strong>Dios, en cambio, no pasa jamás y todos existimos en virtud de su amor eterno</strong>;   existimos porque Él nos ama, porque él nos ha pensado y nos ha llamado a   la vida. Existimos en los pensamientos y en el amor de Dios. Existimos   en toda nuestra realidad, no sólo en nuestra ‘sombra’&#8221;.</p>
<p>&#8220;Nuestra serenidad, nuestra esperanza, nuestra paz se fundan   precisamente en esto: en Dios, Él en su pensamiento y en su amor, no   sobrevive sólo una ‘sombra’ de nosotros mismos, sino en Él, en su amor   creador, nosotros somos custodiados e introducidos con toda nuestra   vida, con todo nuestro ser en la eternidad&#8221;, añadió.</p>
<p>&#8220;Es el <strong>amor de Dios el que vence la muerte y nos da la eternidad, y a este amor lo llamamos cielo</strong>: Dios es tan grande que tiene un lugar también para nosotros&#8221;, precisó Benedicto XVI.</p>
<p>&#8220;Esto quiere decir que de cada uno de nosotros no seguirá existiendo   sólo una parte que nos es, por decirlo de alguna manera, arrancada,   mientras otras se arruinan; quiere decir más bien que <strong>Dios conoce y ama a todo el hombre, lo que nosotros somos</strong>.   Y Dios acoge en su eternidad lo que ahora, en nuestra vida, hecha de   sufrimiento y amor; de esperanza, de alegría y de tristeza, crece y   llega a ser. Todo el hombre, toda su vida es tomada por Dios y en Él   purificada, y recibe la eternidad. Queridos amigos, yo pienso que ésta   es una verdad que nos debe colmar de alegría profunda&#8221;.</p>
<p>El Cristianismo, prosiguió el Papa, &#8220;no anuncia sólo algún tipo de   salvación del alma en un impreciso más allá, en el que todo lo que en   este mundo ha sido para nosotros precioso y querido sería borrado con un   golpe de esponja, sino que <strong>promete la vida eterna</strong>, ‘la vida del mundo que vendrá’: nada de lo que nos es precioso y querido se arruinará, sino que encontrará plenitud en Dios&#8221;.</p>
<p>Tras alentar a trabajar por &#8220;un mundo de Dios&#8221;, Benedicto XVI alentó a   rezar al Señor para que &#8220;nos haga comprender cuán preciosa es toda   nuestra vida ante sus ojos; refuerce nuestra fe en la vida eterna; nos   haga hombres de esperanza, que <strong>trabajan para construir un mundo abierto a Dios, hombres llenos de alegría</strong>, que saben vislumbrar la belleza del mundo futuro en medio de los afanes de la vida cotidiana y que en esta certeza viven&#8221;.</p>
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		<title>La Asunción de la Virgen María</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Aug 2010 19:03:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matoga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Catequesis]]></category>
		<category><![CDATA[La Asunción de la Virgen María]]></category>

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		<description><![CDATA[Es un dogma de fe que María Santísima fue llevada al cielo en cuerpo y alma, Acontecimiento que celebramos el 15 de agosto Explicación de la fiesta La Asunción es un mensaje de esperanza que nos hace pensar en la dicha de alcanzar el Cielo, la gloria de Dios y en la alegría de tener [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es   un dogma de fe que María Santísima fue llevada al cielo en cuerpo y   alma, Acontecimiento que celebramos el 15 de agosto</p>
<p><strong>Explicación de la fiesta</strong></p>
<p>La   Asunción es un mensaje de esperanza que nos hace pensar en la dicha de   alcanzar el Cielo, la gloria de Dios y en la alegría de tener una madre   que ha alcanzado la meta a la que nosotros caminamos.<br />
Este día,   recordamos que María es una obra maravillosa de Dios. Concebida sin   pecado original, el cuerpo de María estuvo siempre libre de pecado. Era   totalmente pura. Su alma nunca se  corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un   templo santo e inmaculado.<br />
También, tenemos presente a Cristo   por todas las gracias que derramó sobre su Madre María y cómo ella supo   responder a éstas. Ella alcanzó la Gloria de Dios por la vivencia de las   virtudes. Se coronó con estas virtudes.</p>
<p>La maternidad divina de   María fue el  mayor milagro y la fuente de su grandeza, pero Dios no   coronó a María por su sola la maternidad, sino por sus virtudes: su   caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre, su   perfecto homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento.<br />
María cumplió perfectamente con la voluntad de Dios en su vida y eso es lo que la llevó a llegar a la gloria de Dios.<br />
En la Tierra todos queremos llegar a Dios y en esto trabajamos todos los días. Esta es nuestra esperanza. María ya ha  alcanzado esto. Lo que ella ha alcanzado nos anima a nosotros. Lo que ella posee nos sirve de esperanza.<br />
María tuvo una enorme confianza en Dios y su corazón lo tenía lleno de Dios.<br />
Ella es nuestra Madre del Cielo y está dispuesta a ayudarnos en todo lo que le pidamos.</p>
<p><strong>Un poco de historia</strong></p>
<p>El Papa Pío XII definió como dogma de fe la Asunción de María al Cielo en cuerpo y alma el 1 de noviembre de 1950.</p>
<p>La   fiesta de la Asunción es “la fiesta de María”, la más solemne de las   fiestas que la Iglesia celebra en su honor. Este día festejamos todos   los misterios de su vida.</p>
<p>Es la celebración de su grandeza, de todos sus privilegios y virtudes, que también se celebran por separado en otras fechas.</p>
<p>Este   día tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó sobre   su Madre, María. ¡Qué  bien supo Ella corresponder a éstas! Por eso, por su vivencia de las   virtudes, Ella alcanzó la gloria de Dios: se coronó por estas virtudes.</p>
<p>María   es una obra maravillosa de Dios: mujer sencilla y humilde, concebida   sin pecado original y, por tanto, creatura purísima. Su alma nunca se   corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un   templo santo e inmaculado de Dios.</p>
<p>En la Tierra todos queremos   llegar a Dios y por este fin trabajamos todos los días, ya que ésa es   nuestra esperanza. María ya lo ha alcanzado. Lo que ella ya posee nos   anima a nosotros a alcanzarlo también.<br />
María tuvo una enorme   confianza en Dios, su corazón lo tenía lleno de Dios. Vivió  con una   inmensa paz porque vivía en Dios, porque cumplió a la perfección con la   voluntad de Dios durante toda su vida. Y esto es lo que la llevó a gozar   en la gloria de  Dios. Desde su Asunción al Cielo, Ella es nuestra Madre del Cielo.<br />
<strong>Sugerencias para vivir la fiesta:</strong></p>
<ul>
<li> Tener una imagen de la Virgen María en el momento de la Asunción y   poner junto de ésta un florero para repartir una flor con un letrero de   una virtud propia de la Virgen para que cada uno medite en esta virtud y   deposite la flor.</li>
<li> Coronar a la virgen María poniéndole una corona y explicando al mismo tiempo por que llegó al Cielo en cuerpo y alma.</li>
<li> Llevar y ofrecer flores a la Virgen.<br />
Rezar el Rosario en familia con mucha devoción.</li>
<li> Cantar la canción a la Virgen María <a href="http://es.catholic.net/celebraciones/120/302/articulo.php?id=6812" target="_blank'">“¿Quién será esa mujer?” </a></li>
</ul>
<p>Sigue consultando sobre la <a href="http://es.catholic.net/celebraciones/120/302/articulo.php?id=552" target="_blank">Asunción de la Virgen María</a></p>
<p><strong>NOTA:</strong></p>
<p>Con   ocasión de la celebración de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen   María en la Biblioteca Electrónica Cristiana -BEC-  de Ve multimedios   han preparado un <a href="http://es.catholic.net/ligas/ligasframe.phtml?liga=http://www.multimedios.org/especiales/asuncion/" target="_blank"> Especial de la Asunción de Santa María.</a></p>
<p>Escucha El Dogma de la Asunción de María por Mauricio I. Pérez en su sitio Semillas para la Vida<a href="http://semillas.podomatic.com/entry/2007-08-15T17_14_02-07_00" target="_blank"> aquí</a></p>
<p><em>Autor: Teresa Fernández | Fuente: Catholic.net</em></p>
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